V Domingo de Adviento

Para que la palabra de Dios sea eficaz se hace necesario, del conocimiento intelectual, bajarlo al corazón y después de la vivencia personalizada, el testimonio a los demás. En la presencia de María, la que sirve con prontitud y amor, se recibirá la gracia para aplicar en la vida personal, familiar y comunidad parroquial las enseñanzas  que dejan los textos sagrados.


V Domingo de Adviento

Domingo 27 de 2015

Primera Lectura

Eclesiástico 3;2-7, 12-14 Pues el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre: como a su Señor sirve a los que le engendraron. Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le
desprecies en la plenitud de tu vigor. Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados.

Reflexión

En familia se ha vivido la experiencia de la navidad. Alrededor del pesebre, en la cuna del recién nacido, se ha compartido la natilla, los buñuelos, la cena, se han intercambiado los regalos, valor tradicional que no se debe dejar perder por ningún motivo, ya que éste se convierte en unidad familiar, sanando las heridas dejadas por las incomprensiones o debilidades de parte de alguno de los miembros, pero que por ser familia, de llevar la misma sangre hay capacidad de perdón y olvido, continuando las buenas relaciones, como la familia y Dios lo quieren. Y es precisamente en este tiempo de la epifanía cuando la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia, brindando en su palabra elementos claros para consolidar la unión familiar y así terminar y comenzar un año nuevo. Reflexiona, lectura por lectura, que de seguro se tendrán elementos necesarios y fundamentales para hacer de ella, de la familia “Iglesia Doméstica”.


Salmo Responsorial – Salmo 128;1-5

Canción de las subidas. Dichosos todos los que temen a Yahveh, los que van por sus caminos. Del trabajo de tus manos comerás, ¡dichoso tú, que todo te irá bien! Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa. Así será bendito el hombre que teme a Yahveh. ¡Bendígate Yahveh desde Sión, que veas en ventura a Jerusalén todos los días de tu vida.

Reflexión

EL HOMBRE QUE TEME AL SEÑOR, SERÁ BENDECIDO. Salmo 128:1-5. El salmo 128 habla de tres bendiciones que recibe el hombre que teme al Señor: 1. Le irá bien en el trabajo. 2. La Esposa será fecunda. 3. Los hijos estarán alrededor de la misa. Sin hacer alusión al machismo, porque la mujer y el hombre son iguales ante Dios y debe serlo ante la sociedad y la familia, pero sí se debe entender que hay responsabilidades que deben ser compartidas, como es el caso de enseñarles a los hijos el temor a Dios, no el temor de juez, sino el temor de pecar, de alejar de Dios, temor de verse privado de la salvación. La familia que ama a Dios, que ora, será dichosa, vivirá unida y será modelo, a ejemplo de la familia de Nazaret. La invitación a cada padre, madre e hijo es a que cada uno, unido al amor de Jesucristo, haga de la familia la comunidad más perfecta.


Segunda Lectura

Colosenses 3;12-21

Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos, himnos y cánticos inspirados, y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre. Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados.

Reflexión

LA ENTREGA, EL AMOR Y EL PERDÓN, SON LA BASE DE UNA FAMILIA FELIZ. Colosenses 3:12-21. Una de las lecturas más profundas del apóstol Pablo, para hablar de la familia, es la de Colosenses 3:12-21. Esta lectura propicia elementos fundamentales, para hacer de la familia la “Iglesia Doméstica”. Para Pablo, los miembros de la familia deben revestirse de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, con capacidad de soportarse, perdonarse y sobre todo de amarse. Estos elementos para el apóstol son indispensables y necesarios en la familia, para poder compartir la palabra, para corregirse y ayudarse, para orar, agradecer y  bendecir a Dios, de tal forma que todo lo que se haga en familia sea para gloria del Señor. Por otra parte, el apóstol Pablo, deja unos consejos para la unidad de pareja y familia: A los maridos les pide: “Amad a vuestras mujeres, y no seáis áspero con ellas”. A los hijos les dice: “Obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor”. A Los padres los invita: No exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados”.
Al celebrar tan importante fiesta, es bueno que cada familia, cada uno de los integrantes, en medio de la oración, reconozca sus fallas, pero al mismo tiempo hacer el compromiso de cambiar y para ello, ha de pedir al señor, te ayude bendiga su familia, ya que ella es el tesoro más grande de tu vida.


Evangelio – Lucas 2;22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

Reflexión

EL TEMPLO, UN LUGAR PRIVILEGIADO PARA EL ENCUENTRO CON DIOS. Lucas 2:22-40. Lucas coloca al templo, lugar privilegiado para la presentación del hijo de Dios; no fue en la casa, símbolo de referencia para su tiempo y los tiempos venideros. En el tempo, de manera especial está el Señor y es allí donde los padres de familia deben acudir con respeto y amor para la celebración de la Eucaristía los domingos, para el bautismo, primera comunión y matrimonio de sus hijos.
La reflexión de cada uno de los personajes deja al lector mensajes claros de cómo se debe vivir la espiritualidad y el compromiso de estado, sea sacerdote, laico, vida (o) casadas, padres o hijos. La reflexión de los textos bíblicos, en la fiesta de la sagrada familia, ha de llevar al compromiso y cambio, entendiendo que tanto en la casa como en el templo son lugares prioritarios para la oración. En casa se reza el rosario, en mesa redonda se lee la palabra de Dios para crecer espiritualmente, además se reúnen en la mesa del comedor para dialogar, compartir triunfos y fracasos, para ayudarse mutuamente. En el templo van todos juntos a dar gracias a Dios, a celebrar la Eucaristía y a compartir en comunidad eclesial el misterio de la salvación.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*