La Familia, una buena noticia para la vida de nuestros pueblos

La Familia vive en un contexto de profundos cambios de alcance global (globalización). Uno de los factores determinantes de esta acelerada transformación social y cultural es el avance científico y técnico que por sus enormes posibilidades de entretenimiento y desmedido desbordamiento ha hecho que se pierda el espacio familiar.
Es entonces cuando aparece la “crisis de sentido” que no es otra cosa que la falta de Dios; como se experimentan nuevas cosas, la tradición cultural y religiosa ya no llega a nuevas generaciones. Los medios de comunicación social dedican gran parte de su tiempo y dinero a divertir a la sociedad, lo que no aporta a la gente una respuesta adecuada a sus profundas búsquedas, pues al contrario, acrecienta su ansiedad por no encontrar allí el auténtico sentido de la vida. No solo invade el ámbito familiar, sino que también interrumpe la transmisión de la fe y los valores. En la época en que vivimos hoy se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios. Surge con gran fuerza el individualismo que impulsa el que seamos indiferentes hacia los otros, seres humanos de los que no se necesita y de los que no se sienten responsables. Se prefiere vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos personales, familiares y se convierten en objetos de consumo y las relaciones afectivas sin compromiso responsable y definitivo.
Pero no solo se trata de un debilitamiento de las relaciones sino también de su degradación. La identidad del hombre y la mujer se debilita y menoscaba la vida familiar. El hombre pierde su sentido de amor a Dios y por ende el amor al prójimo , lo que genera el quebrantamiento de las familias que en su lugar forman un “contrato” donde cada uno vive para satisfacerse individualmente y la idea de tener hijos es una opción descartada. El desafío en este caso no es ya la oscuridad que deja la ausencia de Dios en la cultura, sino el aislamiento y soledad que produce la falta de amor y compromiso permanente por el otro.
Es por eso que la misión es hacernos discípulos dóciles para llevar a las familias de nuestro tiempo un sentido de amor por la vida y la unión fraterna de rescatar valores.

Reflexión: como describirías “TU FAMILIA” frente al mundo de hoy.


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