La educación popular frente a la educación para la paz

Dando desarrollo al papel de laeducación en la construcción de paz,resulta importante evaluar los proyectos emprendidos por el Gobierno nacional en miras a la propiciación de la paz a través del Departamento Nacional de Planeación de la República de Colombia, quien diseñó el Programa Visión Colombia 2019, como ruta de ejecución de proyectos que contribuyan a la construcción de paz a partir de la adecuación de las necesidades básicas. Conforme a lo anterior, establece: “la planeación se convierte en una herramienta fundamental
para visualizar aquellas formas en las que es posible un país en paz, con mejores condiciones de vida, salud, educación y empleo; un país con mejor infraestructura, con ciudades más amables, un país respetuoso con el medio ambiente y con las libertades básicas fundamentales de sus ciudadanos. Un país que logra resultados gracias a la consecución de metas comunes y a una visión compartida donde el fin último es el bienestar general. (DNP, 2005) Así, el PLANEDH (Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos), iniciativa implementada como política pública para la educación en derechos humanos, conecta los intereses de las instituciones al determinar que: “La conexión esencial que se ha tejido entre educación y derechos humanos viene dada, entre otros factores, porque la educación en su sentido más amplio, tiene como misión principal la de hacer crecer a las personas que, en perspectiva de derechos humanos, es crecer en dignidad, en libertad, en derechos y deberes, pero principalmente, en estimular una conciencia vivificadora de construcción de la paz como valor supremo de convivencia de la humanidad”.
(Mineducación, 2012). En suma, en un ámbito legislativo se encuentra la motivación realizada por el Gobierno Nacional motivo con el Proyecto de ley 174 de 2014, con el que se pretende establecer las Cátedras de Paz en todas las instituciones educativas del país como materialización del camino escogido para la educación en derechos humanos a nivel nacional.
De tal manera que se propone:
ARTICULO 1. Con el fin de garantizar la creación y el fortalecimiento de una cultura de Paz en Colombia, establézcase la Cátedra de la Paz en todas las instituciones educativas del país, como una asignatura independiente. (Congreso de la República 2014). Pero tales alcances institucionales son criticados en tanto no contribuyen a un cambio profundo en el modelo de país, más cuando la educación colombiana se encuentra estandarizada y no permite el pensamiento crítico frente al sistema productivo capitalista. Resulta entonces una incompatibilidad entre la educación de los derechos humanos y la reproducción de estructuras educativas que están quebrantando la educación pública convirtiéndola en un negocio. Aquellos enunciados pueden ser vistos así: La educación en derechos humanos en nuestra región tiene como cometido cuestionar críticamente y poner en entredicho las democracias tal como éstas se nos presentan en algunos países más que en otros- con sus grandes imperfecciones: democracias de elite; democracias construidas con bajos niveles de participación de la sociedad civil: democracias en la que la política está desacreditada y los jóvenes se marginan de ésta; democracias marginadoras y excluyentes; democracias en que crecen las inequidades y desigualdades; democracias en que aún perduran las discriminaciones. (Magendzo, 2008, p. 8). Sobre este entendido, es importante resaltar que al modelo educativo debe adaptarse a los caracteres de política transformadora, espacio que brinde al educando posibilidades de hacer reflexiones críticas e implementar iniciativas que surgen desde las comunidades que se traducen en experiencias que logran contraponerse al modelo hegemónico del Estado.
La educación en derechos humanos, en su propósito último, es educación política y Etica, ya que intenta formar personas comprometidas con la transformación de la sociedad, en una más justa e igualitaria, en donde los derechos humanos sean parte integral de la cultura ciudadana.
(Magendzo, 2008, p.9). Por lo tanto, la educación se convierte en un reto para construir una sociedad verdaderamente justa que represente un escenario donde esta institución no sea un factor alienante para mantener un sistema económico absorbente y deshumanizador, basada en lógicas de productividad y competencia con el fin de sostener la división de clases sociales.
De tal modo que, emana como propuesta política y pedagógica la educación popular como contestación a aquella educación que si bien, intenta por un lado instruir en valores humanos, lo cierto es que justamente reproduce todo lo contrario: competencia, desigualdad y división.
“Por su lado, a la sociedad civil y a las organizaciones No Gubernamentales les corresponde, por sobre todo, aunque no exclusivamente, la educación en derechos humanos en el sector de la educación no formal, de la educación popular, de la educación al interior de la sociedad, en donde se inició la educación en derechos humanos bajo la influencia de Paulo Freire” (Magendzo, 2008, p.11) Por ende, como quiera que el Estado es un actor en las transformaciones sociales, lo cierto es que el poder no radica en esta ficción jurídica como instituto único capaz de garantizar la paz en Colombia, ya que esta visión detiene el poder propio de las bases sociales. Eso es, pues, porque desconoce y deslegitima la participación y organización popular como un motor de cambios estructurales. Con ello, la educación en derechos humanos para reconciliar el país necesariamente debe tener una proyección política, toda vez que, la educación popular como herramienta liberadora construye personas capaces de comprometerse con los cambios sociales y estructurales de una nación. Pero éste debate debe darse en el marco del conflicto social y armado del país, que en el desarrollo de la justicia transicional está en juego no solo la paz o el cese37 del fuego armado sino el cambio radical en las estructura social. Es así que entonces los movimientos sociales como Congreso de los Pueblos juegan una dinámica con el fin de posicionar debates nacionales como lo es la paz y lo que realmente implica; es decir, no es suficiente el decreto de la misma por parte del Estado sino verdaderas transformaciones a nivel político y económico.
La educación popular se convierte por ende en una herramienta que permite analizar el contexto de país pero desde las necesidades de la sociedad y no desde una homogeneidad educativa. Implica un ejercicio que eduque en derechos humanos pero con la alternativa de poner en tela de juicio el modelo económico capitalista y el desarrollo del Estado liberal.

Leidy Catalina DuqueSalazar.
Egresada enDerecho.

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