Santo Tomas de Aquino

Presbítero y doctor de la Iglesia. 1226-1274

28 DE ENERO DE 2016

Tomás de Aquino descubrió que la profesión que le dictaba su corazón, era la de querer vivir una comprensión y glorificación de Dios a través de la ciencia. Por esta razón se incorporó a la Orden de Santo Domingo, en Nápoles, a los dieciocho años. Nuestro santo jamás olvidó, durante sus investigaciones, la grandeza y elevación del mundo sobrenatural, muy por encima de cualquier comprensión de la mente humana.
El cuerpo tenía que darse por satisfecho diariamente con unas pocas horas de sueño y con una sola comida, para que el espíritu pudiera elevarse más libremente. Las primeras discusiones comprobaron con qué claridad, con qué erudición, con qué asombrosa perspicacia era capaz, este religioso, de separar la verdad del error.

Cuando en el año 1248 Alberto Magno regresó de París, no titubeó en dejar participar a Tomás como asistente en sus actividades docentes. Apenas había cruzado Tomás de Aquino las puertas de la carrera científica, cuando subió inmediatamente, en marcha triunfal incontenible, por sus méritos, a metas cada vez más elevadas. En la primavera del año 1274 se preparó, por petición del Papa y a pesar de su estado enfermizo, a participar en el Concilio de Lyon, pero no llegó lejos; absorto en la meditación, tropezó violentamente con un árbol cortado y fue llevado por sus hermanos al monasterio de los cistercienses en Fossanova, donde falleció en la madrugada del 7 de marzo de 1274. La Iglesia perdió al “Doctor angelicus”, al Maestro Angelical, pero no perdió el fruto de sus oraciones y de sus gracias: su obra gigantesca, la “Suma”, que llegó a ser la verdadera síntesis del razonamiento basado en la fe. Las universidades católicas, la juventud que cursa enseñanza superior y los comerciantes de libros, veneran a Tomás de Aquino como su patrono.

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