Degradación de lo humano y debilitamiento de los vínculos familiares

Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios. Hoy en día surge el llamado individualismo que debilita los vínculos comunitarios. Es una cultura que se quiere imponer caracterizada por la indiferencia por el otro a quien no necesita y del que tampoco se siente responsable. Se prefiere vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos personales, familiares y comunitarios. Las relaciones humanas se convierten en objetos de consumo y las relaciones afectivas sin compromiso responsable y definitivo.

Pero no solo se trata de un debilitamiento de las relaciones sino también la degradación. La identidad misma del varón y la mujer está debilitada gracias a una llamada ideología de género que lo único que hace es acabar la vida familiar. El aislamiento y soledad que produce la falta de amor y compromiso permanente por el otro lo que hace que el ser humano se crea único y crea no necesitar de nadie más.

Es tanto el individualismo que el ser humano quiere opacar la vida matrimonial y no concebir hijos, y es tanto que olvidamos los principios de la vida que se ha impuesto así la cultura de la muerte quien trabaja para no contribuir a la vida sino para extraer ganancias económicas a expensas de ella. Sin duda, esto nos afecta el corazón mismo, el de nuestras familias, y se convierte en uno de los mayores desafíos que se deberá afrontar en el nuevo siglo. Infortunadamente, gran parte de las familias de hoy solo viven pensando en lo económico y en acumular riquezas, donde un hijo representa obligaciones y un gasto más, motivo por el cual se cierran a la vida creando familias pobres espiritualmente, sobre las cuales se podría decir que no se forman núcleos familiares si no negocios económicos. Dejan olvidados el amor mutuo, convencional, el interés del uno por el otro para creerse personas sólidas e independientes que viven el día a día sin esperanza y llenos de un vacío espiritual que muchas veces los sume en tristeza y depresión.

Es por eso que como discípulos misioneros de Cristo debemos cobrar conciencia del valor sagrado de la vida humana y familiar, e inculcar a nuestras nuevas generaciones la vida en comunidad. Reflexión: ¿En tu familia prima el amor o lo económico?

Módulo 1 curso para agentes de la
Pastoral Familiar. Alba Velasco.

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