La homogenización de la educación en el marco globalizador

En la actualidad, el escenario de la globalización debe verse a parir de la relación de producción que existe entre el modelo de implementación neoliberal en Colombia desde la década de los 90, la economía extractivista y el de educación superior regulada por la Ley 30 de 1992. En esa medida, no está alejada la realidad educativa de la demanda mundial impulsada por la producción transnacional y la gran necesidad de apropiación de recursos naturales de petróleo, minería, agua y demás necesarios para el consumo de la humanidad. No obstante, la producción a gran escala de bienes y servicios en el mundo, ha generado la apertura económica de todos los países con el fin de separar el aparato Estatal en las relaciones económicas y supeditarlo al capital extranjero que determina las pautas de producción de determinadas Naciones alienadas al capitalismo. En ese curso, El Consenso de Washington postuló “que dichas formulaciones, generaran una compilación de propuestas macro-económicas a nivel mundial” (Pinzón, 2011:13).

Ésta fórmula, respondió a la deuda externa que azota a los países latinoamericanos y así los Estados puedan reducir el gasto público y menguar la obligación internacional. De tal modo que Colombia abre las puertas a empresas multinacionales para la comercialización de bienes y servicios tales como la educación, produciendo un desequilibrio en el gasto público del sector educativo. La aplicación de éste modelo generó la privatización de la Educación Superior, y si bien es cierto que para la entrada de la Constitución de Colombia existían universidades del sector particular, también es que la Carta Superior permitió la prestación de servicios educativos a cargo de intereses particulares permitiendo así la subrogación de las obligaciones del Estado colombiano en garantizar una educación gratuita y de calidad consagradas en el artículo 67 de la Constitución Nacional.

En este orden de ideas, resulta necesario desde la academia, implementar estrategias para la materialización de un modelo de educación propio, que se adecúe al imaginario y necesidades de los sectores sociales y logre hacer contraposición al modelo privatizador que nos reduce a cifras. Así, la esperanza de resignificar nuestras raíces y valorar el hecho de que se eduque para la paz y no para la competencia.

Leidy Catalina Duque Salazar.
Egresada en Derecho. Coordinadora Eje
Derechos Humanos Biblioteca Popular
L.E.O

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