Papa Francisco abre Puerta Santa de la caridad y pide estas dos cosas al Señor

Primero, que el Señor abra la puerta de nuestro corazón que es algo que necesitamos porque somos pecadores, y necesitamos la palabra del Señor”. “Segundo, que el Señor nos haga comprender que el camino de la suficiencia, de la riqueza, de la vanidad, del orgullo no son caminos de salvación”. El Santo Padre hizo votos para que “el Señor nos haga entender que su caricia de padre, su misericordia está cuando nosotros nos acercamos al que sufre, al que es descartado. Allí está Jesús”. Buscar a Jesús en la humildad El Papa dijo luego a los presentes que “si tú quieres encontrar a Dios búscalo en la humildad, en la pobreza, donde Él está escondido, en los necesitados, en los enfermos, en los hambrientos, en los encarcelados”. “Jesús cuando nos predica la vida nos dice cómo será nuestro juicio. No dirá ven porque has hecho una ofrenda a la Iglesia, la entrada al cielo no se paga con dinero. No dirá si eres importante, si has estudiado, porque los honores tampoco abren la puerta del cielo. ¿Qué nos dirá? Me has dado una casa, de comer, has venido a buscarme. Jesús está en la humildad”. El Pontífice resaltó que “el amor de Jesús es grande y por esto hoy el Espíritu Santo abre el corazón de los romanos y los hace ver el camino de la salvación: no es el lujo, el camino de la riqueza, del poder, es el camino de la humildad. Los más pobres, los enfermos, los encarcelados”. “Jesús nos dice además: los pecadores que se arrepienten nos precederán en el cielo. Ellos tienen las llaves. Lo que hace la caridad es lo que se deja abrazar por la misericordia del Señor”.

Dios no desciende en medio de lujos El Papa Francisco recordó también que “Dios viene a salvarnos y no encuentra mejor manera para hacerlo que caminar con nosotros”. “En el momento de descender, no desciende a un palacio de lujo. Parece que todo ha sido hecho intencionalmente, casi a escondidas: María es una muchacha en una ciudad perdida en las periferias del Imperio Romano que nadie conocía. José es un muchacho que amaba a María, un carpintero que se ganaba el pan todos los días: toda simplicidad, en lo escondido. Y también está el rechazo porque estaban comprometidos en un pueblo pequeño. Ustedes saben cómo son los chismes”. Ellos, continuó, “van por ahí y José se da cuenta de que ella estaba encinta pero él era justo.

Todo escondido, también ante la calumnia, los chismes. El ángel le explica a José el misterio: ese Hijo es obra de Dios. José hace lo que le dice el ángel. Las grandes ciudades del mundo no sabían nada y así Dios está con nosotros”. El Santo Padre también afirmó que “hoy rezamos por Roma y los romanos, comenzando por mí para que Dios nos dé la gracia de sentirnos descartados porque no tenemos méritos.

Él nos da la misericordia y la gracia y para acercarnos debemos acercarnos nosotros a quien está necesitado”.

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