Pensar en la educación, tarea de todos

La educación es el camino más corto para transformar una sociedad, mejorar la calidad de vida y realizarse laboralmente. Si cada ciudadano pensara en la educación, sin duda alguna se encontraría medios para motivar y despertar el incentivo que hagan de cada persona, desde pequeño, el deseo de educarse y educar para la vida, ya que es la educación la que forma personas, familias y sociedad. Sin educación no existe un futuro esperanzador. Sin educación, no hay productividad, competitividad. Sin educación no hay oportunidades de superación, por ello no se puede concebir una Colombia sin una buena educación. Las instituciones públicas y privadas están llamadas a buscar alternativas, junto a los padres, docentes y Estado, que sirvan para cambiar una educación, donde se vislumbre un porvenir para las futuras generaciones.

Recordar las palabras de Simón Bolívar, a seguir repensando la educación como la esencia del desarrollo de la sociedad, haría mucho bien, para no perder la fuerza y esperanza de ver a una Colombia educada, con capacidad de criticar, analizar, discernir y sobre todo, de pensar por sí misma. Él decía: “Las Naciones marcharán hacia su grandeza al mismo paso que avanza la educación”. En la patria Colombia, se encuentran municipios atrasados, olvidados y lo que es peor, sin esperanza, porque no han visualizado los responsables de la Educación una política que les permita salir de la tranquilidad, del confort, para dar cabida y oportunidad al desarrollo, al progreso, a la autenticidad de su municipio y de sus habitantes. El filósofo alemán Emanuel Kant, no se cansaba de decirles a sus alumnos y plasmo la bella frase en sus escritos que es diciente y válida en la actualidad: “Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”. La inversión de capital humano y económico, los esfuerzos en buscar mejor oportunidad de educación, se verá recompensada en un hombre educado, en un pueblo culto, con trabajo, con valores éticos, religiosos y morales, con un ser humano que piensa en el futuro de sí y de los demás.

Un pueblo sin educación está destinado al fracaso, al incremento de la delincuencia, a la búsqueda del dinero fácil, a la pobreza y olvido de sí. El compromiso es educar a todos sin excepción, desde el niño hasta al anciano, al campesino, al de la ciudad, a los hombres y mujeres, todos tienen derecho a la educación. La educación en la mujer juega un papel importante en la sociedad, porque se tendrá mejores familias, por cuanto la mujer es rol de madre y trasmitirá a sus hijos la educación necesaria para ser un ciudadano de bien y visionar un futuro personal, familiar y social esperanzador. El apoyar la educación en la mujer y abrirle oportunidades es educar en el presente y en el futuro, es impulsar al núcleo familiar a tener una dinámica constructiva del humanismo y de mejor la calidad de vida de cada uno de sus integrantes.

Que las instituciones educativas, los docentes, padres de familia y la sociedad en general, no miren la educación como un empresa que produce dinero, sino como un servicio que se brinda al ser humano, para que descubra el sentido de la vida en su saber, se sienta útil en la trasformación de una convivencia agradable y sana entre todos, donde predomine los valor del respeto, la tolerancia y la ayuda mutua entre otros. Vale la pena ser misioneros de la educación, porque su máxima recompensa es saber que fui parte de la formación de personas, de ciudadanos de bien, de hombres y mujeres educados, con calidad de vida, felices y que trasmiten paz y esperanza a una sociedad.

Orlando Salazar ph.D. en Filosofía.

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