Pastoral de la infancia

Historia de la infancia misionera

Mons. Carlos Augusto Forbín Janson

Carlos Augusto María José de Forbin Janson nació en París en 1785. Su padre era el célebre marqués de Janson,115 teniente general del ejército, y su madre descendía de los príncipes de Galean. Forbin Janson era un hombre joven, heredero de una gran fortuna y con mucha preparación para los cargos administrativos. Pero Dios quiso otra cosa para él. Pese a la férrea oposición que puso en principio su familia, el joven Forbin sacrificó rango, riqueza y ambiciones y en pleno invierno de 1809 ingresó al seminario de San Sulpicio. Se cuenta que él dejaba las ventanas abiertas durante la noche con el fin de dormir lo mínimo posible, sólo lo suficiente para que el cuerpo recuperara sus fuerzas. A los 33 años fue ordenado sacerdote. La idea de fundar la Santa Infancia nació en concreto
en una conversación sostenida entre Paulina Jaricot (fundadora de la Obra Propagación de la Fe) y el sacerdote Filipino de Riviere. A ellos se les ocurrió que los niños cristianos salvaran a los niños de otras partes del mundo, ofreciendo cinco céntimos al mes y rezando una breve oración. Esta idea brilló en la mente de monseñor Forbin Janson, quien había conversado con Paulina Jaricot. Ella fue una de las primeras inscritas en la Infancia Misionera. Las ideas se convirtieron en hechos: el prelado se propuso destinar su vida y parte de su fortuna a la noble causa. Los niños cristianos, con ORACION, SACRIFICIO Y AYUDA. PEQUEÑOS MISIONEROS. Los niños de la Infancia Misionera quieren ser testigos del amor de Jesús e intentan con originalidad y creatividad, dar una respuesta a los sufrimientos de millones de niños en el mundo que se encuentran desamparados. Dios no los abandona a su suerte. Por algo la Obra ha llegado a cumplir 160 años de existencia. El Papa Juan Pablo II envió a los niños misioneros que participan en esta gran tarea un mensaje en q
ue les señala que: “En los niños pobres y necesitados podéis reconocer el rostro de Jesús. Os esforzáis de muchos modos de compartir la suerte de los niños obligados al trabajo y de socorrer la indigencia de aquellos pobres; os solidarizáis con las ansiedades y con los dramas de los niños implicados en la guerra de los adultos; rogad cada día porque el don de la fe, que vosotros habéis recibido, sea participado por millones de vuestros pequeños amigos que todavía no conocen a Jesús”. El 3 de mayo de 1922 el Papa Pío XI. Puso esta obra bajo su protección y recibió el título de Pontificia. Desde su origen, la Infancia Misionera ha contribuido al despertar de vocaciones misioneras.

Lema: «Salvar a los niños a través de los mismos niños».

Modelos de la infancia misionera

Jesús niño: Es el modelo supremo que los niños deben seguir. Él supo responder a la misión confiada por su Padre. “Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres”. (Lucas 2:51s)

Virgen María niña: Ella dijo sí a su misión y la cumplió con generosidad, alegría sencillez y fidelidad. “María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!” (Lucas 1:46-49)

Patronos de la infancia misionera

SAN FRANCISCO JAVIER
(Fiesta: 3 de diciembre)

Nació en el Castillo de Javier el 7 de abril de 1506. Fueron sus padres Juan de Josu, doctor por la Universidad117 de Bolonia, y María Azpilicueta. En septiembre de 1525 pasó a la Universidad de París, alojándose en el Colegio de Santa Bárbara, patrocinado por el rey de Portugal. En 1526 y 1527 respectivamente conoció a los estudiantes Pedro Fabro, saboyano, e Ignacio de Loyola, quienes influyeron de manera decisiva en Francisco Javier. A mediados de 1530 consiguió el título de maestro en filosofía. Junto con otros seis jóvenes estudiantes, compañeros y amigos, Fabro (natural de Saboya), Simón y Sebastián (portugueses) y Lainez, Salmerón y Bobadilla (españoles), el 15 de agosto de 1534 emitió en Montmartre tres votos: 1. peregrinar a Tierra Santa. 2. Servir a Jesucristo en castidad. 3. Vivir en pobreza. Bajo la guía de San Ignacio de Loyola hizo los ejercicios espirituales con particular provecho. Francisco Javier fue beatificado por Pablo V el 25 de octubre de 1619 y canonizado por Gregorio XV el 12 de marzo 1622. Se celebra la fiesta o memoria litúrgica el 3 de diciembre. En 1927 fue declarado patrono de todas las misiones.

SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS

“Después de mi muerte, haré caer una lluvia de rosas.”

“Voy a pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra.”

Teresa Martin nació en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Dos días más tarde fue bautizada en la Iglesia de116 Nôtre-Dame, recibiendo los nombres de María Francisca Teresa. Sus padres fueron Luis Martin y Celia Guérin, ambos beatos en la actualidad. Tras la muerte de su madre, el 28 de agosto de 1877, Teresa se trasladó con toda la familia a Lisieux. A finales de 1879 recibió por vez primera el sacramento de la Penitencia. El día de Pentecostés de  1883, recibió la gracia especial de ser curada de una grave enfermedad por la intercesión de Nuestra Señora de las Victorias (la Virgen de la Sonrisa). Educada por las Benedictinas de Lisieux, recibió la primera comunión el 8 de mayo de 1884, después de una intensa preparación, culminada con una fuerte experiencia de la gracia de la íntima comunión con Cristo. Algunas semanas más tarde, el 14 de junio del mismo año, recibió la Confirmación, con plena conciencia de acoger el don del Espíritu Santo mediante una participación personal en la gracia de Pentecostés.

En el Carmelo comenzó el camino de perfección trazado por la Madre Fundadora, Teresa de Jesús, con auténtico fervor y fidelidad, y cumpliendo los diferentes oficios que le fueron confiados (fue también maestra de novicias). Descubre y comunica a las novicias confiadas a sus cuidados; el camino de la infancia espiritual; recibe como don especial el encargo de acompañar con la oración y el sacrificio a dos hermanos misioneros (el  Padre Roulland, misionero en China y el Padre Belliére). Penetra cada vez más en el misterio de la Iglesia y siente crecer su vocación apostólica y misionera para arrastrar consigo al demás, movida por el amor de Cristo, su Único Esposo.

El 9 de junio de 1895, en la fiesta de la Santísima Trinidad, se ofreció como víctima inmolada al Amor misericordioso de Dios. Por entonces escribe el primer manuscrito autobiográfico, que entregó a la Madre Inés el día de su onomástica, el 21 de enero de 1896. Durante el mes de septiembre concluye el manuscrito B, que ilustra de manera impresionante el grado de santidad al que había llegado, especialmente por el descubrimiento de su vocación en el corazón de la Iglesia.

Mientras empeora su salud y continúa el tiempo de prueba, en el mes de junio comienza el  manuscrito C, dedicado a la Madre María de Gonzaga; entretanto, nuevas gracias la llevan a madurar plenamente en la perfección y descubre nuevas luces para la difusión de su mensaje en la Iglesia, en bien de las almas que seguirán su camino. Fue canonizada por Pío XI el 17 de mayo de 1925, y el mismo Papa, el 14 de diciembre de 1927, la proclamó Patrona Universal de las Misiones, junto con San Francisco Javier. Con ocasión del Centenario de su muerte, el Papa Juan Pablo II la  declaró Doctora de la Iglesia por la solidez de su sabiduría espiritual, inspirada en el Evangelio, por la originalidad de sus intuiciones teológicas, en las cuales resplandece su eminente doctrina, y por la acogida en todo el mundo de su mensaje espiritual, difundido a través de la traducción de sus obras en una cincuentena de lenguas diversas. La ceremonia del nombramiento tuvo lugar el 19 de octubre de 1.997, precisamente en el domingo en el que se celebra la Jornada Mundial de las Misiones.

LA INFANCIA MISIONERA

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