SÁBADO SANTO Y VIGILIA PASCUAL

SÁBADO SANTO Y VIGILIA PASCUAL

Edición_Marzo-35 Es un día de silencio litúrgico. Este día la Iglesia permanece y persevera junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, así como el descenso a los infiernos, en oración y ayuno y esperando su resurrección. La sagrada comunión se administra solo como viático, el altar permanece descubierto. La piedad popular reserva sus expresiones para par al anoche y el día de la Pascua. En este punto hay que destacar que la piedad popular de nuestras gentes, exige que haya una mención especial de la Santísima virgen, en su escena de Madre Adolorida, por lo tanto se costumbra tener una procesión, bien llamada, de a la Madre Dolorosa, que culmina con un sermón o reflexión
en torno de los dolores de la santísima madre al pie de la cruz y al recibir a su divino Hijo, muerto entre sus brazos. Cabe advertir que esta manifestación de fe debe estar totalmente desprendida de la gran celebración Pascual.

1. La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús. Lucas 2; 22-35
2. La huida a Egipto con Jesús y José. Mateo 2; 13-15
3. La pérdida de Jesús: Virgen María. Lucas 2; 41-50
4. El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario. Lucas 1; 30-32
5. La crucifixión y la agonía de Jesús. Juan 19; 17-39
6. La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto. Marcos 15; 42-46
7. El entierro de Jesús y la soledad de María: Virgen María. Juan 19; 38-42

SÁBADO SANTO Y VIGILIA PASCUAL

Edición_Marzo-36

Es la celebración más importante del año, culminación de la semana santa y es el eje de toda la vida cristiana. Es noche de transito del mundo viejo al nuevo, de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Cristo, primogénito
de entre los muertos es la primicia del Reino. En general la Pascua implica un proceso de transformación y de cambio de cada persona y de toda la humanidad, es un proceso de liberación de toda opresión y servidumbre respecto del mundo y de la historia, en una palabra anticipa los cielos nuevos y la nueva tierra. En su contenido espiritual, es una noche de vigilia en honor del Señor (Ex. 12,42).
Los fieles siguiendo la amonestación del evangelio de san Lucas (12,35-37), llevando en sus manos lámparas encendidas, deben asemejarse a los siervos que aguardan el retorno de su Señor, para que cuando él vuelva los encuentre en vela y los haga participar de su mesa. Es una ceremonia rica en ritos y símbolos, debe ser una sola para cada una de las iglesias, inicia con un lucernario y Pregón Pascual, primera parte de la vigilia; para que luego la Iglesia medite las maravillas que el Señor hizo por su pueblo, desde el principio, llenándose de confianza en su Palabra y por sus promesas (segunda parte o liturgia de la Palabra), hasta cuando acercándose el día con los nuevos
miembros renacidos por el bautismo (tercera parte), es llamada a la mesa que el Señor preparó para su pueblo, memorial de su muerte y de su Resurrección, hasta cuando Él vuelva ( cuarta parte) .
La primera parte, consta de la bendición del fuego y la preparación del cirio; el pueblo se ha de congregar fuera de
la iglesia y allí se hace una fogata, el sacerdote y los ministros llevarán el cirio pascual, no se lleva la cruz procesional ni cirios procesionales. Donde no se puede hacer fogata, se puede hacer adaptándolo a las circunstancias con un bracero bendiciendo el fuego y prosiguiendo como se indica a continuación. Se inicia con la signación, se hace una
exhortación sobre el sentido de la Vigilia, se bendice el fuego y se procede a la preparación del cirio pascual, como se indica en el Misal Romano, teniendo siempre muy presente que es el símbolo de Cristo resucitado, vencedor de las tinieblas y de la muerte. Se encenderá con fuego nuevo, en la oscuridad de la noche de la vigilia pascual, para indicar que todo se renueva. Su llama se propaga a las velas de los bautizados. Se entroniza en un gran candelabro (se encienden las luces del templo, pero no se encienden los cirios del altar), se inciensa y ante su luz se proclama el pregón pascual, se enciende durante los cincuenta días de la pascua, en el bautismo y en las exequias .
A este punto sucede el Pregón Pascual, que es un poema litúrgico, que canta el diacono como conclusión del rito
del “lucernario”, en la vigilia de la resurrección del Señor. Enumera los acontecimientos salvadores que Dios ha hecho en favor de su pueblo .
Se da inicio a la segunda parte, la Liturgia de la Palabra, se propone un total de nueve lecturas, siete del antiguo testamento y dos del nuevo ( la Epístola y el santo Evangelio). Donde hay razones pastorales que impidan hacer la totalidad de las lecturas, téngase siempre presente que se deben hacer mínimo tres del antiguo testamento, sin omitir jamás la lectura del capítulo 14 del libro del Éxodo, con su respectivo cántico. La asamblea apaga los cirios y comienza el Banquete de la Palabra. Luego de cada lectura, el sacerdote invita a la asamblea a orar en silencio y lo concluye con una oración para cada lectura, según corresponda. Luego de la última lectura del Antiguo Testamento, con su cántico y la oración correspondiente, se encienden los cirios del altar. El sacerdote entona solemnemente el Gloria a Dios en los cielos, la asamblea se une y en el mismo momento se tocan las campanas, que estaban silenciadas desde la tarde del Jueves Santo. En algunos lugares, como parte de la religiosidad popular, se acostumbra hacer el ingreso triunfal de la imagen de Jesucristo Resucitado, en todo caso se debe evitar las escenas de “teatro” y siempre se debe favorecer el ritmo de la celebración sin que se ofrezcan distractores que saquen de contexto la misma celebración.
Terminado se dice la Oración Colecta, se proclama la lectura del Apóstol o Epístola, terminada ésta, la asamblea se pone en pie, se entona el Aleluya, se proclama el salmo 117, al final se pone incienso al incensario, se bendice el Diácono, si lo hay, se lee el santo Evangelio de la manera acostumbrada y no se debe omitir la homilía.
Comienza luego las tercera parte de la Ceremonia, llamada Liturgia bautismal, contiene dos temas fundamentales:
la Resurrección y el Bautismo. La resurrección de Jesús por el bautismo, es real resurrección de Cristo en los cristianos.
Hay algunas variantes de acuerdo a lo indicado en el Misal Romano, pueden haber catecúmenos, pueden haber niños de bautismo o sencillamente se hará la renovación de los compromisos bautismales, que se hace estando en pie, con los cirios encendidos, finalmente el sacerdote rocía el pueblo con el agua bendita, mientras todos cantan un himno bautismal.
Finaliza con la Liturgia de la Eucaristía,  se retoma la forma habitual, visto que desde la Cena del Señor, el Jueves Santo, no se consagran las especies del pan y del vino. Cabe resaltar de manera especial, que si hay neófitos (adultos recién bautizados), que recibirán la sagrada Comunión, se puede hacer una exhortación especial antes del Cordero de Dios, para que se acerquen al altar a recibir el Cuerpo y Sangre del Señor.

Etilio Aldana Lozano, Pbro.
Liturgo Diocesano.

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