VIERNES SANTO

VIERNES SANTO

Desde antiguo fue denominado al modo judío como “parasceve”, preparación, pero el sentido de hoy es Celebración
de la Pasión del Señor. Inicia como día de ayuno por la desaparición del Esposo (Mt 9,15). Este día conmemora la victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Desde el siglo IV ha habido un oficio propio de la Palabra, con la lectura
de la Pasión según san Juan, más tarde en el siglo VII se agrega la adoración de la Santa Cruz y se concluía con una
plegaria u oración Universal, es ya en la Edad Media cuando se introduce la Comunión. Durante este día solo se celebra el sacramento de la Penitencia y de la Unción de los enfermos. La sagrada Comunión se distribuye a los fieles solo dentro de la Solemne Acción litúrgica de la Pasión del Señor, los enfermos que no pueden participar de la celebración se puede llevar la Comunión a cualquier hora del día. El altar está totalmente desnudo, sin cruz, sin candelabros y sin mantel.
Esta celebración se desarrolla luego del medio día y más exactamente a las tres de la tarde, a no ser otra hora por
razones pastorales. Se desarrolla en tres partes. Esta Celebración comienza en silencio, con ornamentos rojos como para la celebración de la santa Misa. El sacerdote se dirige hacia el altar, hecha la debida reverencia, se postra rostro en tierra o permanece de rodillas y se ora en silencio durante algún tiempo, la asamblea se pone de rodillas mientras tanto. El Sacerdote va a la sede, de cara al pueblo y sin hacer ninguna invitación, con las manos juntas hace una de las oraciones que presenta el Misal Romano. La primera parte consta de la Liturgia de la Palabra, tomando al profeta Isaías (52,13-53.12 y su respectivo salmo, luego la lectura tomada de la carta a los Hebreos ( 4,14-16; 5,7-9) y se entona el canto antes del Evangelio. Se lee la pasión de Nuestro Señor según el evangelio de San Juan (18,1 -19,42), el sacerdote hace una breve homilía, teniendo presente que es una impresionante interpretación teológica,
en que la figura de Jesús aparece majestuosa, dueño de sí mismo. San Juan es el único evangelista que tampoco habla del sudor de sangre y la angustia de Getsemaní. Es una pasión triunfal, en que Jesús asume la cumbre de su vida ofreciéndose voluntariamente, hasta la muerte. Es lectura desde la fe. Dentro de esta primera parte está
comprendida la Oración Universal, que esta antecedida por una invitación hecha por un Diácono o un Ministro Laico, según corresponda, y lo hace desde el Ambón, luego de cada invitación se deja un espacio de silencio, el Sacerdote, entre tanto dice la Oración desde la Sede. En este día se ora por: por La Santa Iglesia; por el Papa; Por todos los ministros y por el pueblo de Dios; por los Catecúmenos; por la Unidad de los Cristianos; por los Judíos; por los que no creen en Cristo; por los que no creen en Dios; por los gobernantes de las Naciones; por los
que Sufren.

La segunda parte, inicia con la Adoración de la Santa Cruz. Ésta tiene dos formas para la presentación de la Santa Cruz, la primera dispone que el diacono o algún ministro idóneo, con dos ministros que llevan cirios encendidos,
se dirigen a la sacristía, trayendo procesional mente, por la iglesia hasta el presbiterio la cruz, cubierta con un velo morado. EL Sacerdote recibe la cruz, y de cara al pueblo la va descubriendo, primero la parte superior, mientras tanto va diciendo o cantando este es el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo, a lo cual la asamblea responde diciendo, vamos a adorarlo. Todos se arrodillan durante un breve espacio de tiempo. Luego se
descubre el brazo derecho, haciendo el mismo ritual descrito anteriormente, y por ultimo descubre toda la Cruz, procediendo como se ha hecho en las dos ocasiones anteriores.
La segunda forma, el diacono o un ministro idóneo, va con dos acólitos que llevan cirios encendidos, toman la cruz, ya descubierta. Se hace el mismo invitatorio que en la primera forma, hacia la puerta de la nave central del templo el diacono o ministro eleva la cruz mientras canta el invitatorio, este es el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo, hacia la mitad y al llegar al presbiterio hace lo mismo, y la asamblea siempre responde como
hemos dicho anteriormente. En cada parada se arrodilla la asamblea y ora por unos momentos en silencio. El sacerdote lleva la cruz, y a sus lados dos cirios encendidos, hacia el lugar más apto para la adoración y comienza primero el sacerdote adorando el signo de nuestra Salvación. La Adoración se hace en forma procesional y se adora haciendo una genuflexión profunda o dando un beso según sea la costumbre del lugar. Se debe presentar una sola cruz, si hay una gran cantidad de fieles, se elevará la Cruz, los fieles la adoraran a un solo momento para poder seguir desarrollando la ceremonia. Mientras se hace la adoración se deben hacer cantos apropiados al momento de la adoración de la misma, tienen el privilegio de ser usados los improperios, los himnos de la Cruz, entre otros cantos apropiados. Terminada la Adoración, los cirios se llevan cerca del Altar o sobre él.
Comienza la tercera parte de la celebración, la Sagrada Comunión. Se prepara el altar, extendiendo un mantel y se pone el corporal y el misal sobre él. EL Diacono o el sacerdote, con portando el Velo humeral, portan el santísimo del lugar de la reserva al Altar, todos permanecen de pie y en silencio. Dos ministros con cirios encendidos acompañan el traslado del santísimo sacramento.
El sacerdote sigue el ritual que trae el Misal Romano, se distribuye la Sagrada Comunión, al finalizar, si hay reserva
se lleva al lugar preparado fuera de la Iglesia o se deja en el sagrario según las exigencias. Se finaliza con la Oración
después de la comunión. Se retiran todos en silencio, luego se desviste el altar, dejando la cruz sobre el altar y dos o cuatro cirios a su alrededor.
Cabe resaltar que el carácter de esta celebración es de preparación a la resurrección, haciendo conmemoración de la muerte del Señor. Por lo tanto, es necesario seguir las indicaciones de las rubricas al respecto. Por ejemplo, no
se inicia con la signación, el rito de la comunión no lleva el rito de la paz, no hay bendición final a modo tradicional,
se hace solo una oración de bendición y todos abandonan el templo en silencio.
En este día se tiene como devoción popular El Vía Crucis es la devoción propagada sobre todo por los franciscanos
a partir del siglo XV y el siglo XVI; que consiste en recorrer un itinerario de representaciones, llamadas estaciones, de las etapas del camino que va del palacio de Pilato al Calvario, deteniéndose a meditar y a rezar en cada una de las estaciones. Otra devoción muy frecuente es el Sermón de las Siete Palabras, que es una consideración, un tanto poética, pero que debe tener como objetivo contribuir a la reflexión de la muerte del Señor, con base en las últimas siete palabras de Jesús en la Cruz. Se destaca también la procesión con el santo sepuEdición_Marzo-32lcro ro, o la procesión del silencio
sagrado, hasta dejar la imagen  del Cristo muerto en el “humilladero” o santo sepulcro, que ha de ser un lugar propicio para la meditación de la Muerte del Señor. En este tipo de devociones populares se ha de tener mucho cuidado que no estén unidas en ninguna forma, ni por hora ni por convocación, a la Solemne Acción Litúrgica de la Pasión y Muerte del Señor. Tiene un valor especial dar un puesto al recuerdo de la Virgen de los dolores, dada su importancia doctrinal y pastoral, pues ella, la Santísima Virgen María está asociada a la Pasión Salvadora de su Hijo (Cfr.: Jn 19,25-27; Lc. 2, 34-ss)

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