10 de Abril III DOMINGO DE PASCUA

ME AMAS MÁS QUE ESTOS???

La pregunta que Jesús le hace a Pedro por tres veces, ¿Me amas Más que estos?, es el símbolo de un perdón y una sanación total a la persona de Pedro. Recordemos que él negó a Jesús por tres veces, frente a una sirva, cuando lo confronta si era uno de esos que seguía a Jesús de Nazaret en el camino al calvario, día antes, negándolo enfáticamente, que sólo cuando canta el gallo recuerda la profecía de Jesús, irrumpe en llanto amargo de saber que había fallado a la promesa hecha a su maestro de seguirle siempre hasta la muerte. Seguramente Pedro, ante la pregunta, ¿Me amas más qué éstos?, se acordó de su pasado, porque el texto indica que Pedro se puso muy triste cuando por tercera veces le pregunta, a lo que respondió con nostalgia: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”. Jesús le confirma por tercera vez la misión de apacentar las ovejas, acompañado del milagro de la pesca milagrosa y del milagro Eucarístico, cuando Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Hoy, nuestro corazón, al igual que el del apóstol Pedro debe ser sanado, porque hay pecados y recuerdos que nos cuesta olvidar y dar una respuesta definitiva al llamado que Jesucristo nos hace de seguirle y de apacentar las ovejas. El día que permitamos que Cristo sane nuestro pasado, en ese momento tendremos la capacidad de comprometernos con
el Evangelio, de dejar el mundo y el pecado y decir con los apóstoles: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y le ofreceremos al Señor nuestras penas y sufrimientos en arras de recibir la vida eterna. La invitación en este tercer domingo de pascua es a seguir a Cristo Resucitado, promesa que será posible cumplir cuando descubramos la grandeza de la Eucaristía, cuando vivamos el sacramento de la reconciliación, el cual es fuente de perdón y sanación, cuando visualicemos que nuestra meta está más allá de este mundo, cuando tengamos la experiencia de la vivencia de Cristo Resucitado, cuando entendamos que nuestra misión es apacentar el rebaño del Señor, que es nuestras iglesia católica, cuando con ahínco proclamemos la grandeza del Señor sin miedo ni temor, como lo hicieron los apóstoles del Señor ante el Sanedrín.
Tengamos la certeza que no estamos solos, que la presencia de Cristo Resucitado está con nosotros y que nos da su gracia para ser testigos del Evangelio en medio de una sociedad confusa, sin fe, sin Dios y sin proyección a la vida de gloria. Sólo los contagiados por la buena noticia de la Resurrección, los que después de aceptar la fe, el amor y la esperanza, somos capaces de luchar contra todo aquello que nos roba la presencia del Señor y de dar la vida por la salvación de las almas y de mi alma. Que seamos portadores de esperanza, donde el corazón de nuestros hermanos se vean transformados por la buena noticia del Evangelio, que sean perdonados y sanadas las heridas quedadas del pasado, donde se viva en armonía, amor y paz, alejados siempre de las discordias, odios y conflictos ya sea a nivel personal, familiar y social, donde se vivía la civilización del amor cuya fin sea, todos glorificando al señor de la vida,
Cristo Jesús.

 

Compromiso: Amar al Señor más que los otros; perdonarnos y perdonar; obedecer a Dios, antes que a los hombres; ahondar en el misterio de la Eucaristía y cuidar de no apartarnos de la ética y la moral y ser verdaderos pastores dispuestos a amar de tal forma que estemos dispuestos a dar la vida por la salvación de nuestros hermanos.

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