24 DE ABRIL V DOMINGO DE PASCUA

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.”

En este quinto domingo de pascua, cuando el tema fundamental es el amor, quiero que recordemos la frase que el papa Benedicto XVI, en su Encíclica “Dios es amor” en el No.39 nos trae: “La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz —en el fondo la única— que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar. El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en práctica porque hemos sido creados a imagen de Dios” La novedad del mandamiento nuevo del que habla Jesús está en que se debe amar al prójimo, a ejemplo de él, dando la vida por los demás, muriendo en la cruz y es el mensaje central que Cristo dejo a sus discípulos y en ellos a cada uno de Nosotros, antes de su partida al Padre. Del amor siempre se ha hablado: Filósofos, sociólogos, antropólogos entre otros han hablado de filantropía y de amor a todo ser humano, pero el mensaje de Jesús, no fue solo de palabra sino de hecho, en la realidad. Su amor fue hasta el extremo, muerte de Cruz y es lo que suscita en cada uno de nosotros, un amor con capacidad de dar la vida, de servir al estilo de Cristo: “No he venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate de los demás”. Nuestras comunidades están llamadas a vivir el amor, al estilo de la primera comunidad cristiana, donde todos se amaban y ponían en común lo que tenían, lo repartían entre todos y ninguno pasaba necesidades. En la primera comunidad, no había exclusión, había cabida para todos, niños, enfermos, pobres, ancianos, pecadores, todos se sentían bien, porque se amaban al estilo de Cristo, e incluso la gente decía, miren como se aman.
La ausencia del amor y la fe en las comunidades parroquiales y en las familias, ha hecho que el amor sea desfigurado, confundido y desviado, en donde se busca es interés y placer, no entrega y donación. Por tal motivo se hace necesario exhortar como pablo a volver al amor primero, superando las tribulaciones y angustias, porque sólo quien ama al estilo de cristo podrá entrar en el Reino de los cielos. Que cada uno se convierta en un anunciador de la fe y del amor, amándonos los unos a los otros como cristo nos ha indicado.
Esto será posible cuando contemplemos la cruz de Cristo, cuando intensifiquemos la oración y la mortificación, sólo de esta manera volveremos a ese amor, al amor sin egoísmo, sin interés, al amor que se dona y entrega en rescate de la salvación de los hermanos. En este periodo de la Pascua es propicio para reflexionar en la caridad, para acrecentar el encuentro entre los hermanos, para a gradecer el amor más puro en la tierra como es el de la madre, para compartir el amor entre los esposos, para enseñarle a los hijos el amor de Dios, para vivir el amor espontáneo entre los amigos, para entender que la vida consagrada es amor y donación a los demás, para sentir que el amor de Cristo es tan grande, que seca y enjuga toda lagrima de los ojos y que con su amor se acaba el llanto, las fatigas, la muerte y el luto, porque el amor de Cristo lo renueva todo y nos hace hombres nuevos y distintos.
Compromiso: Contemplar en los mandamientos, no una carga sino un regalo maravilloso que armoniza y da sentido a la vida; valorar cada acontecimiento de la vida diaria, para crecer en el amor; en vez de odiar amar, perdonar y servir sin buscar ninguna recompensa y amarnos los unos a los otros como Cristo nos amó, incluyendo a nuestros enemigos.

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