“El Señor me ha ungido y me ha enviado a ser misericordioso”

Muy queridos hermanos sacerdotes,religiosas, seminaristas y fieles laicos en general, que reviste especial importancia para la vida de nuestra iglesia particular del Espinal. A todos los saludo con especial afecto.
La Palabra de Dios nos ilumina, de manera especial el profeta Isaías que nos habla en primera persona: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado…”. Esas palabras nos hacen pensar que se trata del recuerdo de la vocación personal del profeta. Esas palabras se las aplicará Jesús a sí mismo en la sinagoga de Nazaret, como lo vemos en el relato del santo evangelio según San Lucas.
El profeta se presenta como “invadido” por el Espíritu del Señor. El efecto de la presencia del Espíritu se manifiesta en dos verbos: “Me ha ungido” y “me ha enviado”. En primer lugar, la consagración, efecto que le concierne personalmente: es decir, el profeta pertenece a Dios y a su servicio. Puesto que pertenece a Dios, pertenece también a los demás; el profeta es un enviado al pueblo con una misión que se define muy detalladamente.
Amados sacerdotes, acojamos el llamado de Dios, escuchemos y sigamos la voz de Cristo buen Pastor, dejémonos atraer y conducir por él y consagremos a él nuestra propia vida. Recordemos que ejercitando el ministerio sacerdotal somos partícipes de la misión de Cristo único Maestro. Somos continuadores de la obra santificadora de Cristo y mediante nuestro ministerio el sacrificio espiritual de los fieles se hará perfecto unido al de Cristo. El Papa Francisco en una homilía dirigida a sacerdotes les pidió en nombre de Cristo y de la Iglesia: “por favor, no se cansen de ser misericordiosos. Ustedes están para perdonar y no para condenar. Con el óleo santo darán alivio a los enfermos, y también a los ancianos: no sientan vergüenza de mostrar ternura por los ancianos”. También les dijo: “Los exhorto a participar en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos a su Obispo, esfuércense en reunir a los fieles en una sola familia para conducirlos a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tengan siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido”. Volviendo al texto del profeta  Isaías, la frase: “me ha enviado” introduce siete finalidades, de las cuales la primera es un breve resumen: “Para dar la buena noticia a los pobres”, a los que tienen el corazón destrozado, a los esclavos, a los prisioneros… El pro7feta debe anunciar que el Señor no se ha olvidado de ellos, sino que cuida de ellos. Se trata sobre todo de anunciarles: “El año de gracia del Señor”.
Este año, sabemos todos, que es un año de gracia del Señor, porque el Papa Francisco, nos ha convocado para celebrar el año Santo de la misericordia. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Todos estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia, ser signo eficaz del obrar del Padre. Para la Iglesia es un tiempo propicio para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes (MV 3). Este año santo se inició el pasado 8 de diciembre, en el aniversario 50 de la conclusión del concilio Vaticano II; en nuestra Diócesis se abrieron las puertas de la Catedral, del Santuario de Nuestra Señora la Virgen del Carmen de Apicalá, del Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria y del Amparo en Purificación, de la Parroquia San Juan Bautista en Chaparral, para acceder a las bendiciones que representa para todos los cristianos las indulgencias que podemos recibir. Sabemos que el año santo se concluye el 20 de noviembre con la fiesta de Jesucristo Rey. Dice el Papa: “Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios. Que a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros.” (MV 5).
El lema de este año es claro, contundente y comprometedor: “Misericordiosos como el Padre”. Hermanos: en este tiempo en que nuestra iglesia particular está comprometida con la Nueva Evangelización, el tema de la misericordia exige ser propuesto una vez más con nuevo entusiasmo y con una renovada ACCIÓN PASTORAL. Es determinante para nosotros y para la credibilidad del anuncio que vivamos y testimoniemos en primera persona la misericordia. La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. Donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. Donde quiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia (MV 12).
Queridos hermanos, indudablemente, el texto del profeta Isaías, nos ha llevado a pensar en la misericordia de Dios Padre, iluminados también por las palabras del Papa Francisco en los primeros números de la Misericordiae Vultus, los invito a celebrar con fe y entrega la fiesta de la Misericordia el domingo 3 de abril, es otra forma de unirnos a las intenciones del Papa en este Año Jubilar; recordemos que el texto del profeta Isaías, también, nos ha llevado a pensar en el sacerdocio ministerial.
Con mayor razón, en este año de la misericordia invito a los sacerdotes a renovar las promesas sacerdotales, a pensar, en la vocación personal de todos los sacerdotes de la diócesis. Como el profeta, por el hecho de estar consagrados pertenecemos a Dios y pertenecemos a nuestros hermanos; nosotros también somos enviados al pueblo con una misión específica que conocemos perfectamente.
A todos los fieles les pido que pongan en las manos del Señor todas las intenciones, muy especialmente les pido de corazón sus oraciones fervientes y constantes por el Obispo y los sacerdotes de nuestra querida iglesia particular del Espinal; les pido oraciones permanentes por esta intención y también les pido que sean detallistas con sus sacerdotes acompañándolos espiritualmente en días especiales del año litúrgico, con un saludo, una oración o algún detalle que les recuerde la importancia del sacerdote para su comunidad. Me refiero al jueves santo día en que se  conmemora la Institución del sacerdocio, al cuarto domingo de pascua, fiesta del Buen Pastor, al día en que se celebra la fiesta de Cristo sumo y Eterno Sacerdote, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el cuatro de agosto en la fiesta del Santo Cura de Ars, patrono de todos los sacerdotes. Esos momentos son significativos para pedir llenos de confianza en el Señor por la santificación de todos los sacerdotes.
Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él. Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios. Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el jubileo de la misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos, y restituir la vista a los ciegos.
Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén

 

Director
+Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo del Espinal

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