En tu nombre enseñaré

Meditando un poco el Evangelio de Lucas, en el capítulo cinco, donde narra esa bella historia del encuentro del Maestro con Simón y los pescadores frente al lago de Genesaret, acerca de nuestra labor docente que muy bien se puede comparar con la tarea de un pescador. Mis pensamientos se dirigieron de modo especial aquellas ocasiones en que con las mismas incertidumbres y quejas de Simón, no queremos intentarlo de nuevo. Cuando hemos tratado de pescar algo durante toda la noche; pasando en vela, sin poder encontrar ese algo que le haga aprender y comprender a nuestros estudiantes la geometría, los conceptos de la química, o las orientaciones y reglas de la física, el nuevo vocabulario en las clases de inglés o las simples formas de leer críticamente en español.
Entonces, contemplaba a esos pescadores que con sus tristes redes en la barca, se han dado por vencidos, menguados por los años, la rutina, la sal y el calor, han mirado de nuevo al lago y con la cabeza abajo le han reprochado a las circunstancias su suerte. Son los mismos que han mitigado la decepción de no haber logrado nada, con las cosas más triviales y vacías para no tener que mirar de nuevo el lago y lanzarse a intentarlo una vez más. Todos hemos sido alguna vez, de una u otra manera este Simón, estos pescadores.
Cuantas veces nos encontramos en el aula al final de una pesca, silenciosos, cansados, quejándonos mientras recogemos nuestras redes para volver a casa sin nada en nuestra barca. Cuantas veces por los pasillos caminamos dirigiéndonos hacia la pesca, llevando en el corazón ya una idea pesimista de lo que será el final de la jornada. Lucas nos presenta entonces al Maestro que cambia radicalmente el paisaje en torno a su figura, su presencia llena sutilmente el ambiente de una sensación de seguridad y confianza cuando le llama Maestro. Este relato, que más que ser un pasaje vocacional, tiene ese precioso sello pastoral propio del evangelista y que además nos hace reflexionar sobre la vida misma y la dinámica del encuentro personal con Jesús, el Maestro, que nos llama a servir. Está puesfrente a nosotros, nos pide retomar la pesca, con un asentir firme en la confianza aun tímida, Simón después de expresar su queja dice: “Maestro en tu nombre lo haré”, y entonces ocurre el milagro. Se abren sus ojos estupefactos, de rodillas reconoce al Maestro y entonces empieza a entender su vocación. La humanidad le trastoca la vida, le comprime el alma y lo pone un poco más alto para contemplar la verdad de su Creador.
En tu nombre enseñaré, y esta afirmación nace como fruto de este encuentro personal con el Maestro, con el Creador, que nos invita a intentarlo de nuevo sin poner de frente nuestra propia confianza, sino la esperanza en Aquel que nos lo pide. Dejando atrás la mala noche y los intentos fallidos de la pesca, nos recuerda que ser docente es lanzar las redes, donde y cuando Él lo indique. “Remar mar adentro” para que en la intimidad descubramos los sencillos misterios que nos abren la puerta hacia lo extraordinario, y así llenar las redes en abundancia; que el conocimiento y la humanidad de nuestros estudiantes crezca, que las virtudes y los valores rebosen en nuestras aulas, que la fe, la esperanza y el amor tomen forma de ancla, red y carnada, y que siempre estemos dispuestos a intentarlo de nuevo. Tal vez, como dice Pafer: “No logramos con los jóvenes todo lo que queremos, pero jamás será perdido todo lo que hagamos por ellos”.
En tu nombre enseñaré Maestro si me lo pides, indícame pues, donde y cuando lanzar las redes. Llévame mar adentro para que me enseñes a pescar, a conocer las aguas y dirigir mi nave. Que nunca retorne vacía a la orilla, y que la abundancia de mis redes no me ciegue, ni aparte la humildad de mi corazón. Fortaléceme cada día frente al inmenso lago, desde donde diviso a cada uno de mis estudiantes, con sus mundos y sus posibilidades y que no me aparte de ti jamás amado Maestro.
John Manuel Hernández Garzón

Docente de Ingles y Filosofía
Profesos de Liceo Francisco José de Caldas
– Fuerte Militar de Tolemaida

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