3 de Abril II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

En este segundo domingo de Pascua, cuando celebramos la fiesta de la divina misericordia, el evangelio de San Juan nos narra, que Cristo Resucitado, estando las puertas cerradas, por medio a los Judíos, Jesús se presenta en medio de sus discípulos con la frase: “LA PAZ CON VOSOTROS”, saludo que repite por tres veces, símbolo de plenitud, de compañía y de afirmación de que él había subido al padre, pero que se quedaba a aquí en la tierra, en medio de ellos. Tan extraordinario saludo, alegró a sus discípulos, les abrió el entendimiento y el corazón para comprender las escrituras y a misión encomendada por su maestro, que hoy en su presencia
nuevamente les confirma, pero ya en su dimensión trascendente, por la resurrección, cuando les dice: “Como el Padre me envió, también yo los envío: Recibid el espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.
Después del Saludo, Cristo Resucitado les muestras las manos y el costado, como garantía que era él y no otro, que no era un fantasma, sino una realidad. El miedo desaparece de ellos, abrieron sus puertas y con9 unción anunciaban la resurrección de su maestro, contagiando a la gente, los cuales se adherían al Señor multitud de hombres y mujeres, quienes seguían con entusiasmo y sin vacilar a Cristo Resucitado y las enseñanza
s de Pedro y los demás discípulos, quienes realizaban muchos signos y señales en medio del pueblo.
Por misericordia, Cristo fundador, confía a su iglesia tan sublime misión, tarea que no ha sido fácil a lo largo de su historia, por la incredulidad de hombres y mujeres, que como Tomás dudan de la Resurrección, pero que a pesar de la fragilidad, frialdad y dureza de corazón, el señor, a través de la iglesia, humana y Divina, sigue mostrando su rostro misericordia a los alejados y pecadores para que ellos vuelvan al Señor y comprendan que Cristo sigue siendo la piedra Angular, desechada por muchos, que es el primero y el último, que él vive y está en medio de nosotros.
Que hoy, dejando a un lado la incredulidad, la tibieza e indiferencia espiritual, escuchemos y aceptemos el saludo de Cristo Resucitado, LA PAZ CON VOSOTROS, el cual regala sin distinción alguna, de manera especial a los tristes, oprimidos y sin esperanza. De esta manera nuestra vida será más alegré y comprometida con el anuncio del Evangelio. Que junto al Salmista, después de haber experimentado la paz, el amor y la misericordia que Cristo nos regala, podemos decir: “Este es el día en que actuó el Señor, sea n u e s t r a alegría y nuestro gozo”.

COMPROMISO: No dejarnos quitar la paz interior por el pecado o los problemas, porque es regalo de Cristo resucitado; anunciar la buena noticia de la Resurrección a los familiares, amigos y vecinos; ser misericordioso con los pobres y pecadores y a los que han sido siempre bueno felicitarlos, repitiendo las palabras del Evangelio: “Dichosos los que no han visto y han creído “.

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