La resurrección de Jesucristo: un gran acontecimiento!

En el curso histórico de la humanidad sucedieron hechos que marcaron cambios de época. Sin embargo, ninguno como el gran acontecimiento de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Se conmemora solemnemente cada año la Pascua de la Resurrección, pero no se debe perder la capacidad de asombro ante este gran acontecimiento y lo que significa. Por tanto, es necesario acercarse al hecho desde la Sagrada Escritura y sirviéndose de la Teología, para conocer lo poco que se puede sobre la Resurrección de Cristo y qué representa para el ser humano. (Carta sobre algunas cuestiones referentes a la Escatología – Congregación para la Doctrina de la Fe, 1979).
Desde el punto de vista biológico, la muerte es la cesación de todas las funciones de los sistemas, que hacen que el cuerpo se mantenga vivo. Teológicamente la muerte sucede cuando el alma se separa del cuerpo. Como consecuencia de ello, el cuerpo muerto comienza su proceso de putrefacción o corrupción. Es esta una angustiante realidad que hace parte de la naturaleza misma del ser humano, ante la cual, y como lo expresara Miguel de Unamuno en su ensayo “Sentimiento Trágico de la Vida”, el hombre es totalmente impotente. Sin embargo, algo fuera de lo común sucedió en el “año 33” de la era cristiana: un muerto volvió a la vida, pero no como otros muertos
que antes habían resucitado. El caso de Lázaro (Jn 11) o el del hijo de la viuda de Naim (Lc 7,11-15), quienes después de estar en el sepulcro, incluso varios días, se levantaron milagrosamente, pero luego volvieron a morir. Ciertamente fueron milagros asombrosos realizados por Jesús de Nazaret, que indicaban de manera profética algo superior que estaría por venir, los cuales, comparados con el acontecimiento pascual, los milagros hechos en Lázaro y el hijo de la viuda, resultan siendo menores. Definitivamente no. La resurrección de Cristo no fue como la de Lázaro o el hijo de la viuda, el acontecimiento de Cristo no consistió en la reanimación de un cadáver, es algo totalmente superior que abre una nueva dimensión a la raza humana. Para contemplar un poco más de cerca este maravilloso misterio, debe tenerse en cuenta algunos aspectos que la misma Sagrada Escritura indica: El Salmo 16 (15) ,9-10 lo anunció de manera profética: “Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción”. Lo primero que se debe considerar en el acontecimiento de la Resurrección de Cristo, es que, aunque Él murió, su santísimo cuerpo jamás conoció la corrupción o putrefacción del sepulcro. Murió, pero la muerte no tuvo poder sobre Él. (Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, segunda parte).
El siguiente aspecto se puede hallar en varios textos de los Evangelios: en Jn 20,14-17, María Magdalena aparece llorando en el sepulcro creyendo que se habían robado el cuerpo del Señor. Pero en ese momento, Jesús resucitado le habla y ella no lo reconoce. Cuando se impacta al escuchar que la llama por su nombre, quiere tocarlo y el mismo Señor le dice: “No me toques que todavía no he subido al Padre” (Jn 20,17). Otro momento que ayuda a contemplar parte de este gran misterio de la resurrección de Cristo, es el encuentro que tuvo Jesús con dos de sus discípulos el mismo día de la resurrección, cuando éstos iban a Emaús (Lc 24,13-32). Jesucristo resucitado se acercó y los acompañó en su recorrido, sin embargo, los discípulos no lo reconocieron, lo cual indica que Cristo tiene un aspecto distinto. Estos momentos importantes dentro de los relatos de los Santos Evangelios indican que el resurgir de Cristo del mundo de los muertos, se da con una nueva apariencia, es decir, su cuerpo ya no es el mismo, es un cuerpo glorioso. Finalmente el gran acontecimiento de la Resurrección de Jesús de Nazaret es un hecho real.

 No es La resurrección de Jesucristo: un gran acontecimiento una ilusión, un mito, una leyenda o un fantasma. En Lc 24,36-43, los mismos discípulos de Emaús, al reconocer a Cristo en la fracción del pan, regresan inmediatamente a Jerusalén a contar la alegre noticia, estando ahí, se aparece nuevamente Jesús resucitado: “Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: « ¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un fantasma no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.  Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?» Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos”. Aunque las palabras no son suficientes para expresar el gozo tan grande que debieron sentir los Apóstoles al conocer la Buena Noticia de Cristo Resucitado, es todavía, y con mayor razón, imposible definir en qué consistió o cómo se dio el milagro de la Resurrección. De lo poco que Dios permite a la razón humana para acercarse a contemplar este magnífico acontecimiento, se puede decir que: Cristo sí murió, pero su cuerpo no conoció la corrupción de la carne, es decir, la muerte no tuvo poder sobre Él, y que Jesús resucitó en un cuerpo glorioso. Esta es la razón por la cual Jesucristo divide la historia de la humanidad, no es un simple hecho, es un gran acontecimiento, y por si fuera poco, interviene en la vida del hombre abriendo para él, la esperanza de salvación. Desde el punto de vista de la antropología cristiana, la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es el inicio de una nueva dimensión de tipo trascendente, es decir, que le permite al ser humano pensar y creer que el inevitable paso hacia la muerte no es el último capítulo, la derrota de una vida de sacrificio y que el consiguiente viaje al cementerio es el triste epílogo que humilla y rompe hasta la más dura de las vanidades. La resurrección de Cristo llena de esperanza la vida del hombre, resuelve su más duro conflicto, calma el sentimiento más trágico de su existencia, por eso es correcto decir, para quien tiene fe: ¡hasta la muerte tiene solución! ¡Cristo ha resucitado! El ser humano que muchas veces se ilusiona en la “eterna juventud” y porque no, en la inmortalidad, encuentra en la Resurrección de Cristo esta bella realidad: ahí está al alcance de todos la inmortalidad. Para obtenerla, es fundamental que toda persona crucifique al hombre pecador que lleva en sí mismo, abrace el Evangelio de Cristo y se convierta, para poder gozar del fruto de su Gracia, y que resurja así un nuevo ser con una nueva condición de creatura. La Iglesia entiende y predica que la resurrección es para todo hombre, para los cristianos es la extensión de la misma Resurrección de Cristo. Por eso no hay mayor felicidad que pensar en tener la inmortalidad, resucitando en un cuerpo glorioso, y lo mejor: no es un mito, es la verdad. ¡Cristo ha resucitado!

Giovanni Aguirre. Pbro

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*