Vivir la pascua, es vivir en familia

La Pascua es la fiesta de la familia, porque Cristo, Hijo de Dios, nos ha regalado con su muerte la vida, nos ha hecho hijos de Dios por adopción, de tal manera que la humanidad entera participara de la vida divina y de esta forma pudiésemos llamarnos entre nosotros hermanos… y ¡qué Papá tan generoso nos ha tocado! y ¡qué decir de nuestro hermano Jesucristo que se entregó enteramente a nuestro Padre para salvarnos! esto si es una prueba de amor por la familia, que el Hijo predilecto diera todo por la liberación de todo el núcleo familiar. Por esto la pascua es fiesta familiar, porque el Padre misericordioso movido por el amor ha enviado a su Hijo para traer a los hogares la verdadera felicidad, Cristo, la verdadera gloria que inunda de gozo los hogares.
La pascua siempre ha sido una celebración festejada por las familias, Porque fueron familias completas las que fueron liberadas de la opresión de los egipcios, fueron familias las que experimentaron la salvación de Dios, esas familias fueron las que comenzaron a celebrar este acontecimiento de liberación, es la familia el testigo fiel de las proezas del Señor, por eso se engalana en su conmemoración. Ahora, si pudiera yo preguntar a muchas madres o padres de familia ¿Dios ha hecho algún milagro en tu familia? Seguramente comenzarías a narrarme muchos acontecimientos donde Dios te ha escuchado y ha hecho maravillas. En nuestro caminar como seminaristas hemos escuchado a muchas madres contar cómo Dios sanó a su hijo (a) de una enfermedad en los primeros días de vida, o cómo en el vientre materno su hijo (a) se sanaba de malestares que podían poner en riesgo su vida. Son muchas las mamás que han realizado promesas a Nuestra 19Madre del Cielo pidiendo la sanación de sus hijos, y muchas de ellas han experimentado el poder sanador de Dios Todopoderoso.
En fin… Dios ha sido el Dios de la familia, El en toda la historia ha optado por intervenir y proteger la familia,  por esto el núcleo familiar celebra esta fiesta de pascua, porque es un momento para recordar, actualizar y agradecer las proezas de Dios. Vivir la pascua, es vivir en familia…
Dios en su designio de salvación quiso constituir en el comienzo de la humanidad una familia, creo Adán y Eva, hombre y mujer, para que la comunidad de amor, iguales en dignidad, al lado de sus hijos, fueran administradores de todo lo que Él había creado. Vino el pecado y dividió la armonía en la familia, desde entonces los hogares se veían envueltos en pesares, llanto, dolor, desesperación ¡cuánto anhelaban estas familias algo o alguien que les ayudará a recuperar esa felicidad que se había perdido¡ imaginémonos con cuánto fervor pedían estas familias a Dios la solución a sus problemas, con cuántas lágrimas en los ojos rogando a Dios la conversión de su marido o la conversión de una hijo que andaba en malos pasos… este era el ambiente vivido al interno del hogar. ¿Se quedaría Dios quieto ante tal necesidad? No, Dios es su infinita misericordia mira con amor a la humanidad sufriente y toma una decisión salida de lo más profundo de sus ser, envía a su Único Hijo para liberarnos de las ataduras del mal, liberarnos del pecado, del odio, del rencor, de la envidia, de los celos, de la inconformidad, de la infidelidad, del maltrato, de la grosería, en fin, de todos los males que perturban y golpean las puertas de los hogares.
¿Creen ustedes que ante tal noticia el sentimiento fue de tristeza? No, claro que no. fue la alegría más grande, el mundo estaba de fiesta, había llegado lo que tanto se esperaba, el Salvador, aquel que iba a llegar a sanar y llenar de felicidad el ambiente familiar, iba a nacer la solución al pecado, la división, el rencor y demás males que aquejaban al hombre. Por todo lo anterior, es la pascua una vivencia en familia, porque fue ella la principal beneficiada del misterio pascual. Entonces ¿Cuál sería la actitud de una familia en este tiempo pascual? Sería la actitud de acogida.
Familia, ya Jesús ha resucitado, corresponde ahora abrir las puertas de nuestros hogares para que el salvador entre y se quede en nuestro hogar, de tal manera que podamos vivenciar más el amor y la solidaridad familiar.
Vivir la pascua es sacar pequeños espacios en la sala o en el comedor para compartir las alegrías, tristezas y esperanzas, es sentarnos y perdonar las ofensas que en algún momento de crisis surgieron, es decirnos en la mañana un te quiero, un te extraño, un Dios te bendiga, es valorar cada integrante en la familia, en fin… es sacar espacios concretos para el compartir familiar.
Mis queridos hermanos por eso la semana santa no terminan con la vigilia pascual, sino es un comienzo donde se reconoce al “Rey” como lo decían sus discípulos cuando lo recibieron a la entrada de Jerusalén, entre a nuestras vidas y trasforme nuestros hogares. Ahora, al encontrarnos en un mundo donde todo lo queremos fácil, sin sacrificio, donde la vida se vuelve rutinaria, donde el activismo lleva al hombre a no conformarse con nada; no podemos desconocer que ciertamente la familia se ha visto involucrada en estas corrientes y pensamientos que lo único que buscan no es otra cosa más que robar la tranquilidad y fraternidad en la familia. Ante esta realidad por la cual atraviesa la familia, podría alguno llegar a pensar que las familias que viven en las mejores condiciones, lujos y comodidades, son las que en cierto modo viven plenamente puesto que “lo tienen todo”. Ante una situación como esta en donde son muchos los que se sienten inconformes de no tener lo que hoy el mundo nos ofrece (placer, tener, poder), a veces buscamos la solución a tal situación en lugares y personas equivocadas, esperando tener en nuestras
vidas la “felicidad” que nos ofrece el mundo.
El Apóstol San Juan bien lo expresa en su Evangelio (Jn 14, 6), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Démonos cuenta con esta primera cita Bíblica cómo el mismo Jesús se presenta no solo como el único y verdadero camino; sino también, como aquel generador de vida.
No lleguemos a pensar que por haber vivido una Semana Santa alegre, solemne, esperanzadora, de ahora en adelante todo será un cuento de hadas. Por el contrario, Con todo esto que se ha dicho, hay un elemento de tipo antropológico que no podemos desconocer en la vida de todo hombre; y más aún, en la vida familiar. El aspecto al cual se hace referencia es el aspecto en donde cada familia está acompañada por las dificultades diarias por las cuales toda familia atraviesa, sean de tipo económico o material. El Papa, bien lo ha dicho en su discurso dado a las familias en Filadelfia, en donde claramente expresa: “En la familia hay dificultades, en las familias discutimos, en la familia a veces vuelan los platos. En las familias los hijos traen dolores de cabeza. No voy a hablar de las suegras, pero en las familias siempre, siempre hay cruz; siempre. Porque el amor de Dios, el Hijo de Dios, nos abrió también
ese camino. Pero en las familias también después de la Cruz hay Resurrección, porque el Hijo de Dios nos abrió ese camino. Porque la familia, perdónenme la palabra, es una fábrica de esperanza, una fábrica de vida y  resurrección, pues Dios fue quien abrió ese camino. Y los hijos, los hijos dan trabajo. Nosotros como hijos dimos trabajo.
Otro elemento que quisiéramos tratar en este artículo, y que tiene que ver sin duda alguna con la familia, es la atención que debemos tener por los niños y los ancianos; ya que ellos son ciertamente un tesoro para la Iglesia por razones muy lógicas para la misma sociedad. Ciertamente los niños aunque parezcan seres indefensos y poco útiles, son la esperanza de la Iglesia; del mismo modo, los ancianos, aunque ya parezcan una carga para la misma sociedad, ellos se convierten en la memoria de la misma familia, es a ellos a quien les debemos la transmisión de la Fe, prodigiosa de un pueblo y de una sociedad.
Muy queridas y amadísimas familias de nuestra Diócesis de El Espinal, para concluir este espacio que se nos ha sido dado a quienes nos formamos en el corazón de la Diócesis; es decir, el seminario, queremos animarles a cada una de sus familias para que cada día se renueven de la gracia de Dios que se nos ha sido confiada y dada por aquel que muriendo en la Cruz resucito para el perdón de los pecados, vivan la misericordia infinita en este año jubilar de la misericordia en donde es el mismo Dios quien se nos da por su infinito amor. Queremos finalizar este artículo con las palabras del Papa: “nunca terminenel día sin hacer la paz en la familia;ya que en la familia no se puede terminar el día en guerra”.

JUAN GABRIEL RIAÑO ORJUELA
Y JONATHAN COLLAZOS VERA
Estudiantes de IV año de teología

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