Domingo 29 de Mayo de 2016 Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Solemnidad)

Primera Lectura Génesis 14:18-20 Que esta solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo nos acerque a todos al encuentro con Jesús Eucaristía y que el Señor nos regale siempre sus sacerdotes para disfrutar de su presencia real entre nosotros, como lo ha hecho desde el Antiguo testamento: “Entonces Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo, y le bendijo diciendo: «¡Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de cielos y tierra, y bendito sea el Dios Altísimo”.

Gracias al regalo del Sacerdocio tenemos acceso al goce y disfrute del cuerpo, Sangre y Divinidad del Señor.

Salmo Responsorial Salmo 110:1-4 El Salmo indica que por el poder del Señor, todos nuestros enemigos serán puestos bajo el estrado de tus pies. Los enemigos más grandes del Cristiano son el mundo, la carne y el demonio, los cuales sólo pueden ser combatidos por la sangre de Cristo.

En esta solemnidad elevamos una oración por todos los sacerdotes ordenados, para que su presencia y su ministerio haga presente a Cristo Eucaristía y para que respondan siempre a su vocación sacerdotal, donde todos los ­fieles puedan decir de cada sacerdote con el Salmista: «Tú eres por siempre sacerdote, según el orden de Melquisedec.

Segunda Lectura I Corintios 11:23-26 Las palabras del Apostól Pablo nos remonta al Jueves Santo en la celebración de la Cena del Señor, cuando reunido con sus discípulos, alzando los ojos al cielo tomo el Pan y el Cáliz y pronunció las palabras de consagración: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío. Asimismo también la copa después de cenar diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío. Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga”.

Cada Sacerdote, por mandato de Cristo y de la Iglesia tiene la facultad y la potestad de conmemorar tan alto y grande Sacri­cio Eucaristíco, por ello, el sacerdote no actua por su propia cuenta, en ese momento es otro Cristo.

Que la presencia de Jesús Eucaristía permeé el corazón de cada uno de nosotros para entender su grandeza y significado y para trasmitirlo y contagiarlo a los que la desconocen o no le prestan su importancia.

Evangelio Lucas 9:11-17 El Evangelio que nos trae en la ­esta del Cuerpo y Sangre de Cristo, muestra su rostro misericordioso acogiendo a todos los que se acercan a El, hablándoles del Reino de Dios, curando a los enfermos y dándoles de comer, iniciativa que es del mismo Jesús al ver que la gente estaba con hambre y en descampado. El número de hombres que estaba escuchando a Jesús era signi­ficativo, cinco mil y a todos les calma el hambre con cinco panes y dos peces y sobrando doce canastas.

La oración que Jesús hace al padre es una enseñanza de fe, confi­anza, gratitud y amor. “Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente”.

Sin duda alguna, la multiplicación de los panes y de los peces es el preanuncio del milagro Eucarístico que realizaría el Jueves Santo en la última Cena, regalo que dejaría a su Iglesia antes de volver a su Padre. Por ello la Eucaristía es el preciado alimento espiritual del Cristiano, pues quien como su carne y bebe su sangre vivirá eternamente y el Señor lo Resucitará en el último día. Que el conocimiento y la vivencia de tan sublime milagro nos conduzca a amar la Eucaristía y valorar las visitas a Jesús Eucaristía en el Sagrario.

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