Domingo 8 de Mayo de 2016 Ascensión del Señor (Solemnidad)

Primera Lectura Hechos 1:1-11 – En esta solemnidad de la ascensión del Señor se nos invita a contemplar la gloria de Dios, cosa que podemos hacer cuando entremos en re‑exión espiritual, en oración y contemplación, cuando aceptemos a Cristo como nuestro Salvador, cuando busquemos el Reino de Dios y permitamos que el espíritu Santo actúe en nosotros.

Que cada uno de nosotros, con la fuerza de la acción del Espíritu Santo seamos testigos de la resurrección, del perdón y de la vida Eterna para poder contemplar en esta vida la presencia de la gloria de Dios y después, gozarla en el cielo. 

Salmo 47:2-3, 6-9 El salmo nos invita a dar gracias a Dios, a aclamarlo y bendecirlo, porque él es el Rey y Señor grande en los cielos y en la tierra.

A nosotros nos cuesta dar gracias porque nos quejamos de todo, no valoramos lo que tenemos, ni la salud, ni la familia, ni la vida, ni el trabajo. Nos hemos quedado sumergidos sólo en lo negativo que nos ha pasado y no en lo bueno, por ello el lenguaje común es de renegar, blasfemar, criticar, pelear, en una palabra vivir quejándonos de todo.

Que la festividad de la ascensión del Señor cambie nuestra vida, que nos lleve a contemplarlo a El y de esta manera dar gracias a Dios y a la vida por todo lo bueno que tenemos. Somos el milagro más grande del mundo, por ello estamos llamados a ser felices y a dar gracias a Dios por todo.

Segunda Lectura Efesios 1:17-23 El encuentro con Jesucristo, dador de la vida, nos regala el Espíritu de gracia y sabiduría, de revelación, de amor y de paz y nos ilumina el corazón para que conozcamos cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados por él; para ser santos como nuestro Padre es santo, don que da a todos los creyentes, a todos los que lo aman, lo siguen y proclaman su grandeza.

Que cada uno de nosotros, habiendo experimentado la presencia de Cristo Resucitado en nuestra existencia, colocados bajo sus pies, lo coloquemos a él como nuestra cabeza, comprendiendo que en su presencia se encuentra la plenitud del que lo llena todo.

Evangelio Lucas 24:46-53 La experiencia de la ascensión cambio la vida de los discípulos, así lo narra el Evangelista san Juan: “Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios”.

Nosotros vivimos alejados del templo, de las cosas de Dios, vivimos tristes, estresados, aburridos y amargados, porque no hemos tenido.

“la experiencia del amor de Dios, porque nos cuesta creer en la vida Eterna, en el cielo, en el premio. Que al celebrar ésta solemnidad de la ascensión del Señor, cada uno de nosotros le abramos las puertas de nuestro corazón a la trascendencia, a la misericordia del Señor, con la certeza que cambiará nuestra vida, habrá paz, gozo y alegría”.

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