LA MUJER MARAVILLA Rector FUNDES. O LA MARAVILLA DE MUJER

A ninguna mujer se le ha enseñado a ser madre, pero cada una va encontrando en medio de sus esfuerzos el camino para establecer ese lazo tan fuerte y vinculante, que, a pesar de los desaciertos, para cada hijo la mamá perfecta existe (bueno, al menos por un tiempo), para cada hijo la propia madre es la mejor de todas, y gracias a ese lazo afectivo, en ella se encuentra sosiego, confianzaanza, protección, credibilidad…

¿Cómo mejorar este lazo con los hijos? ¿Cómo sacarle mayor provecho a los esfuerzos como mujer que debe ser al mismo tiempo ama de casa, trabajadora, esposa, vecina, hija… entre tantos otros roles …?

No es necesario dar las tres vueltas y transformarse en la heroína de los dibujos animados y salir como la mujer maravilla a hacer acciones extraordinarias, a continuación, trataremos de mostrar algunos de los elementos que, sin ser una fórmula mágica, ciertamente ayudan a darle un sentido práctico a esta labor de la maternidad encaminado hacia el respeto mutuo.

Ser buen ejemplo de respeto: de nada valen las tantas enseñanzas de palabra, la cantaleta y el regaño, si las propias acciones de la madre no le generan autoridad moral para vivenciar el respeto.

Clarificar los Límites: Es imprescindible que, como madre, los límites sean claros, sin rayar en la sobreprotección, pero tampoco irse al otro extremo de igualarse al nivel de los hijos, con la excusa de querer ser “la mejor amiga de mi hija”, ambas se infantilizan, hace falta la gura adulta que marque no solo el sendero sino el ritmo del camino, los hijos esperan de la madre la experiencia, la responsabilidad, la guía y orientación propia de quien los va a proteger; no esperan de la mamá una amiguita tan inexperta como ellos.

familia1Educar sus sentimientos: El poder expresar sus sentimientos permite saber cómo comprender mejor la situación que están pasando y dar el paso posterior a la autorregulación de tal expresión de sus emociones. No es solamente enseñarles a reconocer lo que sienten, es enseñarles a expresar de modo aceptable eso que están sintiendo; nuevamente aquí lo primero es el buen ejemplo de los adultos.

Esforzarse por animarlos: resulta esencial que los hijos sientan el respaldo de los adultos para que pueda luchar por alcanzar sus proyectos y sueños, entusiasmarlos para que intenten cosas nuevas, que los anime cuando encuentran dificultades para realizar alguna tarea, que los motive para no tirar la toalla tan pronto y ser persistentes y constantes en la vida.

Pasar tiempo con ellos: este es un tema realmente espinoso en nuestros días, muchas madres de familia deben salir a trabajar y no es fácil cumplir con este punto. Pero no se trata tanto del tiempo que la madre está en casa y los niños frente al tv, sino la calidad del tiempo que se comparte, supervisar las tareas, compartir las preocupaciones y los logros, hacer alguna actividad recreativa con ellos, esto no requiere mucho esfuerzo ni dinero, actividades sencillas que fortalecen el vínculo afectivo y la confianza, leerles un cuento antes de dormir, orar con ellos antes de comer, escucharles con atención sobre la tarea en el colegio…

Fomentar la confianza: Es necesario un nivel adecuado de comunicación a la edad de los niños, la mamá no puede pretender transformar al niño en su condente o en el paño de lágrimas ni en el muro de las lamentaciones de su vida. Hay que escucharlos, dar las directrices generales, que no sientan imposición directa ni humillación, hay que aconsejarlos, pero con sutileza.

Ayudar a acrecentar su fe: Este en cambio, es un punto lleno de malentendidos, se piensa que al ser el niño de corta edad resulta muy difícil acercarlo a Dios, en cambio, los niños por su inocencia y apertura al mundo están llenos de fe. Una de las tareas más satisfactorias de la madre es acercar a sus hijos a Dios y a la Iglesia de manera progresiva, explicarles con tranquilidad la celebración, hablarles de Dios de acuerdo a las vivencias familiares, conversar con ellos a la salida de misa sobre la explicación del evangelio, hacer prácticas religiosas en casa como conservar el altar familiar y orar allí con ellos.

Afianzar costumbres de encuentros familiares: resulta muy conveniente que se establezcan momentos especiales de celebración y participación con ellos, por ejemplo, semanalmente el sábado ayudan a cocinar el plato favorito, el viernes en la noche hacen noche de juegos de mesa, una vez al mes hay una salida familiar a visitar un familiar de una ciudad vecina….

Afortunadamente no existe un manual para ser la mujer maravilla, pero si se da oportunidad de ponerle sentido común y creatividad al amor que siente por los hijos, ciertamente llegará a perfeccionar el arte de irse transformando en esa maravilla de mujer que tiene como misión tan importante en la vida: ser madre.

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