Domingo 1 de Mayo de 2016 VI Domingo de Pascua

Oración por todos los sacerdotes ordenados, para que su presencia y su ministerio haga presente a Cristo

Domingo 1 de Mayo de 2016 VI Domingo de Pascua

Primera Lectura Hechos 15:1-2, 22-29  La primera lectura de este sexto domingo de pascua, nos muestra el interés para que todos los cristianos vivan su fe sin preocupaciones, discusiones ni dudas y para ello envían a Judas y Silas, para que en nombre de su comunidad subieran a Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros para que ellos les dé las directrices de su doctrina, para vivir la unidad de la doctrina y así no apartarse de ella por interpretaciones distorsionadas.

Todos nosotros estamos llamados a vivir la unidad y la sana doctrina, unidos siempre al Papa y al magisterio de la Iglesia. No nos dejemos confundir de aquellas personas, grupos ideológicos o cristianos separados que se apartan de la doctrina de la Iglesia católica y que quiere apartarnos también a nosotros.

Salmo Responsorial Salmo 67:2-3, 5-6, 8 Al igual que el salmista, elevemos al Señor nuestras oraciones y pidámosle con fe y entrega que tenga piedad de nosotros, que nos bendiga, que su rostro brille sobre nosotros, para conocer sus caminos, ser salvos y conservar siempre la alegría en el Señor. 

Todos estamos llamados a dar gracias a Dios, a sentir temor de ofenderlo y a permanecer unido a él en el amor.

Segunda Lectura Apocalipsis 21:10-14, 22-23 Cuando estamos anclados en el mundo, es difícil entender, comprender y vislumbrar la grandeza de la vida eterna, sólo cuando demos el paso al cambio, a la conversión, a la trascendencia y al encuentro con Cristo sentiremos la gloria de Dios, comprenderemos el cielo nuevo y la tierra nueva, sentiremos que seguir y amar a Cristo nos hace participes para entrar por la puerta verdadera y los ángeles y arcángeles nos ayudará a dar gloría, honor y honra al cordero inmolado y sin mancha. 

La presencia del Espíritu Santo iluminará nuestro espíritu para entender tan sublime misterio de la vida Eterna.  Acojámonos al Señor.

Evangelio Juan 14:23-29 El evangelio de este domingo nos confronta sobre la vivencia y compromiso de guardar su palabra, la cual se refleja en el amor: “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado”.

Pero lo maravilloso de este evangelio es la promesa que Jesús nos hace: El regalo del Espíritu Santo: “Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Qué el espíritu Santo que Jesucristo nos regaló por medio de la Iglesia el día del Bautismo y que nos lo confirmó a plenitud en el Sacramento de la confirmación y que nos lo renueva en la vivencia de cada sacramento, nos permita y permita a las familias y a la sociedad en general vivir el preciado don de la paz, regalo que recibimos de las tres Divinas personas. “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo”.

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