Con mi bendición, y “para mayor gloria de Dios”.

Julio se caracteriza, entre nosotros, por ser un mes mariano. El dieciséis, se celebra la fiesta de Nuestra Señora la Virgen del Carmen; se hace la novena y se preparan actividades especiales promovidas no solamente por las parroquias que están bajo el patrocinio de Nuestra Señora, sino también por la mayor parte de las parroquias de nuestra diócesis del Espinal. Muy buena oportunidad para recordar doctrina mariana, expuesta por el Magisterio de la iglesia a lo largo de la historia. El concilio Vaticano segundo en el capítulo octavo de la constitución dogmática Lumen Gentium, nos presenta a la Santísima Virgen María, como Madre De Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de ella como Madre de Cristo (437), nos habla de su fe(148ss), de su vida(484,490ss), de María y de la Iglesia(963ss) y nos la presenta como nueva Eva(411,726).

En el documento de Aparecida (554) los Obispos de América Latina, piden que guiados por María Santísima, fijemos137 los ojos en Jesucristo, autor y consumador de la fe. El Papa Francisco, este año Santo ha sido insistente en que la contemplemos como Madre de Misericordia. Mucha, muchísima doctrina podemos encontrar en los documentos de la Iglesia que nos hablan de la Siempre Virgen María. Acerquémonos a ella en actitud humilde en estos días en que la contemplamos como Nuestra Señora del monte Carmelo y recordemos sus bendiciones. Es Patrona de las fuerzas armadas, de los transportadores y de los comerciantes. Su nombre viene del monte Carmelo, en Israel o Tierra Santa.

A este monte se retiraba a orar el profeta Elías. Allí desde hace varios siglos se reunieron muchos monjes a rezar y hacer penitencia, y la gente los llamaba los Carmelitas. Estos monjes le tenían gran devoción a la Virgen Santísima y le erigieron un templo en esa hermosa montaña. Entre los monjes más famosos está San simón Stock. Dice la tradición que el 16 de julio (de 1251) la Santísima Virgen se le apareció y le prometió conceder ayudas muy especiales a quienes lleven el santo escapulario como un acto de cariño y devoción. Muy pronto empezaron a notarse por todas partes las bendiciones y ayudas: Incendios que se detenían. Inundaciones que se calmaban; tentaciones que se alejaban. Pecadores que se convertían.

Antiguas tradiciones narraban que la Santísima Virgen había prometido visitar en el purgatorio a sus devotos, el sábado próximo a la muerte de ellos y concederles descanso. Por eso la devoción a la Virgen del Carmen está muy ligada a la devoción a las benditas almas. Que Nuestra Señora del Carmen siga protegiendo a nuestro pueblo, a nuestra querida diócesis del Espinal, le consiga la gracia de llegar a la santidad. Con mi bendición, y “para mayor gloria de Dios”.

Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo del Espinal

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