DOMINGO 3 DE JULIO DE 2016

XIV DOMINGO ORDINARIO

«LA MIES ES MUCHA, Y LOS OBREROS POCOS. ROGAD, PUES, AL DUEÑO DE LA MIES QUE ENVÍE OBREROS A SU MIES”

ISAÍAS 66:10-14:

Ante el dolor y la angustia, la sole- dad y la impotencia, al hombre le que- da como última esperanza la gracia y la ayuda Divina, la cual da gratuita- mente a todos, pero de manera espe- cial, a aquel que sin condicion alguna le abre el corazón y se abandona en su presencia. Así lo deja entender el pro- feta Isaias: “Mirad que yo tiendo hacia ella, como río la paz, y como raudal desbordante la gloria de las naciones, seréis alimentados, en brazos seréis llevados y sobre las rodillas seréis aca- riciados. Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré”.

Todos estamos necesitados del consuelo Divino porque en el cami- nar de la vida se han recibido desprecios, injurias, abandono, desilusiones, heridas que sólo pueden ser sanadas cuando aceptamos a Cristo en el corazón.

SALMO 66:1-7, 16, 20

Un corazón agradecido sabe con- templar, admirar y agrader la gran- deza del Señor, tiene la capacidad de arrodillarse ante él y confesar su nom- bre, sabe entender que de Dios viene y a él vuelve y que todo lo que es y será, es por bondad del El.

Que al reflexionar en tan maravillo- so texto: “Venid a oír y os contaré, vo- sotros todos los que teméis a Dios, lo que él ha hecho por mí. ¡Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi oración ni su amor me ha retirado”; podamos, desde la intimidad del corazón, ex- perimentar la grandeza de su amor y proclamar la grandeza de su amor.

GÁLATAS 6:14-18

El encuentro con Jesús cambia los paradigmas de la vida. Así lo contem- plamos en la figura de Pablo, que des- pués de su conversión su único ahnelo era gloriarse en la Cruz de Cristo. Para pablo sólo cuenta ser una criatura nueva, la cual se consigue sólo por la misericordia del Señor y la acción del Espíritu Santo, trayendo consigo des- preocupacion de las cosas del mundo, alegría, paz y tranquilidad.

La frase del Apostol Pablo: “En ade- lante nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo las señales de Jesús”, es digna de inmitar y de tenerla como

programa de vida. De esta manera se- remos testigos del Evangelio en cual- quier lugar del mundo y nada ni nadie nos apartará de su presencia.

LuCAS 10:1-12, 17-20

El Señor Jesús, hoy, al igual que a los 72 nos envía a anunciar a los hom- bres el Reino de Dios, para que prepa- ren el corazón al encuentro definitivo con él, cuya morada definitiva es la vida eterna; y lo hace en pleno siglo veite, en medio de la tecnología y el modernismo, de la usencia de un Dios que los ama, y de un abandono de las practicas de nuestra Religión.

Hoy, al igual que ayer, Jesús nos dice: “La mies es mucha, y los obre- ros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Que nuestra respuesta sea positiva y que no tengamos miedo al mundo, al desprecios, a su astucia, a la pobreza; confiemos en la promesa del Señor: “Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. En la casa en que entréis, decid primero: Paz a esta casa, y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros”.

Si bien es cierto, que el obrero me- rece su salario, su alegría y recompen- sa principal y definitiva es que nues- tros nombres estén escritos en los cielos. Así nos lo deja ver el que nos ha llamado a trabajar en su viña: “Mi- rad, os he dado el poder de pisar so- bre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os

podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres es- tén escritos en los cielos”.

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