LA IGLESIA REJUVENECE,CARTA IUVENESCIT ECCLESIA

LA IGLESIA REJUVENECE,CARTA IUVENESCIT ECCLESIA.

El 14 de Marzo del 2016, el Papa Francisco ordenó la publicación de la carta IUVENESCIT ECCLESIA, ( La Iglesia Rejuvenece) a la Congregación para la doctrina de la fe. Este documento tiene la intención de recordar, la relación entre «dones jerárquicos y carismáticos », aquellos elementos teológicos y eclesiológicos cuya comprensión puede favorecer una participación fecunda y ordenada de las nuevas agregaciones a la comunión y a la misión de la Iglesia.
La carta consta de una introducción; cinco apartados y una conclusión. Sintesis

INTRODUCCIÓN: La Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio y el Espíritu continuamente la renueva, edi ficándola y guiándola «con diversos dones jerárquicos y carismáticos. El Concilio Vaticano II ha subrayado en repetidas ocasiones la maravillosa obra del Espíritu Santo que santifica al Pueblo de Dios, lo guía, lo adorna con virtudes y lo enriquece con gracias especiales para su edificación.

I.EL CARISMA DE ACUERDO CON EL NUEVO TESTAMENTO
Los carismas son dones especiales que el Espíritu distribuye «como él quiere» (1Co 12, 11). Para dar cuenta de la presencia necesaria de los diferentes carismas en la Iglesia. Los dos textos más explícitos (Rm 12, 4-8; 1Co 12, 12-30) usan la comparación con el cuerpo humano: «Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros. Conforme a la gracia que Dios nos ha dado, todos tenemos aptitudes diferentes. El que tiene el don de la profecía, que lo ejerza según la medida de la fe»

II. LA RELACIÓN ENTRE DONES JERÁRQUICOS Y CARISMÁTICOS EN EL MAGISTERIO RECIENTE
«El Espíritu guía la Iglesia a toda la verdad (cf. Jn 16, 13), la unifica en comunión y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos (cf. Ef 4, 11-12; 1Co 12,4; Ga 5,22)». Por lo tanto, los carismas auténticos deben ser considerados como dones de importancia irrenunciable para la vida y para la misión de la Iglesia. Es constante, en la enseñanza conciliar, el reconocimiento del papel esencial de los pastores en el discernimiento de los carismas y en su ejercicio ordenado dentro de la comunión eclesial.

III. BASE  TEOLÓGICA DE LA RELACIÓN ENTRE DONES JERÁRQUICOS Y CARISMÁTICOS
Con el fin de comprender las razones subyacentes de las relaciones coesenciales entre dones jerárquicos y carismáticos es oportuno recordar su fundamento teológico. De hecho, la necesidad de superar cualquier confrontación estéril o extrínseca yuxtaposición entre los dones jerárquicos y carismáticos, se exige por la misma economía de la salvación, que incluye la relación intrínseca entre las misiones del Verbo encarnado y del Espíritu Santo. Los dones jerárquicos y carismáticos, por lo tanto, aparecen unidos en referencia a la relación intrínseca entre Jesucristo y el Espíritu Santo. El Paráclito es, al mismo tiempo, quién extiende eficazmente, a través de los Sacramentos, la gracia salvadora ofrecida por Cristo muerto y resucitado, y quién otorga los carismas.

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IV. LA RELACIÓN ENTRE DONES JERÁRQUICOS Y CARISMÁTICOS EN LA VIDA Y MISIÓN DE LA IGLESIA
Es en la Iglesia, en efecto, que los hombres están llamados a ser miembros de Cristo y es en la comunión eclesial que se unen en Cristo, como miembros unos de otros. La comunión es siempre «una doble participación fundamental: La incorporación de los cristianos en la vida de Cristo, y la circulación de la misma caridad en toda la unión de los  fieles, en este mundo y el siguiente. La unión con Cristo y en Cristo; y la unión entre los cristianos, en la Iglesia. El Bautismo, en estrecha unión con la Con formación, es la puerta y el fundamento de la comunión en la Iglesia. La Eucaristía es la fuente y cumbre de toda la vida cristiana (cf. Lumen gentium, 11)». Estos sacramentos de la iniciación son constitutivos de la vida cristiana y en ellos descansan los dones jerárquicos y carismáticos.

V. PRÁCTICA ECLESIAL DE LA RELACIÓN ENTRE DONES JERÁRQUICOS Y DONES CARISMÁTICOS.
La práctica de la buena relación entre los diferentes dones en la Iglesia requiere la inserción activa de la realidad carismática en la vida pastoral de las Iglesias particulares. Esto implica, en primer lugar, que las diferentes agregaciones reconozcan la autoridad de los pastores en la Iglesia como realidad interna de su propia vida cristiana, anhelando sinceramente ser reconocidas, aceptadas y eventualmente purificadas, poniéndose  al servicio de la misión eclesial. Con respecto a la difusión y peculiaridades de las realidades carismática se tendrá que tener en cuenta la relación esencial y constitutiva entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares.
Es necesario en este sentido reiterar que la Iglesia de Cristo, como profesamos en el Credo de los Apóstoles, «es la Iglesia universal, es decir, la universal comunidad de los discípulos del Señor, que se hace presente y operativa en la particularidad y diversidad de personas, grupos, tiempos y lugares.El actual Código de Derecho Canónico prevé diversas formas jurídicas de reconocimiento de las nuevas realidades eclesiales que hacen referencia a los dones carismáticos. Tales formas deben considerarse cuidadosamente, evitando situaciones que no tenga en adecuada consideración ya sea los principios fundamentales del derecho que la naturaleza y la peculiaridad de las distintas realidades carismáticas.

CONCLUSIÓN:
MIRAR AL MODELO DE MARÍA: Ella era perfecta en la acogida y en el hacer fructificar las gracias singulares de las cuales fue enriquecida de manera sobre abundante por la Santísima Trinidad; en primer lugar, la gracia de ser la Madre de Dios. Todos los hijos de la Iglesia pueden admirar su plena docilidad a la acción del Espíritu Santo; docilidad en la fe sin  fisuras y en la límpida humildad. María da testimonio plenamente de la obediente y  el aceptación de cualquier don del Espíritu. Además, como enseña el Concilio Vaticano II, la Virgen María «con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz.

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