A mi abuelita, Soledad Moreno de Aguirre

Los tiempos de Dios son perfectos. Han sido días muy difíciles en donde la familia se unió, aferrándose a una esperanza que al pasar de las horas se fue diluyendo, y la llamita de luz lentamente se fue apagando… se fue apagando hasta que la espantosa tiniebla de la muerte fue inevitable.

Nos humillaste muerte…
en el dolor, en la tristeza.
Nos humillaste muerte…
en la angustia, en la agonía.
Nos humillaste muerte…
aún en medio de nuestra esperanza,
te burlaste de nosotros.

La impotencia del ser humano frente a tu espantosa mirada, finalmente fue inevitable. Pero no creas muerte que has vencido. No creas muerte que dañaste nuestro día de la madre. No creas muerte que venciste. No creas que tu espantosa presencia nos ha quebrado la fe. No pienses muerte que olvidamos que en este hermoso tiempo de Pascua y justo en la solemnidad de la Ascensión, el Pastor Eterno recibió en sus brazos el alma de nuestra madre y abuela. No pienses muerte que has vencido. La esperanza en la Resurrección nos levanta del dolor y nos invita a seguir caminando ahora con más gozo, conscientes que algún día nuestro Buen Pastor nos dará a cada uno ese abrazo de eternidad del que nuestra madre y abuela disfruta ya.

No pienses muerte que has vencido, mucho menos que has acabado al amor. 19 días de agonía nunca podrán destruir toda una vida de entrega, dedicación, de educación y de ejemplo. Fue en el vientre de esta madre que el Dios de la vida sembró el comienzo de nuestra historia, y a través de ella aprendimos la fe, el respeto y el profundo amor por nuestro Señor Jesucristo y por su Santísima Madre, la Virgen María. Nos humillaste muerte, nos hiciste vivir nuestro viernes santo… y duele mucho llevar esta corona de espinas. Pero no venciste muerte, y hoy en nombre de mi familia doy Gloria a Dios por este Calvario que nos tocó vivir. Sólo quien pasa por la cruz y por el sepulcro podrá entonces encontrar la luz de un Domingo de Pascua, luz que nunca nadie podrá apagar.

Nos humillaste muerte, pero nunca conocerás la victoria. Nuestra madre y abuela, Soledad Moreno de Aguirre sigue viva. Sepultamos el cuerpo, no la persona. Su presencia, sus enseñanzas, la fe que nos transmitió siguen palpitando en el corazón de sus hijos, nietos y bisnietos. El tiempo en este mundo se acaba, es inevitable, pero el amor de una madre no muere jamás. Cristo fortalece nuestra fe, nos devuelve la esperanza y hace que el amor florezca nuevamente. En el día de las madres, ningún regalo que en este mundo pudiéramos ofrecerte se podía comparar con el gran regalo de la vida eterna que Nuestro Señor te dio. Gracias Señor por nuestra madre y abuela.

Gracias Señor por la vida. Gracias Señor por darnos a la Santísima Virgen María. Gracias Señor por tu victoria en el sepulcro. Giovanni Aguirre. Pbro. Mayo 10 de 2016. La familia Aguirre Moreno agradece de todo corazón al excelentísimo Monseñor Orlando Roa Barbosa, a los sacerdotes que concelebraron la Santa Misa y a quienes enviaron sus mensajes de condolencia. De igual manera a todas las demás personas que tuvieron el gesto de Misericordia de acompañarnos en aquel momento de profundo dolor por el fallecimiento de nuestra madre y abuela Soledad Moreno de Aguirre. Dios les pague por su caridad y muestre siempre su rostro misericordioso a todos ustedes, mil bendiciones.

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