Santos del mes de Agosto

01 de agosto:

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA.

San Alfonso María fue un hombre justo y generoso. El joven Alfonso Nace cerca de Nápoles. A los 16 años de edad obtiene los títulos de doctor en ambos derechos, civil y canónico. Pronto abrió su propio bufete y obtuvo gran aceptación entre las clases altas de la sociedad, por sus innegables cualidades. Enseguida se convirtió en un profesional muy cotizado y temido por sus contrincantes en el foro.
Cuanto más profundizaba en los expedientes, más se convencía de que todos sus conocimientos únicamente servían para hacer triunfar la injusticia. Bajo fuertes luchas internas, tomó la resolución de sacrificar su espléndida carrera y dedicarse a quien no se deja corromper, al sapientísimo y justísimo Dios. Esto ocurrió en el año de 1723. Y el 21 de
diciembre de 1726, recibió el orden sacerdotal, después de sólidos estudios teológicos. Libremente se convirtió en padre  espiritual y compañero peregrino de los campesinos, pobres y de los arrendatarios, ya que estas personas
descuidadas necesitaban con más urgencia, según su opinión, el amor de un buen pastor, dispuesto a sacrificar todo por ellos. San Alfonso, con su gran facilidad de palabra y aún más, con su propio ejemplo, entusiasmó a algunos sacerdotes y seglares para que compartieran con él trabajos y privaciones. En la ciudad de Scala, en el año de 1732, se reunieron estos hombres en la congregación llamada del Santísimo Redentor o “Redentoristas”. Su amor a los campesinos y a los pobres quedó más que demostrado cuando lo eligieron para el arzobispado de Palermo. Alfonso María rechazó este ofrecimiento, y sólo por orden del Papa aceptó ser consagrado obispo en un sitio insignificante y pequeño: Santa Agata de Goti. Sus escritos y publicaciones fueron una continuación y ampliación necesarias de su actividad misionera. Él se había jurado no dejar pasar ningún momento sin rezar ni trabajar. Cansado por tantos problemas y casi paralítico por la artritis, pidió que se le concediera retirarse, a los 80 años, de su cargo de obispo.
La Iglesia lo elevó a la dignidad de patrono de los confesores en el año de 1950.

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