“El Señor les bendiga”.

Espero se haya aprovechado al máximo el mes de septiembre, en el espíritu propuesto desde la Conferencia Episcopal de Colombia, con dos motivos: 1. El mes de la Biblia con la fiesta de San Jerónimo patrono de los biblistas; 2. El mes de la paz, con la fiesta de San Pedro Claver y el día de oración por la defensa de los derechos humanos. Este mes de octubre, la Iglesia concentra sus energías en las misiones. Como dice el concilio Vaticano segundo en el Decreto Ad Gentes: “La Iglesia, por exigencia radical de su catolicidad, obediente al mandato de su fundador, se esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres” (AG 1). Los Obispos, como sucesores de los apóstoles, tienen la obligación de perpetuar esta obra, para que la Palabra de Dios se difunda por todas partes y su Reino sea anunciado y establecido en toda la tierra. Los presbíteros colaboradores de los Obispos, las religiosas, religiosos y laicos comprometidos, tienen la tarea de responder efectivamente al mandato del Señor: “Id, pues, predicad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt 28,19-20) “Id por el mundo entero a predicar el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere, se condenará” (Mc 16,15). El Papa Francisco nos recuerda este compromiso en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, así dice: “Todos somos discípulos misioneros. Porque en todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar” (EG 119). “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero… La Nueva Evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados”. (EG 20)

En mi encuentro con los agentes laicos de las parroquias, cuando estuve de visita pastoral, les recordé la importancia de salir a la misión; de no quedarse encerrados en su comunidad, sin proyección. Les recuerdo la tarea, el compromiso no es con el Obispo o con el párroco; la misión es un mandato de Nuestro Señor Jesucristo, en el cual todos estamos empeñados.

¡Qué bueno que en este mes de las misiones se trazaran una meta!, de tal manera que al terminar, en una evaluación madura y objetiva, sin romanticismos dijeran con satisfacción: Quedaron estos frutos que han de madurar para el establecimiento del Reino de Dios en nuestra parroquia, en nuestra iglesia diocesana del Espinal.

Tengamos presente que el domingo 23 de octubre es la Jornada Mundial de las Misiones, por lo tanto, se puede celebrar la Misa por la “Evangelización de los pueblos”. Se nos invita a intensificar la oración por las vocaciones misioneras, por quienes ya están respondiendo a esta tarea, en cualquier lugar del mundo, para que perseveren en el cumplimiento de la misión y por quienes reciben el mensaje. También se sugiere recoger una ofrenda generosa para ayudar a financiar las misiones.

Pedimos por el éxito de esta Jornada a nuestro Padre Celestial, por intercesión de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de nuestra Dió- cesis y de nuestra iglesia Catedral, cuya fiesta estamos celebrando, el 7 de este mes, por ella se denomina octubre: mes del rosario.

Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo del Espinal.

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