Meditar la biblia en familia

En el mundo actual y en particular en nuestra realidad nacional todas las instituciones están siendo tocadas y revolucionadas, pero es la familia, la que más duramente está siendo cuestionada, revalorada y hasta reinventada. Sin duda el mundo de hoy nos presenta en la institución familiar uno de los re153tos más grandes de nuestra época.

En la Animación Bíblica de la Pastoral (ABP), estamos convencidos que el futuro del ser humano (la humanidad y cada hombre cada vez más humanizado) está en la educación de la familia. Miremos en la Biblia, la historia de la creación, para descubrir en ella un sólido fundamento y así Re-edificar nuestra institución familiar.

El hombre exclamó: –¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque la han sacado del Hombre. Por eso el hombre abandona padre y madre, se junta a su mujer y se hacen una sola carne. Gn 2, 23-24

El ADN de la familia. Tres elementos estructurantes de la familia según el texto bíblico: Reconocimiento (acción de distinguir entre uno y otro), Eros (atracción sexual) y Ágape (amor incondicional por el bien del ser amado). El hombre al reconocer a la mujer, se conoce a sí mismo y se da cuenta qué es lo que le faltaba y cómo la mujer es su complemento perfecto (hueso de mis huesos…).

Dicho reconocimiento lleva a abandonar todo para unirse a ella: “eros”; pero tal unión va más allá, hasta el punto de hacerse una sola carne “ágape”, es decir un amor de donación del uno al otro, pero también como apertura a la vida (sólo el hombre con la mujer son Co-creadores de la nueva vida con Dios) y como entrega para el cuidado, protección y desarrollo de esa nueva realidad (reconocimiento + eros + ágape + una nueva vida) que depende totalmente de esa entrega, porque allí donde el eros se hace ágape surge la auténtica familia.

La familia núcleo de las relaciones sociales. Es en el seno familiar, gracias a la unidad de criterios y de fe, donde cada uno de los integrantes de esta nueva realidad (pareja + hijos) aprenden a conocer y a reconocerse a sí mismos y a los otros, aprenden sus roles y van determinando su forma de relacionarse entre sí y con los demás. Proceso al que le llamamos educación. Que hasta hace muy poco tiempo limitábamos como responsabilidad de los padres hacia los hijos, pero que hoy tenemos que reconocer que incluso debemos educar a los padres para ser padres, para que a su vez, éstos puedan educar a sus hijos, pues todos necesitamos crecer en el aprendizaje de ser cada vez más humanizados.

La educación una prioridad familiar y social. Sólo cuando la familia se vuelva una especialista en la educación de cada uno de sus miembros y dicha educación o principios impartidos por ella, logren expandirse y permear en el ambiente social, sólo entonces, podremos llegar a la altura máxima de humanización, al hombre perfecto.

Hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez de la plenitud de Cristo. Ef 4,13

La Biblia, medio de educación. Sin discriminación de sexo o edad cada miembro de la familia está invitado a llegar “al estado del hombre perfecto y a la madurez de la plenitud de Cristo”, pues a Imagen y Semejanza de Nuestro Dios fuimos creados (cf. Gn 1, 26) y El que me ha visto a mí ha visto al Padre, nos dice Cristo (cf. Jn14,9). La Biblia es el instrumento que tenemos más a la mano y el más adecuado (a cualquier hora, en cualquier lugar) para ponernos en contacto con Cristo

“Leer la Sagrada Escritura es pedir consejo a Cristo”
S. Francisco.

Ella es también el mejor medio para encontrarnos con Cristo, conocerlo, amarlo, imitarlo y seguirlo. No podemos seguir desperdiciando este medio, no pueden seguir nuestras Biblias guardadas y empolvadas, debemos leerlas, tenemos que meditar la Palabra de Dios y en familia, si queremos educarnos (todos) para que cambiando nosotros y nuestras familias, cambie también nuestra sociedad.

Juan Carlos Rojas Bustamante,
Pbro. ABP del Espinal

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