Editorial

Poco a poco se acerca el 20 de noviembre, la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, fecha señalada por el Santo Padre Francisco para terminar el año santo de la misericordia.
Entramos en la recta final y ya podemos hacer una evaluación para mirar las luces y bendiciones que a lo largo de los días y meses hemos recibido.

Fundamentalmente el Papa nos ha llamado a ser misericordiosos como el Padre. Lo hemos repetido por todas partes, en muchos eventos de la Iglesia y en distintas circunstancias.
El Papa Francisco nos ha dicho: “La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor que llega  hasta el perdón y al donde sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades,asociaciones y movimientos, en fin, donde quiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia” (MV 12).

Estas palabras tratemos de hacerlas realidad en nuestras comunidades parroquiales. Sí, que nuestras casas curales,salones, despachos y templos parroquiales sean oasis de misericordia.
Por tanto, a todos los debemos acoger llenos de compasión, clemencia, comprensión y amor. No rechacemos a quien nos busca en actitud de arrepentimiento, buscando perdón, reconciliación y una mano amiga que le ayude a ponerse
en contacto con Dios.

No olvidemos lo que dice la Palabra de Dios en el Evangelio: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso” (Lc 6,36). En estos últimos tiempos, especialmente en Colombia se está hablando de paz. Los Obispos en reunión del 13 y 14 de octubre hemos hecho una llamada al Pueblo de Dios, que peregrina en nuestra Patria, para que unamos fuerzas y esfuerzos en la tarea de HACER la paz y de CONSTRUIR la paz. Ser misericordiosos como el Padre es un programa de vida, comprometedor, rico de alegría y de paz.

Somos conscientes que al empeñarnos en hacer y construir la paz, dicha construcción es un continuo quehacer, pues jamás es una cosa del todo hecha como dice el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes número 78. También dicho documento nos apremia a la oración: “Se llama insistentemente la atención a todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad, se unan con los realmente pacíficos para implorar y establecer la paz”. Oremos por nuestro país, no desfallezcamos en este compromiso que mantiene unidos los sentimientos de nuestras comunidades parroquiales, por encima de cualquier partido político, por encima de cualquier posición, por encima de sectarismos, conservemos la unidad en nuestra condición de hijos de Dios, hermanos en Cristo, miembros de la Iglesia.

Oremos a nuestro Padre celestial para que cambien los corazones de los violentos y su palabra se manifieste en Colombia Porque él dice: “En el tiempo propicio de te escuché y en el día de la salvación te ayudé. Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la Salvación” (2 Cor 6,2).

+Mons. Orlando Roa Barbosa Obispo del Espinal

 

 

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