Meditando la Palabra

MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE

¿Qué tan misericordioso es Dios?

Dos ejemplos bíblicos tomaremos como referencia para dar respuesta a la pregunta que encabeza este artículo y saber que tan misericordiosos debemos ser nosotros a ejemplo de Dios. Tomaremos en primer lugar el relato de la entrega de las tablas de la ley (Ex 32 al 34). Después nos fijaremos en Jesús porque Él nos ha dicho: “Quien me ve a mi ve al Padre Jn 14,9.

Veamos el Éxodo: mientras Dios está entregando las tablas de la ley a Moisés, el pueblo encabezado por Aarón se hace y adora un becerro de oro. Se inicia un ferviente y acalorado diálogo entre Dios y Moisés para saber si el Señor caminará en medio de su pueblo para guiarlo por el desierto o lo dejará solo para hacerlo perecer. Cabe decir que desde el primer momento Dios dice que los guiará pero por medio de su ángel, más él no caminará en medio de ellos por el pecado cometido. Moisés insiste fervientemente, suplica, se echa por tierra e intercede por el pueblo (sin embargo al bajar al campamento rompió las tablas, pulverizó el becerro y se lo hizo beber al pueblo). Dios decide ponerse las sandalias, descender del cielo, dejar ver su gloria a Moisés (protegiéndolo con su mano para que no le vea el rostro, y muera Ex 33,22- 23) y caminar delante de ellos.

Y como Dios cumple sus promesas: “El Señor pasó ante él proclamando: el Señor, el Señor, el Dios Compasivo, rico en bondad y lealtad que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados, aunque no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos” Ex 34, 6-7. Si interpretáramos el versículo 7 como una contienda deportiva donde se enfrentan la justicia Vs. la misericordia de Dios -disculpen mi osadía, mas no irreverencia con el texto- El resultado es: Justicia 4 – Misericordia 1.000 Nuestro Dios es por mucho… más Misericordioso que Justo.

El segundo ejemplo bíblico es Jesús… Imagen de Dios Padre. De él nos fijaremos en tres cosas con relación a la misericordia: enseñanzas, parábolas y actitudes. Jesús nos enseña que: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” Mt 5,7; nos ordena: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” Lc 6,36; nos dice: “Misericordia quiero y no sacrificio” Mt 9,13; nos recrimina: “descuidáis lo más grave de ley: la justicia y la misericordia y la lealtad” Mt 23,23.

Nos narra unas parábolas para ilustrar qué es y cómo se practica la misericordia: el hijo pródigo… mejor conocida hoy como el Padre misericordioso Lc 15. El buen samaritano Lc 10, 29-37. El rico y el pobre Lázaro Lc 16, 19-30. El siervo sin entrañas Mt 28, 23-35. El juicio final Mt 25, 31-46.

Pero no sólo dijo sino que también practicó la misericordia, que era parte de sus actitudes hacia los más necesitados y discriminados de la época: “amigo de publicanos y pecadores” Lc 7,34. Sanó, curó, consoló a enfermos y afligidos. Las mujeres hacían parte integral del grupo de discípulos, de su “equipo de logística” para la evangelización y son Las primeras en VER al Resucitado y en ANUNCIARLO Mt 28; Mc 16, 9-10; Lc 24,1-10; Jn 20,11-18. Y en el colmo de su generosidad… nos dejó a su Santísima Madre como nuestra intercesora Jn 19,26-27.

Sin embargo y a pesar de nuestra traición y de haberlo colgado de un madero abandonándolo a su suerte… Jesús Resucitado… también Él se pone las sandalias y sale a nuestro encuentro para caminar con nosotros (Discípulos de Emaús Lc 24, 13-35). El primer regalo del Resucitado para nosotros que lo traicionamos es la Paz (Lc 24,36; Jn 20, 19.21.26). Se hace alimento, Pan Eucarístico, para permanecer con y en nosotros.

Perdónenme si no soy capaz de darle un marcador a esa contienda descrita arriba en el texto del Éxodo, pero es que creo que ya la misericordia rebasó todo límite y es vergonzoso ponerle un marcador. Todo esto es obra del Padre: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” Jn 3,16. Por eso no queda más que decirte en palabras de Jesús: “Ve y haz tú lo mismo” Lc 10, 37.

Juan Carlos Rojas Pbro.

ABP Diócesis del Espinal

 

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