Editorial

Al llegar al final del presente año, en el que hemos ocupado gran parte de nuestras reflexiones, predicaciones, actividades y oraciones en el tema de la misericordia para responder efectivamente a la invitación que el Papa Francisco hizo a la Iglesia universal, debemos elevar un cántico de alabanza y de acción de gracias a nuestro Padre Celestial por tantas bendiciones para el mundo entero y en particular para nuestra Iglesia de el Espinal.

La Puerta Santa se abrió especialmente en San Juan Bautista de Chaparral, en Nuestra Señora de la Candelaria y del Amparo en Purificación, en el Santuario de Nuestra Señora del Carmen de Apicalá y en la Catedral del Espinal, desde el domingo 13 de diciembre del año pasado hasta el 13 de noviembre del presente. Muchos eventos se realizaron en las parroquias para invitar a todos a ganar las indulgencias con motivo de este Año Santo.

Recordar las Obras de Misericordia fue tarea constante de los sacerdotes, religiosas y laicos en general, a lo largo del año. No faltaron las peregrinaciones y jornadas especiales en el espí- ritu del año jubilar. Para la Diócesis, se adquirió la casa donde ha de funcionar el Banco Diocesano de Alimentos, que en la actualidad sirve también para una obra de caridad con adultos mayores y niños necesitados. En una parroquia se inauguró un centro pastoral con el nombre del Señor de la Misericordia y en otra, se abrió una casa para hospedar personas que acompañan al hospital a sus familiares enfermos. En fin, cada comunidad puede hacer la evaluación de lo que ha significado y ha dejado de bueno este Año Santo.

Permítanme transcribir las palabras del Papa Francisco en su documento titulado “El Rostro de la Misericordia” en el número 15, que nos pueden servir como pauta para una evaluación personal: “No podemos escapar de las palabras del Señor y con base en ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo. Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (cf. Mt 25, 31-45). Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de violencia que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia con nosotros; finalmente si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas. En cada uno de estos “más pequeños” está presente Cristo mismo… ‘En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor’.” El Papa también nos recuerda que la misericordia del Señor no tiene fin. Por lo tanto, lo más importante es que en este Año Santo extraordinario nos hayamos dejado sorprender por Dios, porque Él nunca deja de perdonar y de repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida.

No dejemos de repetir en nuestras oraciones: “Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos” (Sal 25,6). “Madre de misericordia, vuelve a nosotros esos, tus ojos misericordiosos”. Te alabamos y te bendecimos Padre de misericordia por todas las bendiciones y gracias derramadas sobre esta porción de tu pueblo que peregrina por los senderos de la Diócesis de el Espinal. Recibe lo mejor que pudimos hacer en este Año que inició el 8 de diciembre de 2015, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción y que concluyó el 20 de noviembre del año en curso, en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. No dejes de acompañarnos con tu bendición y tu gracia, especialmente ahora que nos preparamos para celebrar los sesenta años de vida diocesana.

“A Dios, el único sabio, por Jesucristo, ¡a Él la gloria por los siglos de los siglos!”. Amén (Rm 16, 27).

+Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo de El Espinal

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