El padre educa con la cercanía

CONSEJOS PARA SER UN PADRE MÁS CERCANO

Hemos de recordar que no existe una receta o fórmula mágica que nos convierta en buenos padres, pero en eso radica el secreto de una paternidad responsable y cercana, ya que cada individuo es distinto, y por lo tanto, los métodos, disciplina, límites, etc., que se tejen en cada relación son totalmente diferentes y aplican a casos específicos. Esta relación entre padre-hijo resulta diferente y única incluso entre cada padre y sus diversos hijos, en la mayoría de las veces, es el adulto el que marca el ritmo de esta relación, cada hijo en su propia personalidad y unicidad también va permitiendo hasta donde la incidencia del padre es permitida; aunque a veces las expectativas del padre que visualiza a su hijo de una u otra manera, no le deja ser tan abierto a la propia realización de sus hijos, es importante tener en cuenta que ellos van teniendo vida propia y por lo tanto no se puede pretender que sean copia fiel de los propios gustos y preferencias. Resulta fundamental entonces que se cultiven actitudes en el padre como:

1. Mostrarse afectuoso.

Es el primero y el más importante de todos, los hijos deben sentir el amor que les profesa. No hay que cohibirse en expresar ese cariño con gestos, acciones, palabras cada vez que tenga oportunidad, y si no se da la oportunidad, pues hay que propiciarla.

2. Mirarse a los ojos cuando se comparte.

No se pueden sostener conversaciones profundas y provechosas sin contacto visual, cuando se habla no se puede hacer si todos están mirando el futbol o el chat, hay que darle importancia a esos momentos y detener la actividad para expresarse así lo importante que resulta esa conversación.

3. Escuchar lo que dicen.

También es fundamental que cuando se converse no solo se abra el oído sino la mente a lo que ellos nos dicen, que se escuche con calma su punto de vista (aunque de entrada ya tengamos una opinión) puede que dejándolos finalizar su argumento tengamos una visión más justa y conveniente para tomar la decisión correcta a lo que ellos nos piden.

4. Ayudarlos con sus deberes.

Con frecuencia hay que ayudarles a entender qué es lo que les han pedido, ya sea en la escuela como en el hogar; no se trata de hacerles la tarea, sino de ayudarles a entender bien qué es lo que debe hacer y cómo lo puede él mismo hacer bien. No es necesario ser experto en matemáticas o pagarle internet para que él solito busque todo allí, el problema es que va y encuentra “todo lo que hay en internet” él solito; por eso es necesario que haya acompañamiento. Ayudarle y enseñarle sobre sus responsabilidades, cómo organizar su cuarto, donde dejar la ropa sucia, donde dejar los tenis recién usados en el deporte, etc. Esto prevendrá cantaletas incómodas posteriores.

5. Jugar con ellos.

Cuando son niños pequeños, puede pensarse que es una pérdida de tiempo que el papá tiene cosas “más importantes” que hacer, sin embargo, ¿qué hay más importante que compartir con los hijos?, ¿qué puede ser más conveniente que crear lazos de afecto y comunicación con ellos? A través del juego vienen muchos otros canales de enseñanza sobre la vida: disciplina, honestidad, reconocer los errores, saber perder… hay que volverse niño con ellos. Cuando van creciendo, esos canales permanecen abiertos en la medida que se sepan aprovechar para compartir y descansar.

6. Interesarse en las cosas que les gustan.

Hoy más que nunca es esencial que los padres sepan cuáles son las preocupaciones y gustos de sus hijos, no vale simplemente decir: “a mí no me hable de esa música!” o “yo de computadores no entiendo!” al estar sin guía y sentirse sin rumbo, podrán llegar a cualquier parte, y no siempre a las partes que los padres consideran convenientes.

7. Promover los buenos hábitos.

El buen ejemplo habla por sí solo más que cantaletas y amenazas, ¿cómo pedirle al hijo que sea estudioso si nunca nos ven leer ni una revista? ¿cómo pedirles que sean disciplinados si nosotros mismos llegamos derechito al televisor, comer y dormir? Tener claro que lo que le pedimos a los hijos, las virtudes que queremos fomentar deben comenzar primero en el ambiente familiar.

8. Tener en cuenta su opinión.

No todo es susceptible de la opinión de los hijos, de ninguna manera, pero sí hay cosas en las que su participación puede ser muy conveniente con miras a suscitar en ellos el sentido de responsabilidad y aprender de consecuencias, a analizar los más y los menos, a controlar la impulsividad natural, a conocer los límites. Aquí se va aprendiendo el arte de conciliar y negociar.

9. Nunca rechazar de plano.

no hay que apartarlos inmediatamente del lado solamente porque llega cansado del trabajo, es bueno escuchar qué es lo que quieren, a veces es solo un saludo de dos minuticos, ciertamente en la medida de su edad se les puede ir explicando en otros dos minuticos por qué el papá debe hacer esto o lo otro y no puede estar con ellos inmediatamente.

11. Poner límites.

La afectividad es maravillosa en el desarrollo de los niños, pero afectuoso no significa permisivo, es fundamental la disciplina que se pueda enseñar y hay que fijar límites y se firmes en ello. Esto no significa que se deba ser déspota tampoco, sino explicar el porqué del bien y del mal.

12. Despertar la autonomía.

Hay que despertar la capacidad de su valía personal, darles seguridad y confianza para que se arriesguen, acompañarlos a enfrentar situaciones cotidianas y enseñarles a afrontar los retos que se les presentan.

En la vida cotidiana no siempre se tienen todas las disposiciones para aplicar estos principios en todo momento, pero la disposición de corazón y la vida de oración permite poco a poco ir asumiéndolos de tal manera que ya no será necesario estar recordándolos en la mente, sino que van saliendo de modo natural. Pedirle a Dios su ayuda para ser cada día un mejor padre nunca está de más.

Roberto José Guzmán Villanueva Pbro.
Rector FUNDES.

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