Figuras sacerdotales relevantes

ILUSTRE MONSEÑOR EVARISTO NÚÑEZ CARDOZO

En este mes de diciembre, en el que se nos invita a la gratitud y al amor, conmemorando el advenimiento de Jesucristo a esta tierra, queremos hacer un reconocimiento público a un benemérito sacerdote de nuestra Diócesis, alejado de su ministerio sacerdotal, más que por su edad, por su enfermedad, se trata de Monseñor Evaristo Núñez Cardozo.

Nació Mons. Evaristo en Coello, Tolima, el 2 de noviembre de 1937. Allí inició sus estudios primarios, continuó su formación secundaria en el Menor la Providencia y luego en el entonces Colegio Nacional San Isidoro, orientado en ese tiempo por los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Lasallistas) donde se graduó como bachiller. Sus estudios de filosofía y de teología los realizó en la Ceja, Antioquia, siendo ordenado sacerdote el 24 de noviembre de 1967, en la Catedral Nuestra Señora del Rosario de El Espinal, por Mons. Jacinto Vásquez Ochoa, primer obispo de la Diócesis.

Su primera responsabilidad en la Diócesis fue como coordinador de las Escuelas Radiofónicas, en la promoción humana y espiritual de las gentes del campo. Su primera parroquia fue la de María Auxiliadora de Río Blanco, Donde tuvo el mérito de construir en tiempo récord el templo parroquial (6 meses), marcando esta construcción con su estilo propio de sencillez y sobriedad que incluía una zona verde en la parte interna. De allí pasó a la parroquia San Juan Bautista de Chaparral, que era entonces todo el casco urbano con sus veredas, exceptuando a las que correspondían a la recién creada parroquia de San Isidro en el Limón. Aunque contó siempre con dos vicarios parroquiales se desempeñó a la vez como profesor del Colegio Murillo Toro y capellán del Batallón José Domingo Caicedo, con sede en este municipio. En esta parroquia desarrolló un reconocido trabajo con los Hogares Juveniles Campesinos.

Su traslado de Chaparral a la Parroquia Santa Ana del Guamo, lo efectuó Mons. Alonso Arteaga Yepes en 1989, allí trabajó en lo pastoral y en lo material. Guamo, era entonces una sola parroquia; en su administración fue fundada la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, segunda parroquia del Guamo. Del Guamo pasó a la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Chicoral; donde inició con el espíritu de verdadero pastor el Proceso de Nueva Evangelización, trabajó arduamente en la formación de comunidades.

Monseñor Abrahán Escudero Montoya, quien lo había nombrado para Chicoral, lo trasladó luego, al Espinal como párroco de la Catedral Nuestra Señora del Rosario; al salir del oficio de Canciller, Mons. Ricardo Barreto Vargas, ocupó el puesto de Canciller y en la enfermedad de Mons. Teófilo Hernández Pérez fue Vicario General encargado, puesto que luego habría de ocupar a la muerte de Mons. Hernández.

Ya en la administración de Mons. Pablo Emiro Salas Anteliz, fue trasladado nuevamente a la parroquia de Chicoral, que fue su última parroquia en propiedad; de allí pasó sólo por seis (6) meses a la parroquia del Espíritu Santo en el Espinal, pues al cumplir los 75 años de edad, como sacerdote obediente a las normas del Derecho Canónico (CIC 538 parágrafo 3) renunció a su oficio de párroco. Pasó, entonces, a prestar sus servicios pastorales en el Seminario Mayor “La Providencia” como director espiritual y además a asistir espiritualmente a la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Gualanday, los fines de semana, hasta el 26 de abril del 2015, cuando un Aneurisma Cerebral lo apartó de su servicio pastoral. Esta enfermedad lo mantiene recluido en la casa de su familia en Ibagué, impidiéndole aún reconocer a quienes fuimos sus compañeros en el ministerio sacerdotal.

De Monseñor Evaristo destacamos su humildad, su obediencia a la autoridad, su amistad y entrega a los oficios confiados, su espíritu de servicio, pero ante todo su cristiana resolución de no hablar mal de ninguno: cuando se hacía en su presencia se rascaba la cabeza y sonriendo se retiraba, seguramente para no desagradar a “nuestro buen Dios”, frase que lo caracterizó. Su espíritu altruista, al formar parte del club de Leones en Chaparral, en Guamo y en El Espinal, donde fue presencia visible de la Iglesia jerárquica, trabajando muy particularmente en bien de los adultos mayores y de los niños.

Como reconocimiento a su servicio eclesial diocesano y por petición del Señor Obispo, Monseñor Alonso Arteaga Yepes, el Santo Padre San Juan Pablo II lo nombró Prelado de Honor, el 20 de enero 1990, con los monseñores Ricardo Barreto Vargas, Teófilo Hernández Pérez, José de Jesús Grisales Velandia Jorge Enrique Correal Ruiz, Ricardo Cabezas Cifuentes y Miguel Ángel Triana Lozano. La entrega de las insignias y títulos de esos prelados se realizó en ceremonia presidida por el Señor Cardenal Alfonso López Trujillo, entonces Arzobispo de Medellín, por petición de Monseñor Arteaga antes de su fallecimiento en Donmatías, Antioquia, el 31 de octubre de 1989.

Pbro. Eduardo Cubillos Calderón
Profesor de Historia Eclesiástica,
Seminario Mayor “La Providencia»

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*