Nuestra Señora María Inmaculada Concepción

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Lc. 1,38

La Inmaculada Concepción es un dogma de fe de la Iglesia Católica que indica que María, a diferencia de todos los seres humanos del mundo fue concebida sin la mancha, con la cual nacemos todos los hombres, del pecado original. Por esta gracia especial  que le concedió Dios, se le llama a María como la Llena de Gracia.

El dogma se refiere a la concepción  por la cual María fue engendrada en el seno de su madre Ana.

Este dogma indica que la madre de Jesús no fue tocada por el pecado original que heredamos de Adán y Eva, por lo tanto significa que estuvo libre de todo tipo  y clase de pecado ya desde el primer momento  de su concepción. Es una concepción limpia y sin mancha, es Inmaculada.

Este dogma de fe de la Inmaculada Concepción se proclamó el día 8 de diciembre de 1854. Fue el Papa Pio Nono que junto a más de doscientos prelados, cardenales, arzobispos, obispo, embajadores y miles de fieles católicos dio a conocer este dogma en la Basílica de san Pedro en Roma.

Esta gracia es especial, única, entregada por Dios, y este único privilegio se le concedió  a esta Señora que fue elevada a la dignidad de Madre de Dios, la más alta dignidad que una criatura humana puede llegar a tener.

Los obispos y universidades católicas del mundo habían realizado peticiones al sumo Pontífice para que declarara este dogma de fe. La definición de dogma está contenida en la bula Ineffabiliis Deus del 8 de diciembre de 1854. La fiesta de la Inmaculada Concepción se celebra el 8 de diciembre.

En el Catecismo de la Iglesia Católica nos ilumina acerca del tema en los numerales del 490 al 493.

490 Para ser la Madre del Salvador, María fue “dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante” (LG 56). El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como “llena de gracia” (Lc 1, 28). En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios.

491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de gracia” por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

«… la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus: DS, 2803).

492 Esta “resplandeciente santidad del todo singular” de la que ella fue “enriquecida desde el primer instante de su concepción” (LG 56), le viene toda entera de Cristo: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo” (LG 53). El Padre la ha “bendecido […] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” (Ef 1, 3) más que a ninguna otra persona creada. Él la ha “elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor” (cf. Ef 1, 4).

493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios “la Toda Santa” (Panaghia), la celebran “como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo” (LG 56). Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*