Perseverar en el encuentro con Dios

Si estás leyendo el Periódico la Misericordia es porque tienes curiosidad por las cosas de Dios, por tener un acercamiento a esta dimensión humana, tan necesaria para alcanzar la plenitud de nuestra vida y poderle dar un verdadero sentido a nuestra existencia. Cuando tenemos un encuentro con Dios, nuestra vida experimenta transformación. Los hombres y mujeres descritos en la Biblia, que tuvieron un encuentro con el Señor, vivieron un cambio personal y espiritual sin precedentes, y emprendieron el camino hacia nuevos niveles. Pues querido lector, este acontecimiento de asumir nuestro compromiso católico en el camino cristiano, no es difícil, pero implica un proceso en el que nos encontraremos con grandes obstáculos. Hoy queremos animarte para que sigas adelante y te conviertas en semilla de buena noticia, siendo luz con tu testimonio de vida y compartiendo este amor con otros hermanos. Un encuentro cara a cara con Dios se logra en medio de la intimidad con Él, comenzando en la soledad, para ello debemos perseverar.

No podemos desprendernos de la mano de Dios (Hebreos 6,15) ya que Dios tiene una bendición para cada uno de nosotros. En nuestro contexto parroquial de San Juan Bautista en Chaparral contamos con comunidades católicas de Nueva Evangelización, Camino Neocatecumenal, Parejas, Juveniles, Infancia Misionera y Comunidades de Oración a la cual puedes de pertenecer. Son estas comunidades quienes deben perseverar en el discipulado de Jesucristo, siguiendo un proceso formativo, sin embargo, algunos han decidido no han sido perseverantes y hoy el llamado es a continuar, a comprender que estamos aquí para un crecimiento personal, por el amor al pró- jimo y lo más importante, colocando a Dios en el primer lugar.

Muchas veces las personas que integran estas comunidades se enfrentan a fenómenos de diverso orden que dificultan la perseverancia, llevando al ausentismo, deserción y frustración en los planes comunitarios. Muchos abandonan por no tener afinidad con un nuevo líder espiritual (sacerdote), por tener diferencias con algún hermano de comunidad, hasta por dar prioridades al mundo, ocupaciones, amigos, familia y es esto lo que limita la proyección apostólica, el servicio parroquial y diocesano. Recordemos que vamos por este camino que conduce a la salvación. Debemos perseverar en la búsqueda de Dios. No está bien caer en el des-ánimo. Es necesario avanzar.

Perseverar en Dios, trae bendiciones para nuestra vida y nuestra familia. En la intimidad con Dios, Él nos transforma (Juan 17,17). Es necesario que dispongamos el corazón para que Dios nos hable. Si lo permitimos, Dios imprimirá cambios permanentes que serán evidentes para otras personas. Una meta que emprendemos hoy es tener un encuentro personal con Dios y que en cada una de nuestras acciones se refleje el Cristo, presente en nuestra existencia.

Pastoral de Comunicaciones –

Parroquia San Juan Bautista Apartes del artículo: Un encuentro con Dios que produce transformación

Vitamina para el alma El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, muy rápido! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raí- ces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que en tanto no bajemos los brazos, -ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos, si está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando. Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.

Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia. Tiempo… Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos… Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué… Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés… ¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá solo estés echando raíces….

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