DEL EDITOR AL LECTOR

Nuevo Plan de Pastoral Diocesano

“ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO” (MC 16,15)

Al comenzar un Nuevo Plan de Pastoral para los próximos años, es necesario tomar conciencia del camino andado, apoyados en los planes precedentes que, en cabeza de los anteriores obispos y acompañados de sus sacerdotes y laicos, forjaron el mejor ambiente para que los fieles de esta porción del pueblo de Dios se ejercitaran en la escucha, la vivencia y el anuncio de la palabra. Sin duda alguna, hoy vemos los frutos de este arduo trabajo evangelizador. El Nuevo Plan de Pastoral Diocesano, propuesto por nuestro obispo y secundado por sus vicarios de pastoral y de su presbiterio, fortalecerá la fe y dará respuesta a los nuevos desafíos de nuestro tiempo, permitiendo que nuestras comunidades, en lugar de retroceder, sigan creciendo y enriqueciéndose en el encuentro con Cristo vivo, siempre guiados por las ense- ñanzas de la Iglesia.

Y ¿QUÉ ES UN PLAN DE PASTORAL DIOCESANO?

Es un instrumento al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, en particular, para orientar en una misma dirección la acción pastoral de la comunidad diocesana. El plan pastoral manifiesta la comunión de la Iglesia y facilita su misión, cuyo principal agente evangelizador es el Espí- ritu Santo, permitiendo una luz especial para impulsar el trabajo de evangelización. Así nos lo dice el Papa Francisco: “Que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una simple administración”. (Papa Francisco, exhortación apostólica, Evangelii Gaudium, 25).

La invitación es, después de darle gracias a Dios por estos sesenta años de evangelización diocesana, a continuar con el mismo ardor y entusiasmo en el trabajo pastoral, creyendo, siguiendo y anunciando a Cristo a todas nuestras comunidades, a ejemplo del apóstol Pablo que dice: “la vida que vivo el presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo. (Gálatas 2,20). En otro lado dice: “Continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús” (Flp 3,12). Y en cuanto al anuncio y la paga del evangelizador nos dice: “Predicar el evangelio no es para mí ningún motivo de gloria, es más bien un deber que me incumbe. Y! hay de mí si no predicara el evangelio¡”. (1 Cor 9,16). Tengamos la certeza de que la Santísima Virgen María, así como acompañó a los discípulos de su Hijo en el anuncio del Evangelio, nos acompañará también a nosotros.

Orlando Salazar D, pbro.

Ph. en filosofía – Subdirecto

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