DOMINGO 26 DE MARZO DE 2017

IV DOMINGO DE CUARESMA

 PRIMERA LECTURA

 I SAMUEL 16:1,6-7, 10-13: Este texto bíblico nos enseña en la elección del Rey David, que Dios mira el corazón y no las apariencias, así le responde Dios a Samuel: “No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo le he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el corazón”.

El día que aprendamos a mirar con los ojos del Señor, no juzgaremos por apariencias, no criticaremos y miraremos a los demás, por lo que son y no por lo que tienen.

SALMO 23:1-16: Hoy más que nunca estamos llamados a estar en la presencia del Señor, con la seguridad y la certeza que él es mi pastor, nada me falta y por prados de fresca hierba me apacienta, me conduce por senderos de justicia y me acompañará todos los días de mi vida.

SEGUNDA LECTURA

EFESIOS 5:8-14: El apóstol indica, que el conocimiento de Cristo nos aparta de las tinieblas y nos regala la luz, permitiéndonos dar frutos tales como bondad, justicia y verdad.

Que este tiempo de cuaresma nos lleve a una reflexión interior, de tal forma que nos lleve a descubrir y apartarnos de lo malo y así buscar siempre el agrado de Dios.

EVANGELIO

JUAN 9:1-41: El tiempo de Cuaresma debe ser preparación para celebrar con fe, amor y entrega la pascua, es decir, la conmemoración anual de la pasión, muerte y resurrección del Señor, con la certeza que Cristo arrancará la ceguera  espiritual de nuestras vidas.

Juan nos narra, que al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?” Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.  Es bueno entender que la enfermedad no es símbolo de un castigo, es más bien un medio para reconocer el Señorío de Jesús, confesar su nombre y entender que Jesús es el enviado de Dios y digno de ser adorado, tal como lo hizo el ciego de nacimiento, que defendió y hablo de Jesús en toda ocasión.

Orlando Salazar D, pbro.

Ph. en filosofía

 

 

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