DEL EDITOR AL LECTOR

Al colocar un sus manos la edición número 17 de nuestro periódico “La Misericordia”  queremos compartir dos momentos importantes que enmarcan nuestra historia diocesana, y que sin duda alguna, nos sigue encaminando hacia la madurez de la fe, permitiéndonos ser fermentos y testigos del amor de Cristo.

El primer momento es la celebración de los sesenta años de la creación de nuestra Diócesis de El Espinal. Todos nos llenamos de gozo y júbilo el pasado 18 de marzo con la presencia del Nuncio Apostólico Ettore Ballestrero, representante del Papa en Colombia; también estuvieron con nosotros Monseñor Pablo Emiro Salaz Anteliz, quien se llevó los mejores aplausos de la multitud que nos acompañaba, Monseñor Juan Carlos Barreto Barreto, oriundo de esta Iglesia particular y el Arzobispo de Ibagué, Monseñor Flavio Calle Zapata con su obispo auxiliar, entre otros.

La presencia de un sinnúmero de sacerdotes venidos del clero de Ibagué y de Girardot fue notoria, como también fue la de todos y cada uno de los sacerdotes diocesanos que se acercaron con las delegaciones parroquiales para acompañar a su pastor, Monseñor Orlando Roa Barbosa en la acción de gracias a Dios por esos sesenta años de vida diocesana.

Nuestras oraciones y plegarias han de ser, para que el Señor siga bendiciendo a esta porción del pueblo de Dios.

El segundo momento debe ocupar una reflexión espiritual y especial en el marco de este tiempo privilegiado que estamos viviendo: la Cuaresma; y el que se aproxima: la Semana Santa y la Pascua.

La Cuaresma es la preparación a la Semana Santa o semana mayor, que empieza con el Domingo de Ramos, entrada triunfal de Cristo;  y los días lunes, martes y miércoles que son la antesala para sumergirnos en el Triduo Pascual y configurarnos con Cristo. La unidad de los tres días jueves, viernes y sábado, permite entender que de Cristo viene la salvación, cuyo encargo fue depositado en la Santa Iglesia Católica.

Es importante recordar que el triduo pascual comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor, alcanzando su cima en la Vigilia Pascual y se cierra con las vísperas del domingo de Pascua.

El Papa Francisco, refiriéndose al Triduo Pascual explicó: “Comienza el jueves Santo con la celebración de la Última Cena en la que Jesús ofrece, con el pan y el vino, su Cuerpo y su Sangre al Padre, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya”. Sobre el gesto de lavar los pies, destacó “que es expresión de esa misma entrega como servicio a Dios y a los hermanos” Señaló que el viernes Santo recordamos las palabras de Jesús en la Cruz: “Está cumplido” y explicó que “el Sacrificio del Cordero inmolado, que transforma la mayor iniquidad en el acto supremo de amor, lleva a término el plan de salvación contenido en las escrituras”. Explicó igualmente que el sábado Santo “contemplaremos el descanso de Jesús en el Sepulcro y junto con María, mantendremos encendida la llama de la fe y de la esperanza” Al hablar de la Vigilia Pascual, dijo que “celebramos al Resucitado, centro y fin de la creación y de la historia, en la alegre esperanza de su retorno” y concluyó diciendo que “la piedra del dolor será removida por el resplandor de la Resurrección, que Ilumina nuestro presente y nuestro futuro”.

La vivencia del Triduo Pascual nos debe llevar a decir con los apóstoles y la Iglesia: verdaderamente ha resucitado y está con nosotros, compromiso que se debe extender en el anuncio a nuestros hermanos los alejados, enfermos y los que no tiene techo, pan, vestido y de manera especial, a aquéllos que por algún motivo de la vida caminan en la tristeza, desánimo y desesperanza. Para ellos nuestro anuncio es que Cristo Resucitado es la esperanza de todos.

Orlando Salazar Duque. Pbro.

Ph.D en filosofía.

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