Domingo 14 de mayo de 2017, V Domingo de Pascua

Primera Lectura: Hechos 6:1-7: Ante el descuido de la atención a las viudas, la solución fue elegir a siete hombres de buena fama y llenos del Espíritu para que los discípulos no descuidaran la oración y el anuncio de la Palabra. Este fue el éxito de los discípulos del Señor. “La Palabra de Dios iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó considerablemente el número de los discípulos, y multitud de sacerdotes iban aceptando la fe”.

Acojamos este mensaje en las comunidades parroquiales. Que los laicos comprometidos se dediquen a las obras de caridad, para que los sacerdotes tengan más tiempo para orar y anunciar el mensaje de salvación.

Salmo 33:12, 4-5, 18-19: El salmo indica que quien teme al Señor, quien es justo y recto podrá alabar y dar gracias al Señor y cantará salmos con la cítara y el arpa, pero además, el Señor lo sostendrá y lo librará de la muerte. Vale la pena ser buenos.

Segunda Lectura: I Pedro 2:4-9: Pedro nos dice que Cristo es la piedra viva y angular, elegida y preciosa para Dios, con la cual los cristianos construyen el edificio espiritual, indicando además, que “quien cree en él no será confundido”. Por otra parte nos refiere que nosotros somos: “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquél que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz”. En la medida en que se crezca en el amor y conocimiento de Cristo, comprenderemos la importancia de nuestra elección.

Evangelio: Juan 14:1-12: La experiencia de Cristo Resucitado permite entender la unión de Cristo con el Padre y nosotros con Él, y dará al corazón la confianza necesaria para creer, sin dudar, en la resurrección. Es lo que indica el Evangelio: “Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros”.
Hoy, más que nunca hemos de pedir la luz del Espíritu Santo y decirle al Señor como el apóstol Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” y sin duda alguna recibiremos de Jesús la misma respuesta: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Pero, el Señor va más allá, de inmediato hace una nueva promesa: “El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre”.

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