Familia

El alejamiento de Dios consiste en el vacío de mente y corazón del conocimiento verdadero del amor de Dios. Esto tiene como consecuencias unos profundos cambios sociales en las condiciones de vida. Llama la atención el desarraigo cultural y existencial provocado por la urbanización y la industrialización o el influjo creciente de los medios de comunicación de masas en la conciencia. Los psicólogos han buceado en los niveles profundos del alma humana, tratando de identificar los mecanismos responsables de la desafección religiosa y ofreciendo modelos típicos de la personalidad increyente: el tipo narcisista, el consumista, el prometeico, el melancólico, etc.
El alejamiento de Dios es un ateísmo irreflexivo, en el que no se hace problema de Dios; muy a menudo no comporta una decisión conscientemente adoptada por el sujeto. En unos casos se llega a esta situación de manera gradual e insensible, mediante el progresivo abandono de la práctica religiosa y el debilitamiento de una fe cada vez más muerta y llena de recetas mágicas de evangelización.

EL ALEJAMIENTO DE DIOS, ES UN ATEÍSMO PRÁCTICO; ES EL PUNTO DE PARTIDA Y NO EL DE LLEGADA DE LA CULTURA DE HOY

Esta irreflexión de no pensar, de no proyectar a largo plazo, sino en el “ya”, es el culto a la velocidad que se está convirtiendo en el estándar social más aprobado. Da la impresión de que nunca lo hace del todo. Siempre se revisa, se agrega y se sacan cosas. Con desconfianza se mira la duración de las cosas y con rapidez se da por descartado o en desuso lo que hasta hace poco estaba en plena vigencia; casi nada perdura. En este punto es esencial reflexionar sobre lo hecho con tranquilidad, con el tiempo necesario, de forma pausada, lo que potencia las verdaderas capacidades humanas y las prácticas que dan sentido a la vida.

Como consecuencia de una sociedad ultra-consumista se impone la tendencia a pensar que las cosas y las personas al poco tiempo son obsoletas o tienen etiquetas de caducas o prontas a caducar, esta tendencia, todo termina siendo “viejo” y fuera de moda. Abordar críticamente la aceleración constante de la vida cotidiana como derivado de tal sistema, es el punto de inflexión del alejamiento de Dios para llegar a gozar de una vida más humana y plena.
Se dirá que con las exigencias que se nos imponen y nos imponemos es un delirio, el solo hecho de pensar “en perder tiempo” haciendo las cosas más despacio, pero es que ni siquiera pensarlo nos lleva por un camino que desemboca en stress, en sentirse invadido e incapacitado para hacer las cosas al propio ritmo. Estamos siempre con “la soga al cuello” y esta sensación nos lleva a la frustración y al cansancio crónico.

Es la lentitud reflexiva, el concebir las tareas lo que abre las puertas a un desarrollo humano más sano y coherente. Promover la práctica de una calidad de vida distinta, basada en el respeto al ritmo y tiempo naturales, al ambiente y la salud de los consumidores es parte de la educación que debemos adquirir y transmitir.

El planeta tierra no se puede quedar sin espiritualidad, por una cultura que tiene como centro el pensamiento débil y no la verdad. ¿Qué puede hacerse? Somos criaturas sociales por naturaleza, se debe recuperar la cultura del domingo de adoración en familia. La misma familia vence el ateísmo práctico e irreflexivo; porque ante la ausencia de conocimiento y formación cristiana, de evangelización, de conocimiento de Dios, son otras, las actividades que roban la quietud y contemplación de la vida en Cristo.

Terminar con ese culto a la velocidad, para entrar en una vida más paciente,
este es el punto central. Es posible que ya vayamos a misa, pero ¿qué más hacemos los domingos que nos abra a Dios? ¿De verdad nos abstenemos de nuestro trabajo y nuestras tareas durante este día? ¿Rezamos en privado? ¿Catequizamos a nuestros hijos o hablamos de Dios con nuestra familia? ¿Buscamos actividades recreativas con nuestra familia en las que encontremos referencias a Dios? Quizás cuando podamos responder afirmativamente a todas estas preguntas, cuando el domingo vuelva a ser Dies Domini, el Día del Señor, entonces podremos participar en ese “descanso” de Dios del que habla el libro del Génesis.

El alejamiento de Dios consiste en pensar que siempre se está ocupado y no hay tiempo para Dios, si Dios creó el tiempo, nosotros el afán. Dios nos dio un día para Él, no lo podemos perder, Él no se ha olvidado de nosotros, nosotros nos hemos olvidado de Él. Dios es más grande que nuestros problemas, es tiempo de volver, de acercarnos, de estar, de vivir, de descansar en Dios.

Andrés Cárdenas. Pbro.

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