CARTA DE UN NIÑO A SUS PAPÁS

Parte de mi crecimiento requiere de rutinas que me den seguridad; si no sé qué es lo que me toca hacer, si los planes cambian con frecuencia es difícil organizarme; pero especialmente me produce inquietud y desasosiego, después me dirán que no tengo “tolerancia al estrés” porque quiero todo inmediatamente y termino siempre con una pataleta para exigir lo que yo quiero.

También es bueno que me animen y me permitan aprender, no solo en la escuela ni en el internet que me han comprado, sino que ustedes mismos me enseñen cosas nuevas, que exploremos juntos, que compartan alguna experiencia conmigo, que me dejen mostrarles mis habilidades. Denme la oportunidad de ser escuchado, aunque aún yo no entienda que ustedes llegan rendidos del trabajo, que también tienen apuros económicos o problemas entre ustedes, pero les pido que cuando estemos juntos no se olviden dedicarme tiempo, jueguen conmigo, conversemos, compartamos todos. A veces puede que yo les parezca muy cansón porque los quiero junto a mí, pero es el amor que les tengo, tantas veces lo hago para llamarles la atención y sentirme querido.

Les quiero hablar también de una gran responsabilidad hacia mí con el marcar límites, que no me dejen hacer lo que me provoque, muéstrenme la diferencia entre lo bueno y lo malo, yo no alcanzo todavía a distinguir por mí mismo; nunca terminaré de darles las gracias aunque si en el momento los vea como los peores padres del mundo, como los malos del paseo, pero a la larga ustedes me hacen el mayor bien cuando me permiten aprender a cuidarme, a no arriesgarme excesivamente, a respetar y servir a los demás con agrado, a responder cordialmente; cuando ustedes no me enseñan eso, puede que me toque aprender de la calle a responder abusivamente o a que abusen de mí, a ser agresivo e hiriente innecesariamente; si no me enseñan me puedo engañar en la idea de lo que puedo hacer y de lo que me conviene.

POSDATA A MIS ABUELOS

Abuelitos, disfruto tanto cuando nos encontramos juntos y también a ustedes les quiero pedir algunas cosas que me ayudarán a crecer mejor.

Háganme volar en mi imaginación con las historias y experiencias suyas o de mis padres cuando eran niños como yo, ¿se parecían a mí? ¿Cometieron errores? ¿Cómo los evito yo? ¿Qué costumbres y tradiciones hemos tenido en nuestra familia, en nuestro pueblo, en nuestra parroquia?, ¿cómo vivían en sus épocas de jóvenes? muéstrenme las raíces de dónde venimos, háganme pertenecer a esta familia compartiéndome estas señas inconfundibles y así verán crecer mis alas. Enséñenme los valores ya vividos, esa es la verdadera sabiduría, ayúdenme a entender cómo esos valores que están escondidos en las acciones de los demás son más importantes que mis caprichos, ayúdenme a verlos cuando no entiendo por qué mis padres me prohíben algo o no me permiten aquello… ayúdenme a aprender a ponerme en los zapatos de los demás; ya ustedes han sido hijos, han sido padres, han sido jóvenes y tienen experiencia y sabiduría. Ayúdenme a encontrar el sendero del buen vivir: la paciencia, la serenidad, el diálogo, la comprensión, denme herramientas para sortear los problemas futuros no con la impulsividad ni agresividad sino con la virtud analítica de la verdadera sabiduría. Consiéntanme lo suficiente, eso no me disgusta, detallitos, besos, atención, todo eso me viene bien, pero no me
maleduquen sin correcciones ni dirección, me hace bien su enseñanza amorosa. Los quiero tanto!

Recibida por:
Roberto José Guzmán Villanueva. Pbro. Rector FUNDES

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