Celebraciones más importantes del mes de junio

Pentecostés

 El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es decir, habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona.

“Esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos, reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo (cf. Hch 2, 1-11). Jesús, después de resucitar y subir al cielo, envía a la Iglesia su Espíritu para que cada cristiano pueda participar en su misma vida divina y se convierta en su testigo en el mundo. El Espíritu Santo, irrumpiendo en la historia, derrota su aridez, abre los corazones a la esperanza, estimula y favorece en nosotros la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo”.

La Santísima Trinidad

 Un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La celebración de la Santísima Trinidad, es un misterio que no podemos entender con la razón, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en sí mismo, sólo lo podemos comprender cuando Dios nos lo revela.

Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios. Además, sabemos que cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.

Las Personas de la Santísima Trinidad son distintas entre sí, dada la diversidad de su misión: Dios Hijo -por quien son todas las cosas- es enviado por Dios Padre, es nuestro Salvador. Dios Espíritu Santo – en quien son todas las cosas- es el enviado por el Padre y por el Hijo, es nuestro Santificador.

Podemos simbolizar a la Santísima Trinidad como una vela encendida: La vela en sí misma simboliza al Padre, la cera que escurre es el Hijo, que procede del Padre y la llama encendida es el Espíritu Santo. Los tres son «vela», pero son distintos entre sí.

Cuerpo y la Sangre de Cristo

 Corpus Christi, que en latín significa ‘Cuerpo de Cristo’, es una fiesta de la Iglesia católica para celebrar la presencia de Cristo en la Eucaristía.

El objeto de esta fiesta es recordar la institución de la Eucaristía, que tuvo lugar el Jueves Santo, durante la última cena, cuando Jesucristo convirtió el pan y el vino en su cuerpo y sangre, e invitó a los apóstoles a comulgar con él.

Es una fiesta muy importante porque la Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha hecho, movido por su deseo de quedarse con nosotros después de la Ascensión.

El papa Urbano IV ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al Oficio.

«Mi carne es verdadera comida, y mi Sangre verdadera bebida; el que come mi Carne, y bebe mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él.»      (Jn 6, 56-57)

Sagrado Corazón de Jesús

 El Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida, y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

Demostrémosle a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.

Jesús prometió a la persona que comulgara los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos:

  1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado (casado, soltero, viudo o consagrado a Dios).
  2. Pondré paz en sus familias.
  3. Los consolaré en todas las aflicciones.
  4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
  5. Bendeciré abundantemente sus empresas.
  6. Los pecadores hallarán misericordia.
  7. Los tibios se harán fervorosos.
  8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.
  9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
  10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.
  11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.
  12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

San Pedro y san Pablo

San Pedro y san Pablo son apóstoles, testigos de Jesús que dieron el testimonio sublime. Se dice que son las dos columnas del edificio de la fe cristiana. Dieron su vida por Jesús y gracias a ellos el cristianismo se extendió por todo el mundo. La solemnidad de san Pedro y san Pablo nos permite contemplar la estrecha amistad que se establece entre Jesucristo y estos dos hombres elegidos para misiones muy importantes.

Los cuerpos de san Pedro y san Pablo estuvieron sepultados juntos por unas décadas, después se les devolvieron a sus sepulturas originales. En 1915 se encontraron estas tumbas y, pintadas en los muros de los sepulcros, expresiones piadosas que ponían de manifiesto la devoción por san Pedro y san Pablo desde los inicios de la vida cristiana. Se cree que en ese lugar se llevaban a cabo las reuniones de los cristianos primitivos. Esta fiesta doble de san Pedro y san Pablo ha sido conmemorada el 29 de junio desde entonces.

El sentido esta fiesta es recordar lo que estos dos grandes santos hicieron, aprender de su ejemplo y pedirles en este día especialmente su intercesión por nosotros.

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