CUIDADOR DE ENFERMOS

Todos conocemos a alguien enfermo o nosotros mismos experimentamos la enfermedad. Esta es una realidad que nos suscita sentimientos encontrados y nos trae desafíos que deben ser atendidos y requieren de la ayuda de otras personas: el médico que lo atiende, el sacerdote o consejero, la enfermera, la persona que en casa lo cuida directamente, a quien se le suele llamar cuidador. Veámoslo mejor, en cuatro partes:

I. ¿Quién es el enfermo? Es una persona que tiene un alma, un cuerpo y un espíritu, que por diversas razones ha perdido el equilibrio en el funcionamiento de su organismo y se encuentra en la enfermedad, que necesita acompañamiento, al tiempo que puede cumplir variados roles en su vida: es padre, madre, hijo, empleado, compañero, vecino, estudiante.

II. ¿Quién es el cuidador? El cuidador es ante todo “un buen samaritano” puede ser un miembro de una familia o grupo social que asume la responsabilidad de cuidar al enfermo. Debe de ser una persona adulta hombre o mujer responsable y comprometida con su labor, con capacidades físicas y mentales adecuadas. Según el grado de dependencia del enfermo las funciones de un cuidador son:

• Rezar con el enfermo. Preocuparse porque éste reciba los auxilios espirituales.

• Dialogar con el enfermo.

• Ayudar a la higiene diaria del enfermo, tratando de mantener la intimidad, de respetar sus gustos y preferencias.

• Darle la alimentación según las indicaciones del médico y nutricionista sobre el tipo de alimento, cantidad y consistencia.

• Darle las medicinas a su debido tiempo.

• Llevarlo a las citas médicas.

• Ayudar al desplazamiento en el interior del domicilio.

• Facilitar la administración del dinero y los bienes.

• Colaborar en tareas de enfermería.

• Resolver situaciones conflictivas derivadas del cuidado (por ejemplo, cuando se comporta de forma agitada).

• Ayudar a la comunicación con los demás cuando existen dificultades para expresarse.

• Hacer muchas «pequeñas cosas» (por ejemplo, llevarle un vaso de agua, acercar la radio, etc…). ¿Cómo ayuda la familia? En el proceso de enfermedad la familia debe aprender y ayudar a:

• Aceptar los síntomas progresivos de la enfermedad y permitirle al enfermo sentirse mal.

• Tener en cuenta los gustos del enfermo.

• Dar los medicamentos según las indicaciones del médico tratante, en los horarios y dosis indicadas.

• Mantener en orden y aseada la habitación, buscando minimizar los riesgos, promoviendo un ambiente tranquilo, cómodo y dejando al alcance del enfermo los elementos necesarios para el cuidado.

• Estimular al enfermo para que se mueva evitando problemas como postración, rigidez, dolores musculares, estreñimiento, neumonía y úlceras por presión (escaras).

• Respetar la autonomía del enfermo, de modo que pueda llevar una vida lo más activa posible, dejando que la persona participe de su cuidado en la medida de sus posibilidades; de lo contrario, cada vez será más dependiente y difícil de cuidar.

• Reforzar la autoestima del enfermo, permitiéndole tomar decisiones, procurando que se sienta útil, asignándole tareas de la casa según sus capacidades, evitando que el enfermo se aísle (facilita el encuentro con otros familiares y amigos y lo anima a mantener contacto con el exterior).

• Ser canal de comunicación entre el equipo médico, el enfermo y la familia, transmitiendo la información necesaria a cada uno.

III. Cuidar al cuidador

1. Posibles señales de alerta

• Problemas de sueño.

• Pérdida de energía, fatiga crónica, sensación de cansancio continuo, etc.

• Aislamiento.

• Consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol o tabaco.

• Consumo excesivo de pastillas para dormir u otros medicamentos.

• Problemas físicos: palpitaciones, temblor de manos, molestias digestivas.

• Problemas de memoria y dificultad para concentrarse.

• Menor interés por actividades y personas que anteriormente eran objeto de interés.

• Aumento o disminución del apetito.

• Actos rutinarios repetitivos como por ejemplo, limpiar continuamente.

• Enfadarse fácilmente.

• Dar demasiada importancia a pequeños detalles.

• Cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo.

• Propensión a sufrir accidentes.

• Dificultad para superar sentimientos de depresión o nerviosismo.

• No admitir la existencia de síntomas físicos o psicológicos que se justifican mediante otras causas ajenas al cuidado.

• Tratar a otras personas de la familia de forma menos considerada que habitualmente.

2. Cómo saber si me estoy cuidando

• ¿Duermo lo suficiente?
• ¿Como de manera adecuada?

• ¿A veces me “salto” las comidas?

• ¿Hago ejercicio con regularidad?

• ¿Fumo mucho o tomo mucho café?

• ¿Mi carácter se está volviendo un poco agrio?

• ¿Lloro con demasiada facilidad?

• Sufro de: ¿dolores de cabeza? ¿molestias abdominales? ¿dolores de espalda? ¿falta de energía o de fuerzas?

• ¿Me siento apoyado por mi familia?

• ¿Tengo con quién hablar?

• ¿Me dejo ayudar?

• ¿Soy capaz de encontrar “ratos” para mí?

3. Derechos de los cuidadores

• El derecho a dedicar tiempo y actividades para sí mismo, sin sentimientos de culpa.

• El derecho a experimentar sentimientos negativos.

• El derecho a resolver por sí mismo aquello que seamos capaces.

• El derecho a preguntar sobre aquello que no comprendamos.

• El derecho a buscar soluciones que se ajusten razonablemente a las propias necesidades y a las de los seres queridos

• El derecho a ser tratados con respeto por aquellos a quienes se solicita consejo y ayuda.

• El derecho a cometer errores y ser disculpado por ellos.

• El derecho a quererse a sí mismo y a admitir que se hace lo que humanamente puede.

• El derecho a aprender y a disponer del tiempo necesario para aprenderlo.

• El derecho a admitir y expresar sentimientos, tanto negativos como positivos.

• El derecho a decir no ante demandas excesivas, inapropiadas y poco realistas.

• El derecho a seguir la propia vida.

Espero que este artículo, elaborado a partir de la experiencia personal y de algunos aspectos del texto de: Rojas, M., “Cuidar al que cuida. Claves para el bienestar del que cuida a un ser querido.”. Santillana ediciones generales, S.L. Madrid, 2006, y de “El cuidado del cuidador”. www.imsersomayores.csic.es sea de utilidad para todos.

P. Antonio Devia Méndez Vicario Judicial. Delegado Diocesano Pastoral de la Salud.

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