LA EMPRESA FAMILIAR

Conocer y manejar las diversas situaciones de la empresa familiar es fundamental para nosotros, sobre todo, ante la idea publicitaria de que la familia nuclear está desapareciendo. Hablar de negocios frente a la restauración de la familia nuclear no es fácil, debido a los factores de cambio en nuestro tiempo que influyen en la gestión de procesos y programas empresariales.

Cada generación experimenta cambios al interior mismo de la familia, pues se desenvuelve en entornos cada vez más diversos. Hoy en día es necesario enseñar a trabajar a los niños, un arte que le sirva para la aceptación social, más que las simple y triviales modas que le ofrecen sus roles juveniles.

Hoy los padres se preocupan por llenar de cosas materiales a sus hijos y olvidan por completo de sus necesidades morales y espirituales; recordemos siempre: también el alma necesita de alimento. Enseñar a los niños a conocer y a practicar la generosidad, hay muchas cosas que dar: una sonrisa, una flor, la amistad, el amor, la compañía, una palabra amable, una oración, etc.

Hay muchas realidades que los padres quisieran desaparecer; el sufrimiento de los hijos, el exceso de sudor, de esfuerzo, y las carencias económicas; sin embargo, deben entender que la guía y el acompañamiento a sus hijos es una realidad que se da hasta la vida adulta. Sin embargo, quizás esas realidades no los hagan felices de momento, pero a la larga puedan forjarlos como hombres y mujeres de bien.

Hay que dedicar tiempo a los hijos. Confucio decía: “Educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío”. Ojalá que más padres de familia tengan la inquietud de enterarse por dónde andan sus hijos. Que no les vaya a pasar que cuando tengan tiempo deban decir: “Estaba demasiado ocupado y no me di cuenta”. Administrar una empresa es similar a la familia.

Por otro lado, cuando los niños, desde la familia no conceptualizan un rol social, una función frente al Estado, es difícil que acepten sus responsabilidades como ciudadanos o trabajadores. Pretenderán mejor conseguir dinero para consumo que por utilidad. ¿Qué posibilidades tienen nuestros hijos de convertirse en hombres y mujeres de bien si los papás les damos todo y no les educamos la voluntad? ¿Qué tipo de hijos estamos formando si con nuestra actitud les mostramos que el dinero es lo más importante en la vida?

El amor que les tenemos a nuestros hijos nos lleva muchas veces a cegarnos y a olvidar lo que los hará felices a la larga. Es muy común en estos tiempos que los padres de familia, sobre todo los que disponen de mayores recursos económicos, les construyamos un mundo irreal, sacado de un cuento de Walt Disney, aislándolos así de la realidad, e modo que más temprano que tarde el cuento terminará, nuestros hijos se enfrentarán a un mundo que desconocerán, que no comprenderán, lleno de trampas y callejones sin salida que no sabrán sortear, y las consecuencias son peores a lo que quisimos evitar.

Las rupturas, divorcios, son generadores de cambio, pero también de crisis en las personas, bajan totalmente su vida financiera. El dinero comprará una cama, pero no sueños, libros, pero no el cerebro, comida, pero no apetito, adornos pero no belleza, una casa pero no un hogar, medicinas pero no salud, lujos pero no cultura, diversión pero no felicidad, un crucifijo pero no un salvador, un banco en la Iglesia pero no en el cielo. Lo que el dinero no puede comprar cada persona lo tiene gratis en su vida y ahí se potencializando una empresa familiar.

Hoy vivimos en una sociedad donde el dinero es todo y se pone por encima de todo. Ante el dinero nos hincamos, se dice que ante el dinero hasta el más santo se corrompe. Ante el dinero y el afán de tener, los “valores” no tienen sentido. El refrán popular sigue estando vigente entre nosotros: “Tanto tienes, tanto vales.”

Si bien es cierto que necesitamos el dinero, lo es también el que es un buen sirviente, pero un mal amo. Por esto los matrimonios a temprana edad, la reducción de números de miembros o viajes al extranjero, entre otros, terminan siendo un fracaso para administrar una familia. Por lo tanto, pensemos ante todo en lo moral, espiritual y ético.

Lisandro Andrés
Cárdenas. Pbro.

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