LAS TAREAS DE UN PÁRROCO

El sacerdote a lo largo de su vida ministerial recibe diversos encargos, dentro de esos muchísimos, los sacerdotes recibimos la misión de ser párrocos. A pesar de que en Colombia, en todos los municipios se encuentran uno o más párrocos dependiendo la cantidad de parroquias presentes, mucha gente no sabe qué le corresponde hacer a un párroco. Para el desarrollo de la pregunta planteada en el título, seguiré las disposiciones canónicas y el vigente Manual de Administración Diocesano.

La normativa canónica nos dice que “El párroco es el pastor propio de la parroquia que se le confía, y ejerce la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada, bajo la autoridad del obispo diocesano, en cuyo ministerio de Cristo ha sido llamado a participar para que en esa misma comunidad cumpla las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación también de otros presbíteros o diáconos, y con la ayuda de fieles laicos, conforme a la norma del derecho” (Can 519).

La autoridad del párroco no es únicamente de orden espiritual; es también de orden externo y administrativo; representa a la parroquia en todos los negocios jurídicos (Can 532); fomenta las iniciativas aun en el campo de la justicia social (Can. 528 1); modera la sagrada liturgia, vigilando para que no se introduzcan abusos (Can 528-2); tiene súbditos (Can 107) a quienes pueden dispensar de votos privados o de algunas leyes eclesiásticas (Can 1196, §1; 1245; 1079, §2).

Se piden algunas cualidades para ser párroco: debe haber recibido el orden del presbiterado (Can 521 §1). Debe destacarse además por su sana doctrina y probada vida moral, estar dotado de celo por las almas y de otras virtudes, y tener las cualidades que se requiere tanto por el derecho universal como particular, para la cura de la parroquia de que se trate (Can 521 § 2).
OBLIGACIONES PASTORALES DEL PÁRROCO

Corresponde al párroco: administrar el bautismo, el viático y la Unción de los enfermos, la asistencia a los matrimonios y bendición nupcial, la celebración de los funerales, la bendición de la pila bautismal en tiempo de Pascua, la presidencia de las procesiones fuera del templo y las bendiciones solemnes fuera del templo, como también la celebración Eucarística más solemne los domingos y fiestas de precepto. De manera extraordinaria el Sacramento de la Confirmación a quienes se encuentren en peligro de muerte.

En síntesis, los cánones 528, 529, 667, 770, 776, 777 describen las diversas obligaciones de los párrocos, a saber:
• Anuncio de la palabra de Dios y adoctrinamiento de sus fieles (homilía y catequesis permanente).
• Fomentar las iniciativas que promuevan el espíritu evangélico y la justicia social.
• La formación católica de los niños y de los jóvenes.
• Esforzarse para que el mensaje del Evangelio llegue a quienes hayan dejado de practicar o no profesen la verdadera fe.
• La celebración piadosa de los sacramentos haciendo de la Eucaristía el centro de la comunidad parroquial.
• Promover la participación activa en la sagrada liturgia y velar para que en la misma no se introduzcan abusos.
• Cuidar con especial esmero la familia, para que la misma sea verdaderamente Iglesia doméstica.
• Para cumplir diligentemente su función pastoral, procure el párroco conocer a los fieles que se le encomiendan; para ello, visitará las familias, participando de modo particular en las preocupaciones, angustias y dolor de los fieles por el fallecimiento de sus seres queridos, consolándolos en el Señor, y corrigiéndolos prudentemente si se apartan de la buena conducta;
• Ayudar con pródiga caridad a los enfermos, especialmente a los moribundos, fortaleciéndolos solícitamente con la administración de los sacramentos y encomendando su alma a Dios;
• Dedicarse con particular diligencia a los pobres, a los afligidos a quienes se encuentran solos, a los emigrantes o que sufren especiales dificultades;
• Reconozca y promueva el párroco la función propia que compete a los fieles laicos en la misión de la Iglesia, fomentando sus asociaciones para fines religiosos.
• Coopere con el obispo propio y con el presbiterio diocesano, esforzándose también para que los fieles vivan la comunión parroquial y se sientan a la vez miembros de la diócesis y de la Iglesia universal, y tomen parte en las iniciativas que miren a fomentar esa comunión y la consoliden.
• En ciertas épocas según las prescripciones del obispo diocesano, organicen los párrocos aquellas formas de predicación denominadas ejercicios espirituales y misiones sagradas u otras adaptadas a las necesidades.
• En virtud de su oficio, el párroco debe cuidar de la formación catequética de los adultos, jóvenes y niños, haciendo ayudar de los miembros de Institutos de Vida Consagrada y también de los fieles laicos, y sobre todo de los catequistas.
• Promueva y fomente el deber de los padres en la catequesis familiar a la que se refiere el canon 774, § 2.
• Procure el párroco especialmente, teniendo en cuenta las normas dictadas por el obispo diocesano que se imparta una catequesis adecuada para la celebración de los sacramentos.
• Que, en la medida que lo permita su propia condición se dé formación catequética también a los disminuidos físicos y psíquicos;
• El párroco debe residir en la casa parroquial (can. 532).
• El párroco está obligado por el derecho a aplicar la Misa por el Pueblo a él confiado todos los domingos y fiestas que sean de precepto en su diócesis; en caso de incumplimiento de esta obligación debe aplicar cuanto antes por el pueblo tantas Misas, cuantas haya omitido. (cf. can. 534)
• En cuanto a los emolumentos del párroco se sigue lo estipulado por el arancel diocesano.
• Todo sacerdote, con mayor razón el párroco, está obligado a informar al Ordinario del lugar, cualquier ausencia de su parroquia o de la Diócesis.

ANTONIO DEVIA MENDEZ, PBRO
Vicario Judicial.

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