NUESTRA FORMACIÓN, UN JUEGO EN UNIÓN CON CRISTO

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. 1 Corintios 9, 24- 27

Parto de esta cita bíblica de la carta de san Pablo a los Corintios pensando lo que sería de nosotros, los seminaristas sin el ámbito deportivo y la colaboración hacia los demás.

Con este punto de vista nos podemos dar cuenta que el ejercicio físico, sobre todo practicado en el deporte resulta ser un excelente medio de conocimiento personal, de apertura, de donación a los demás y de formación tanto personal como comunitaria.

Es en el Seminario donde cada uno de nosotros, se va formando en el ámbito espiritual e intelectual, pero también deportivo. En este sentido, los deportes, ejercicios o actividades a realizar son un complemento extraordinario a nuestro proceso de discernimiento vocacional.

En este ambiente, nos presentamos disponibles a dar cada día lo mejor de nosotros, mostrando un espíritu de sana competitividad, de fraternidad y más aún, nos formamos para la vida. Lo que quiero decir con estas últimas palabas, es que no solamente nos quedamos con lo que aprendemos; sino que más bien vamos formando nuestro propio carácter y liderazgo, descubriendo hasta qué punto estamos dispuestos a dar a conocer lo que sabemos, a donarnos nosotros mismos a las demás y también hasta qué punto estamos dispuestos a poner nuestra vida al servicio que Jesucristo nos muestra, servicio que nos es presentado como una larga carrera, complicada, pero que no es imposible, más bien es allí donde nosotros nos vamos convirtiéndonos poco a poco en buenos atletas de nuestra propia vida y vocación en el camino sacerdotal.

Oscar Fabián Monroy Gómez
Seminarista Segundo de Filosofía

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