10 ENCUENTROS PARA PREPARAR LA VISITA APOSTÓLICA DEL PAPA FRANCISCO A COLOMBIA

ENCUENTRO 1: DEMOS EL PRIMER PASO

Durante décadas hemos tenido que sufrir hechos de violencia que nos han producido fracturas profundas, miserias, injusticias y mayores retos para todos los colombianos. Estos hechos son la causa de que, en muchos ambientes hayamos perdido la confianza en nosotros mismos, en los demás y en nuestro país. No nos miramos con ojos de misericordia. Por todo lo que se ha vivido se han dejado crecer raíces que en este momento estamos llamados a erradicar.
a. Alejamiento de Dios
b. Crisis de humanidad
c. Desintegración de la familia
d. Pérdida de valores y relativismo ético
e. Vacíos en el sistema educativo
f. Ausencia del Estado
g. Inequidad social
h. Corrupción
Consideramos que la visita del Santo Padre será un momento de bendición, alegría y esperanza para todo el país. Su visita debe ser vista como la de “padre que consuela e ilumina”, que con su voz profética bendice a su pueblo y lo invita a gestos concretos de reconciliación, perdón y misericordia; un pastor que nos exhorta a ser artesanos de la paz que Jesús nos regala, para construir juntos la misma patria que todos soñamos y que queremos dejar a las futuras generaciones.
Dar el primer paso significa que todos estamos invitados a reconocer y entender el sufrimiento de los otros, a perdonar a quienes nos han herido, a sanar nuestros corazones; a volvernos a encontrar como colombianos; a descubrir el país que se esconde detrás de las montañas; a construir la nación que siempre hemos soñado. En definitiva a “primerear” como dice el Papa Francisco, es decir, tomar la delantera y dar ejemplo.
La figura del Papa caminante en el afiche que promueve esta visita a Colombia tiene la intención de ser un signo para animarnos a dar el primer paso con él, hacia esos anhelos que tenemos para nuestro país. El Papa viene a nuestro encuentro y quiere, con su testimonio y enseñanzas provenientes del Evangelio, ayudarnos a emprender este camino de la reconciliación, del perdón, de la justicia y de la paz.

ENCUENTRO 2: Y TÚ, PEDRO, CONFIRMA EN LA FE A TUS HERMANOS

Tres ideas sobre el misterio petrino, guiadas por el verbo “confirmar”
a. Ante todo confirmar la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro… (Mt 16,16). Y a raíz de esta confesión… el papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su fundamento en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto… La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia.
b. Confirmar en el amor. El Obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar a todos en este amor a Jesús, sin distinción, límites ni barreras. Confirmar el amor que la humanidad vive; a pesar del pecado es posible decirle a Jesús: “Tú sabes que te amo Señor”.
c. Confirmar en la unidad. El sucesor de Pedro es “principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la fe y de la comunión” (LG,18). La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad. El Papa debe promoverla para que todos estén unidos en las diferencias: no hay otra vía católica para unirnos. Este es el espíritu católico, el espíritu cristiano: unirse en las diferencias. Este es el camino de Jesús.
El Papa Francisco, el “Pedro” número 266, llega a Colombia para confirmar en la fe a sus hermanos, es decir, a todos los cristianos católicos, en el seguimiento de Jesucristo, y para pastorear a todo el pueblo de Dios disperso por el mundo. También viene a acompañar y a sembrar la fe en todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a ser principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, tanto de los ministros ordenados y consagrados como de los fieles en todo el mundo.

ENCUENTRO 3: AVIVEMOS LA FE QUE EL SEÑOR HA SEMBRADO

En muchos ambientes se habla de Kerigma, ésta palabra significa “Pregón, proclamación o anuncio. En sus comienzos este pregón se refería al anuncio de un acontecimiento que traía alegría a toda una nación, imperio o reino.
El Kerigma para nosotros los cristianos es anuncio, proclamación y pregón público, dirigido a todas las personas, que se hace en voz alta y no tiene un carácter privado. Es gozoso porque se realiza con alegría, con júbilo, pues lo que se anuncia es la felicidad misma, la persona de Jesucristo, nuestro salvador. Jesús es el centro del anuncio.
Este anuncio del Kerigma no es algo superficial o pasajero, sino que produce una adhesión personal entre el hombre y Dios, gestando la fe, arraigando a la persona a la Verdad revelada y suscitando la confianza plena en el Creador. Por tanto para conocer lo íntimo de Dios y creer en ello, necesitamos de la fe en el Espíritu Santo.
Dios nos ama a todos y nos ama de forma personal, a cada uno lo llama por su nombre a la existencia y lo quiere llevar a la realización plena de su plan de amor, “Así dice Yahvé, tu creador, Jacob, tu plasmador, Israel: ‘No temas que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío’ ” (Isaías 43,1). Estas palabras de elección y de ternura han de penetrar cada vez más en nuestro corazón, para que nos lleven a transformar nuestra vida conforme a la Buena Noticia y, así mismo, a testimoniar que hemos sido amados con amor eterno (cf. Jeremías 31,3).
Gracias a la fe tenemos la certeza de que las promesas de Dios se cumplen y se concretan por medio de la salvación (cf. Hebreos 11,1) La fe que salva es la que nos lleva a vivir y actuar conforme a lo que creemos (cf. Hechos 16,30-31) por ello, aquel que empieza a creer percibe la necesidad de cambiar de vida para configurarse cada vez más y mejor a Cristo, en quien ha puesto su confianza (cf. 2Timoteo 1,12) De esta manera se hace posible agradar a Dios y llegar a participar de la condición de sus hijos. Nadie es justificado sin ella y sólo el que “haya perseverado en ella hasta el fin” (Mt 10,22; 24,13) obtendrá la vida eterna.

ENCUENTRO 4: CREZCAMOS EN LA ESPERANZA

La esperanza inspira las actividades de los hombres y las purifica para ordenarlas al reino de los Cielos, protege del desaliento, sostiene en todo desfallecimiento, preserva del egoísmo, y conduce a la vivencia de la caridad. La esperanza pone la confianza en Dios, en sus promesas, y no sólo en nuestras fuerzas humanas.
Como dice el Papa Benedicto XVI: “Si falta Dios, falta la esperanza. Todo pierde sentido. Es como si faltara la dimensión de profundidad y todas las cosas se oscurecieran, privadas de su valor simbólico; como si no centraran en la mera materialidad”. Por lo tanto la esperanza cristiana es la que le da sentido a toda la existencia, la que permite mirar la vida como un peregrinar hacia Dios, culmen y meta de la vida humana. San Agustín lo reconocía cuando decía: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”. En este sentido, la esperanza es una virtud teologal, porque proviene de Dios, de ahí la necesidad de pedirla y buscarla a lo largo de la existencia.
Aprendemos y ejercitamos la esperanza cuando tenemos la capacidad de ver la realidad con los ojos de la fe, con ánimo positivo; cuando ante la realidad difícil, dolorosa y fatigosa, mantenemos la mirada puesta en la luz, en las soluciones, sin desanimarnos, sabiendo que la historia, aunque no lo parezca, está dirigida por Dios y que la última palabra la tiene Él con su soberano poder y amor por cada uno de nosotros.
El Papa Benedicto XVI nos indica algunos lugares para aprender y ejercitar la esperanza: la oración, la acción, el sufrir y el juicio.
Los lugares donde aprendemos y ejercitamos la esperanza no nos apartan de la realidad concreta en que vivimos; por el contrario, la esperanza nos compromete a delinear unos criterios que ordenan la vida del presente en tensión esperanzadora en el amor de Dios. Es aquí donde se viven la oración, las acciones cotidianas, la aceptación del sufrimiento.
La visita del Papa nos invita a ser, al mismo tiempo, campo en el que se siembra la esperanza y colaboradores de Dios para sembrar en nuestros niños, jóvenes, adultos y ancianos semillas de esperanza. Hay que esparcir esta buena nueva en todos los corazones. No podemos claudicar en nuestro momento de vivir en fraternidad, paz y reconciliación. ¡No nos dejemos robar la esperanza!

ENCUENTRO 5: DEMOS FRUTOS DE CARIDAD EN NUESTRAS COMUNIDADES

Comunidad es una palabra compuesta por común y unidad, que describe así a un grupo de individuos que tienen ciertos elemento en común.
La comunidad cristiana es la casa de aquellos que creen en Jesús como la fuente de la fraternidad entre todos los hombres.
Esta comunión fundada en el amor se expresa, en primer lugar y de manera privilegiada, en la Eucaristía, en la cual todos participan del mismo Pan de Vida y del mismo Cáliz de Salvación, y esto hace posible que seamos miembros del mismo Cuerpo (cf. 1Corintios 10,17). La Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristina, su expresión más perfecta y el alimento de la vida en comunión. En ella se nutren las nuevas relaciones evangélicas que surgen del hecho de ser hijos e hijas del Padre, hermanos y hermanas en Cristo. De ahí que la Iglesia sea entendida como “casa y escuela de comunión” donde los discípulos comparten la misma fe, esperanza y amor, al servicio de la misión evangelizadora.
Encuentro 6: Sembremos confianza en nuestras relaciones
En el ámbito de la fe, confianza significa tener fe en Dios, en uno mismo, en los demás. La confianza es la tranquilidad y valiente seguridad de quien espera sin vacilar y, por lo tanto, se relaciona con la esperanza, tal como lo deja ver el salmista cuando dice: “Alzo mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi auxilio? Mi auxilio viene de Yahvé, que hizo el cielo y a tierra. Yahvé te guarda del mal, es el guardián de tu vida (Salmo 120,1-2.27)
En efecto, sin la confianza no podemos tener grandes aspiraciones en la vida, no podemos avanzar y convertirnos en artesanos del perdón, la reconciliación y la misericordia. La confianza es un valor extraordinario que necesita ser fortalecido y trasmitido a los demás, para que otras personas lo puedan desarrollar en sus proyectos de vida: familia, trabajo, colegio o universidad, y en la sociedad en general.
La confianza y la misericordia nos preparan para saber esperar, olvidar, comprender y perdonar. Son valores que pueden cambiarlo todo, porque nos alimentan a mirar el presente y confiar en lo sano y bueno que late en el corazón de cada colombiano.
Las relaciones que están basadas en la confianza mutua tienden a ser más sólidas, prósperas y duraderas que las que no lo están. Por eso, cuando afirmamos que somos sembradores de confianza en nuestras relaciones, estamos diciendo que no sólo la confianza es sinónimo de esperanza, fe, seguridad, certeza, sino también que nos posibilita abrir espacios para aprender a perdonar, a sanar heridas, a buscar incesantemente la paz entre todos, a construir verdaderos vínculos de fraternidad, a reconocer que el otro es un don para mí.

ENCUENTRO 7: SEMBREMOS PAZ EN NUESTRAS PALABRAS

Quien ha vivido un encuentro con Jesucristo hace un giro de 180 grados, y su cambio involucra toda su existencia, obras, pensamientos y palabras.
El hombre nuevo no sólo erradica de su lenguaje las malas palabras, sino que llena su hablar de paz, bondad y amor, de expresiones positivas que alegren el corazón de aquellos que las escuchen. El cristiano usará palabras “convenientes para edificar según la necesidad y hacer el bien” (Efesios 4,29)
En este camino de preparación para la visita apostólica del Papa Francisco a nuestro país, estamos invitados a recordar que hemos sido tocados por Cristo, que, por el bautismo, hemos sido constituidos en hijos e hijas de Dios, miembros de su gran familia, la Iglesia, para ser testigos de Él, en nuestro hablar y actuar, para buscar a lo largo de nuestra existencia la santidad, porque esta es nuestra vocación: “ustedes, pues, sean perfectos, como su padre que está en el cielo es perfecto” (Mt 5, 48).
El Papa Francisco nos ha repetido en diversas ocasiones: “No tengamos miedo a ser santos, porque la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar que Dios obre en nuestras vidas con su Espíritu, en confiar en su acción que nos lleva a vivir en la caridad, a realizar todo con alegría y humildad, para mayor gloria de Dios y bien del prójimo”. En consecuencia, cultivar la santidad es dejar actuar a Dios en cada uno de nosotros y no ponerle condiciones en nuestra respuesta; dar testimonio de nuestra condición cristiana desde cada palabra que dirigimos a los demás.

ENCUENTRO 8: SEMBREMOS BONDAD EN CON NUESTROS ACTOS

Hacer el bien o ser bondadosos en nuestros actos “es lo que construye y califica a la ciudad de los hombres, en criterio fundamental de la vida social y política, el fin de actuar humano y del progreso; es exigencia de justicia y de caridad, promoción del respeto de los derechos de los individuos y de los pueblos, además de relaciones caracterizadas por la lógica del don”. El obrar bien es el pilar que construye sociedad, que trasmite valores, que promueve la dignidad de la persona y de los derechos humanos.
El ideal cristiano que el Evangelio nos plantea es dejarnos interpelar por los otros, sentirnos responsables del hermano, romper nuestro individualismo y privacidad para salir al auxilio del que está caído y se quiere levantar, para tenderle la mano y no seguir de largo con indiferencia. Ser cristianos y entendernos como luz y sal significa comprender que el discipulado no es algo puramente espiritual, sino que algo concreto. Se trata de favorecer el encuentro con el rostro del otro que nos interpela, con su dolor y sus reclamos, para evitar una espiritualidad sin carne y sin cruz. Es tener claro que “la verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura”.
Nuestro país necesita urgentemente cientos de cristianos que sepan dar todo de sí, que se sientan responsables de los otros, que sean sembradores de bondad por medio de sus obras, para empezar a romper el muro del odio, del egoísmo y de la violencia que, durante años, nos ha marcado y nos ha encerrado en nuestros propios intereses, incluso pasando por encima de los otros o ignorándolos. Este es el momento para recordar las palabras del Papa Francisco: “El que no vive para servir no sirve para vivir”.

ENCUENTRO 9: SEMBREMOS JUSTICIA EN NUESTRAS DECISIONES

En el ámbito bíblico y moral la comprensión de la justicia es la virtud que consiste en dar a cada uno lo que es debido, aun cuando esto que es debido no este fijado por la costumbre o por la ley.
La reconciliación no elimina las exigencias de la reparación, que es propia de la justicia. La sociedad debe aplicar la justicia para restablecer el orden de los derechos humanos que han sido violados. La reconciliación hace que la justicia oriente la pena hacia la restauración de las relaciones, pero nunca deben ignorarse las consecuencias que pueden derivarse del olvido de la justicia. La reconciliación es incompatible con la justicia; no puede significar impunidad. En su vertiente reparadora, plantea la cuestión acerca del tratamiento que debe darse a quienes han violado derechos humanos elementales. En este sentido, el fin de la justicia es también consolidar una sociedad reconciliada y, para lograrlo, debe ser moderada por la misericordia.
Estamos invitados, como preparación a la visita del Papa Francisco a Colombia, a sembrar justicia en nuestras decisiones. Antes de hablar, antes de actuar, e necesario tomar la decisión de hacerlo en justicia, es decir, respetando al otro, mostrándole amor, “misericordiándolo”, como dice el mismo Papa, con nuestras palabras y gestos. Debemos dar a cada uno lo que es debido e, incluso, superar la ley con nuestra generosidad en la caridad. ¡Tomemos la decisión de obrar en justicia cristiana, sembrando justicia en nuestros corazones y en nuestros actos!

ENCUENTRO 10: SEMBREMOS EN EL ENCUENTRO LA ALEGRÍA DEL PERDÓN

Esta alegría se vincula al perdón, porque dicha experiencia genera en quien lo ofrece o lo recibe, gozo, júbilo y bienestar personal. El perdón libera a la persona y la dispone al otro de manera fraterna.
Este año los colombianos estamos llamados a volver a darnos la mano, a abrazarnos con quien nos ha hecho mal, a conceder el perdón al otro, así como Dios nos lo ofrece permanentemente. Es hora de dejar el pasado atrás y mirara hacia adelante para construir una nación reconciliada y en perdón, para volvernos a encontrar como hermanos y alcanzar la alegría que Dios nos brinda. Dejemos atrás la idea de que sólo algunos deben pedir perdón o que son los otros los que tienen que pedirnos perdón. A propósito de esto el Papa Francisco nos recuerda que: “ante Dios todos somos pecadores y necesitamos de perdón. Todos. Jesús, de hecho, nos ha dicho no juzgar. La corrección fraterna es un aspecto del amor y de la comunión que deben reinar en la comunidad cristiana. Es un servicio recíproco que podemos y debemos darnos los unos a los otros. Corregir al hermano es un servicio, y es posible y eficaz solamente si cada uno se reconoce pecador y necesitado del perdón del Señor. La misma conciencia me hace reconocer el error del otro, me hace recordar que yo me he equivocado primero y que me equivoco tantas veces.” Si logramos tomar conciencia de estas verdades y las ponemos en práctica, podemos estar seguros de que nuestras vidas cambiaran y contribuiremos, en gran medida, a la paz de nuestro país.

Tomado del cartilla “Demos el primer paso” Conferencia Episcopal de Colombia.

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