EL PADRE PEDRO MARÍA RAMÍREZ RAMOS, MÁS CONOCIDO COMO EL MÁRTIR DE ARMERO Y MONSEÑOR JESÚS EMILIO JARAMILLO, SERÁN BEATIFICADOS POR EL PAPA FRANCISCO EN SU VISITA A COLOMBIA

Nació el 14 de febrero de 1916 en Santo Domingo, departamento de Antioquia. Fue ordenado sacerdote de los Misioneros Javerianos de Yarumal Antioquía, el 1 de septiembre de 1940, cuando tenía 24 años de edad.
El Beato Papa Pablo VI lo designó Vicario Apostólico de Arauca el 11 de noviembre de 1970 y recibió la ordenación episcopal el 10 de enero de 1971.
El 19 de julio de 1984 fue designado Obispo de Arauca, cargo en el que sirvió hasta que fue secuestrado y asesinado por la guerrilla del ELN, a los 73 años de edad, el 2 de octubre de 1989.

 

EL PADRE PEDRO MARÍA RAMÍREZ RAMOS, MÁS CONOCIDO COMO EL MÁRTIR DE ARMERO:

Nació el 23 de octubre de 1899 en el municipio de La Plata (Huila), Colombia, en el seno de una familia conservadora. Sus padres eran Ramón Ramírez e Isabel Ramos. Sus estudios primarios los realizó en su pueblo, mientras que la educación secundaria la realizó en el Seminario Menor de La Mesa de Elías (Garzón-Huila). Fue un sacerdote colombiano que murió víctima del furor revolucionario del famoso 9 de abril.

El padre Pedro, con el deseo de ser sacerdote ingresó al seminario de María Inmaculada en Garzón el 4 de octubre de 1915, donde recibió las órdenes menores en 1917. Por dudas vocacionales se retiró del seminario en 1920. Ocho años más tarde regresó al seminario pero en esta ocasión al de Ibagué (Tolima), donde en 1931 es ordenado sacerdote. El obispo de Ibagué, Pedro Martínez, le nombra primeramente párroco de Chaparral, en 1931, luego de Cunday, en 1934. Hacia el 1943 se encuentra como párroco de Fresno y finalmente hacia 1948 en Armero.

El 9 de abril de 1948, el padre Pedro estaba visitando unos enfermos en el hospital cuando estalla la revolución ocasionada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, candidato a la presidencia de la República.

Estando en la iglesia, el padre Pedro fue animado por las monjas, que tenían su convento al lado de la misma, a huir durante la noche con la ayuda de algunas familias de la ciudad, a lo que se negó diciendo que el pueblo necesitaba de él. El 10 de abril, hacia las cinco de la tarde, una multitud de personas entró en la iglesia, profanando el templo y pidieron a las monjas y al padre Pedro que entregaran unas supuestas armas que tenían escondidas en el convento. Al no encontrar nada, sacaron al sacerdote y en el centro de la plaza lo asesinaron a machetazos.

El cuerpo del padre Pedro quedó expuesto en la plaza toda la noche porque ninguno se atrevía a recogerlo por el temor de correr la misma suerte. A media noche los asesinos recogieron el cuerpo y lo tiraron en una cuneta a la puerta del cementerio. No fue sepultado sino un día después, sin sotana y sin cajón, impidiendo que los fieles le rindieran cristiana sepultura.

El 21 de abril llegaron a la ciudad las autoridades para poner orden. Permitieron que se hiciera la autopsia al cuerpo del padre Pedro y se le diera una sepultura más respetuosa. Pasados veintidós días llegaron sus familiares a reclamar el cuerpo y lo trasladaron a su tierra natal.

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