NUESTRA SEÑORA DE CHIQUINQUIRA PARROQUIA DE ALPUJARRA, TOLIMA

El pasado 9 de julio la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá de Alpujarra, celebró su fiesta patronal en la que su administrador parroquial el padre Orlando Capera Rodríguez, nos ofreció el siguiente mensaje:

1. Aceptar el cumplimiento del
mensaje mesiánico.
2. Vengan a mí.
3. Las exigencias del seguimiento.
Nuestra comunidad hoy cumple 181 años de ser constituida Parroquia. Es un gran motivo de alegría saber que Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres, pues la palabra que hemos escuchado nos dice: “Alégrate hija de Sion; canta hija de Jerusalén” (Zacarías 9, 9), actitud que podemos tomar nosotros al celebrar esta Eucaristía.

Las lecturas que hemos escuchado nos invitan a reflexionar en tres puntos:

1. ACEPTAR EL CUMPLIMIENTO DEL MENSAJE MESIÁNICO: El Profeta Zacarías, en el capítulo 9, 9-10, narra que el pueblo de Israel, esperaba con ansias la llegada del mesías para su liberación de la esclavitud.

Al parafrasear la primera lectura, para nosotros es de más alegría porque conocemos el antes, el durante y el después de Jesucristo. El Antes, es cuando llego el Ángel y le dijo a la santísima virgen María: “alégrate llena de gracias el Señor esta contigo”. El durante, cuando la virgen santísima iba a dar a luz y llego aquel pueblo en un asno; y el después, cuando nuestro señor Jesucristo entro a Jerusalén como rey de los judíos, cabalgando en un asno. Por ello debemos alegrarnos porque para nosotros Cristo es nuestro Dios, el mesías anunciado, vive entre nosotros, podemos experimentar su presencia, su compañía y poder, y confiar en sus promesas, que nos dice: “yo estaré con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20)
2. VENGAN A MÍ: Nuestro señor Jesucristo, de muchas maneras nos ha invitado a seguirle y hoy nos dice: “vengan a mi todos los que estén cansados y agobiados y yo los hare descansar”. Queridos hermanos, los que estamos aquí en esta misa, hemos venido por convicción, por amor, por fe y por ser fieles a su palabra, que nos dice: “santificar las fiestas”. Si alguien entre nosotros esta triste, desilusionado, traicionado, afligido e incomprendido, enfermo en el cuerpo y en el alma, debe dejarse recibir por Jesucristo que te espera con los brazos abiertos para sanar tu corazón, tus heridas y todos tus problemas.

Venimos a Jesucristo cuando participamos de la santa misa con fe y devoción, cuando comulgamos su cuerpo, leemos su palabra y hacemos su voluntad, cuando oramos y practicando las obras de misericordia, cuando pedimos perdón y perdonando a quienes nos ofenden, cuando reconocemos su presencia en cada uno de nuestros hermanos, cuando aceptamos nuestros errores y empezamos a trabajar por ser mejores cada día.

3. LAS EXIGENCIAS DEL SEGUIMIENTO DE CRISTO: En este tercer punto encontramos como exigencia indispensable lo que nos dice el apóstol Pablo a los Romanos en el capítulo 8: “hermanos ustedes no están sujetos a la carne sino al Espíritu, ya que el espíritu de Dios habita en ustedes”, esto nos indica a todos los que creemos en Jesucristo, a los que comulgamos su cuerpo, profesamos su fe, estamos en su Iglesia y a todos los que estamos aquí en este día, que no podemos dejarnos llevar del instinto, ósea no reaccionar sin tener en cuenta que somos hijos de Dios ni tratar a los demás de cualquier manera, pues aunque somos humanos no podemos justificar todos nuestros pecados por esta condición, sino que debemos esforzarnos por demostrar en nuestras palabras, pensamientos y acciones que Dios vive entre nosotros y para ello debemos practicar la humildad, que es otra de las exigencias que hoy nos hace Jesucristo cuando dice: “carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraran descanso” (Mt 11, 30).

La humildad según San Bernardo, es el fundamento y guardián de todas las virtudes y con razón, porque sin humildad no es posible ninguna virtud en el alma. San Francisco de Sales dice: “Dios es tan amigo de la humildad”, que llega enseguida allí donde la ve. Esta virtud era desconocida en el mundo pero vino Jesucristo y enseño a la humanidad diciéndonos: …”aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”
María siendo la primera y más perfecta discípula de Jesucristo en todas las virtudes, también lo fue en la humildad, por la cual mereció ser exaltada sobre todas las criaturas, pues ella dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu voluntad”
Orlando Capera Rodríguez. Pbro.
CEL: 3209813909
E-MAIL:
alpujarraparroquia@gmail.com

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